Con 1940 Carmen Mon Laferte cambia otra vez de piel y luce más sólida que nunca

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Mon Laferte enel Festival Viña del Mar 2020
Mon Laferte enel Festival Viña del Mar 2020

Artista: Mon Laferte. Álbum: 1940 Carmen. Temas: “Placer Hollywood”, “Algo es mejor”, “Good Boy”, “Supermercado”, “Niña“, “Beautiful Sadness”, “Química mayor”, “A Crying Diamond”, “No soy para tí”, “Zombie”. Edición: Universal. Nuestra opinión: muy bueno.

Mon Laferte no para. El objetivo principal de un viaje a Los Ángeles que hizo hace unos meses era un tratamiento para quedar embarazada (cosa que finalmente ocurrió), pero la chilena también aprovechó su estadía allí para grabar un disco con la colaboración clave del director musical de su banda, Sebastián Aracena. Y no solo eso: también rodó un videoclip en las playas de Malibú y pintó un mural en West Hollywood. Pura energía.

El ambiente influyó de manera decisiva en el color del disco: el rico imaginario de la Costa Oeste de Estados Unidos se filtra por todas partes en un repertorio heterogéneo e inspirado de diez canciones donde hay huellas de dream pop, sadcore, folk californiano (un estilo que está viviendo ahora un reverdecer similar al del post-punk durante la década pasada) y psicodelia.

En apenas cuatro meses -y después de haber editado este mismo año Seis, el que para muchos era hasta hoy el mejor álbum de su carrera, un cálido homenaje a la rica tradición de la música popular mexicana nacido de la fascinación por la figura de Chavela Vargas-, Laferte supo capturar con una sorprendente agudeza el espíritu de una ciudad donde el glamour convive desde siempre con la decadencia.

La identificación con Los Ángeles ya aparece cifrada en el título del disco: 1940 Carmen es una referencia directa a la esquina donde está ubicado el Airbnb en el que la artista chilena montó su centro de operaciones en California. También en su tema de apertura, “Placer Hollywood”, caracterizado por su alusión al exitoso musical La La Land y su lenguaje cosmopolita (español, inglés y francés en una misma canción, pista concreta del nuevo cambio de rumbo de una cantautora que en los últimos veinte años ha protagonizado muchas mutaciones. Desde su aparición como Monserrat Bustamante en el programa cazatalentos de la TV chilena Rojo fama contrafama hasta hoy se puede enumerar una sucesión generosa de cambios de piel: la intérprete de covers afincada en México, la que viró hacia un look muy Lilly Allen e incluso fue vocalista de una banda de heavy en ese mismo país, la mujer comprometida con el feminismo dispuesta a poner el cuerpo para llamar la atención y empujar la causa, la hija pródiga de Viña del Mar que triunfó en ese festival donde el oprobio está siempre al acecho, la ganadora del Grammy latino...

Si la carrera de Laferte puede observarse entonces como un largo viaje por paisajes diversos, la de 1940 Carmen ya cuadra perfectamente como una estación especial de ese vibrante itinerario, que además involucra audaces juegos con el tiempo: la conexión con el presente resuena en “A Crying Diamond”, una canción que parece hecha a la medida de un estrella de esta época, Lana del Rey (por otra parte, una devota de la melancolía retro), pero a la vez evoca claramente a la versión que en los años 60 grabó Nancy Sinatra de “Bang Bang (My Baby Shot Me Down)”, tema de Sonny & Cher al que la hija del célebre Frank le cambió la cara con el sugestivo efecto de trémolo en la guitarra de la introducción, gentileza de Billy Strange, un sesionista experto capaz de mover montañas con un detalle mínimo.

Phil Spector -el mago sonoro fallecido en enero de este año- hubiera aprobado sin dudar la producción de “No soy para tí”, cuyo temperamento épico contrasta abiertamente con el contenido explícito de la única letra donde aparece plasmada la desilusión del fracaso amoroso. Porque en el mismo disco y por el mismo precio, permitiéndose experimentar con sensaciones opuestas y apostando a la ambigüedad entendida como valor (”Beautiful Sadness” es ya desde el título otro ejemplo palmario), Laferte explota de romanticismo en “Química mayor”, donde reverbera el eco de “Oh, Darling”, el tema de McCartney que Lennon siempre quiso cantar. Y en “Zombie”, otra visita a los 60 montada en la eficaz plataforma sonora construida con una guitarra cargada de wah wah y un órgano Farfisa, nos dice que no siente nada, pero igual “todo está muy bien así”. Mensajes que a primera vista lucen contradictorios pero en verdad responden a un criterio amplio, expansivo que nos indica que esta nueva transformación de la chilena no será la definitiva. Que en su caso el futuro, por fortuna, no está escrito ni mucho menos.

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