A los 89 años murió el cineasta Bob Rafelson, uno de los arquitectos del Nuevo Hollywood

A los 89 años murió el cineasta Bob Rafelson, uno de los arquitectos del Nuevo Hollywood
A los 89 años murió el cineasta Bob Rafelson, uno de los arquitectos del Nuevo Hollywood - Créditos: @George Rose

Bob Rafelson fue uno de los nombres que permitieron que Hollywood se reinventara ante la crisis de los estudios a fines de los años 60 y principios de los 70. Y legó un par de clásicos indiscutibles que marcaron una era. Pero, por sobre todas las cosas, fue una figura central de ese Nuevo Hollywood, al que dotó de su volcánica mirada. Con la muerte del director, acaecida a los 89 años en Aspen, Colorado -confirmada por su última esposa Gabrielle Turek- se despide el director de películas que tuvieron notorio impacto como Mi vida es mi vida (Five Easy Pieces, 1970), El cartero llama dos veces (1981) o Sangre y vino (1996). La mayor parte de su filmografía se nutre además del protagónico del gran Jack Nicholson, quien fue además amigo personal del director.

Pero así como con Mi vida es mi vida, también Castillos de arena (1972) y Stay Hungry (1976) significaron una cruda aproximación al universo familiar en crisis. También Rafelson se dedicó a indagar en el cine policial y, dato no menor en su carrera, en el cine musical. Precisamente en ese género se iniciará su carrera en 1968 con la serie televisiva The Monkees, sobre el grupo émulo de los Beatles, cuyo suceso se trasladó a la pantalla grande con Head, que significó su debut en el cine y para el cual contó con Jack Nicholson colaborando en el guion. En 1983, Rafelson volverá al mundo de la música dirigiendo el clip de Lionel Richie All Night Long (All night).

Pero, si bien su mayor éxito como director fue la nominada al Óscar Mi vida es mi vida, la trayectoria de Rafelson también estará coronada por haber sido productor de algunas de las películas que le cambiaron el rostro a Hollywood como Busco mi destino (Easy Rider, 1969) de Dennis Hopper, que financió con el dinero de los Monkees, o La última película (The Last Picture Show, 1971) de Peter Bogdanovich, e incluso prestar 300.000 dólares para que Jean Eustache pudiera realizar La maman et la putain (1973). A fin de cuentas admiraba al cine francés y, en especial, a la Nouvelle Vague, sobre cuya influencia se mencionó en relación a buena parte de su obra, si bien se había formado en la Columbia Screen Gems.

Rafelson estuvo en la Argentina invitado por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata en 2004, donde recibió el homenaje del festival en el teatro Auditorium junto al argentino Héctor Olivera. “Con Jack trabajamos tantas veces juntos que nos basta el lenguaje de señas para entendernos. Vernos interactuar es lo mismo que presenciar una clase para sordomudos. Pero cada vez que termina de filmar conmigo jura que es la última vez”, dijo sobre el actor al que brindó su primer gran protagónico en la pantalla grande y con quien colaboró en ocho ocasiones. También Rafelson fue el responsable del debut en el cine de Sally Field, Jeff Bridges y Arnold Schwarzenegger, pero su fetiche fue el gran Nicholson, sobre quien dijo: “Es maravilloso dirigirlo porque uno lo puede castigar”, en aquellas jornadas marplatenses.

Jack Nicholson, el actor fetiche de Bob Rafelson, en acción
Bob Rafelson rodando con Jack Nicholson, su actor fetiche y con quien trabajó en ocho films

El realizador nacido en Nueva York también fue el responsable de Viuda negra (Black Widow), con Debra Winger y Theresa Russell; Las montañas de la luna (Mountains of the Moon, 1990) sobre el expedicionario Richard Burton y No Good Deed (2002), con Samuel L. Jackson. Pero la industria había cambiado y su perfil independiente le impedía concretar nuevas producciones.

Hizo algunos cameos en películas de cineasta amigos como Adiós a Las Vegas, de Mike Figgis, pero más por diversión y recuerdos de un cine que le brindó fama mundial pero nunca siquiera una nominación al Oscar como Mejor Director (por Mi vida es mi vida fue nominado por su labor como guionista). En aquellos días de cine y playa también decía: “No tengo memoria para responder del pasado y cuanto más audaces sean sus preguntas más contento me voy a poner. Aprovechen que están a oscuras”.