9 factores de riesgo (modificables) que ayudan a prevenir el Alzheimer

De forma absoluta no es posible prevenir el Alzheimer, pero se puede reducir su incidencia con un estilo de vida más saludable en general y controlando los principales factores de riesgo

En 2015 había alrededor de 47 millones de personas con demencia en el mundo y, de acuerdo con las proyecciones de población, si la prevalencia de demencia actual se mantiene constante, en el año 2050 habrá alrededor de 130 millones de personas. (Foto: Getty)

En el Día Mundial de la Enfermedad de Alzheimer, una enfermedad neurológica que, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), actualmente padecen unas 800.000 personas en España, repasamos las creencias y mitos en torno a esta dolencia.

“La enfermedad de Alzheimer (EA) es la primera causa de demencia neurodegenerativa en el mundo y su prevalencia aumenta exponencialmente a partir de los 65 años, ante el progresivo envejecimiento de la población española”, comenta el doctor Juan Fortea, coordinador del grupo de estudio de Conducta y Demencias de la SEN.

Este año, la comunidad médica lanza dos mensajes clave: la importancia de la prevención a través de un estilo de vida saludable y la consulta médica en cuanto se empiecen a notar los primeros síntomas de deterioro cognitivo-conductual.

La enfermedad de Alzheimer es la primera causa de demencia neurodegenerativa en el mundo. La edad, la genética y la alimentación (Foto: Getty)

Origen multicausal: el factor hereditario no se cumple siempre

En la enfermedad de Alzheimer, menos del 1 por ciento de los casos son genéricamente determinados. Esto significa que en la mayoría de los casos, la enfermedad de Alzheimer se origina por una interacción entre una predisposición genética y factores ambientales como nuestro estilo de vida.

Entre el 90-95 por ciento de los casos de Alzheimer son esporádicos no hereditarios. “Existe un porcentaje de aproximadamente un 5-10 por ciento que sí lo son, apunta el doctor José Manuel García Moreno, del servicio de neurología del Hospital Universitario Virgen Macarena en Sevilla y profesional asesor de Doctoralia. Habitualmente, estas formas de EA tienen la particularidad de que comienzan a una edad anterior a los 60-65 años, cuanto más precoz aparece la EA, más posibilidades hay de que sea hereditaria”.

Cuando los pequeños olvidos se van haciendo cada vez más frecuentes o empiezan a no acordarse de asuntos importantes (citas médicas, recoger a los nietos del colegio, etc.) y preguntan muchas veces lo mismo, la enfermedad podría estar avanzando. (Foto: Getty)

Pero, explica el neurólogo, “si tu padre o tu madre desarrollaron Alzheimer antes de los 65 años, particularmente antes de los 50, hay más riesgo de desarrollarlo. Si el gen afectado en tu familia es conocido, podría estudiarse si eres portador de la mutación de que se trate. Por ejemplo, si eres portador de 2 alelos apoE4, tienes un 20 por ciento más de riesgo de desarrollar EA”.

Es decir, por un lado hay enfermos de Alzhéimer con una mutación genética, y otro perfil de enfermos que desarrollaría Alzheimer tardío. “Es una enfermedad de mayores. Cuánto más mayores más riesgo. A partir de los 85 años el 25-30 por ciento de las personas desarrollan Alzheimer. Las formas de inicio precoz, como alrededor de los 30 años, son excepcionales, hoy por hoy”, añade el Dr. García Moreno.

La soledad es uno de los detonantes de la enfermedad, junto con la depresión. En España, entre un 3 y un 4 por ciento de la población de entre 75 y 79 años está diagnosticada de Alzheimer, unas cifras que aumentan hasta el 34 por ciento en mayores de 85 años. (Foto: Getty)

Mucha gente minimiza los síntomas

Casi todos reconocemos las principales señales de Alzheimer: Dificultades para nombrar las cosas o para encontrar la palabra adecuada en una conversación, cambios de humor, irritabilidad, tristeza inmotivada, aislamiento.

Lo que ocurre es que esto no pasa de golpe sino que se va desarrollando en el tiempo de manera aislada o conjunta y más o menos frecuentemente. La mayoría creemos que son cosas sin importancia, normales y asociadas a la edad. En realidad podemos estar frente a un estadio leve de EA y una intervención precoz podría ser muy beneficiosa.

Estas notas representan algunos de los pensamientos a lo que se enfrenta a diario un enfermo de Alzheimer. (Foto: Getty)

Perder constantemente las cosas y no encontrar dónde las ha puesto puede parecer algo normal. “Estas cosas consideradas de forma aislada y estática aisladamente tienen poco valor, pero cuando se hacen cada vez mas y mas frecuentes y más numerosas, esto es, cuando la familia nota que no es un hecho anecdótico, sino que va empeorando día a día, si gana mucho valor”, matiza el Dr. García Moreno.

Si los trastornos se agravan

Los pacientes que desarrollan alteraciones conductuales, tales como agitación, alteración del ciclo sueño-vigilia, delirios (creer que le roban, que le persiguen, que le quieren envenenar, etc.) y alucinaciones (ver cosas que los demás no ven, por ejemplo, ver hombres en casa que no existen) suelen evolucionar algo peor y tienen más riesgo de ser recluidos en una residencia, debido al desgaste físico, mental, emocional y espiritual, que supone para la familia, particularmente su cuidador principal, que suele ser el cónyuge.

¿Son seguros los fármacos?

Los efectos secundarios más frecuentes son las náuseas, vómitos, diarreas, inapetencia y poco más.

“Muy excepcionalmente, pueden producir bloqueos cardíacos y, con ello, desmayos o síncopes de los enfermos. Claro que si uno lee el prospecto podrán verse cientos de potenciales efectos secundarios, pero los que realmente se ven luego en la consulta son los que he señalado”, aclara el experto.

“En general, los medicamentos para el Alzheimer son medicamentos muy tolerados", nos comenta el Dr. García Moreno. (Foto: Getty)

Sea como fuere, este especialista en enfermedades neurodegenerativas considera que son efectos secundarios “que tanto los médicos como los pacientes y familiares tenemos que asumir ante una enfermedad tan devastadora como esta, que conduce a la disolución de la persona en su totalidad”.

Sí, se puede evitar (en parte)

De todas formas, debido a que los fármacos disponibles actualmente para la enfermedad de Alzheimer sólo consiguen enlentecer la progresión de los síntomas, y no se disponen en el momento actual de fármacos modificadores de la enfermedad eficaces para reducir su gravedad y restaurar la función cognitiva, la intervención sobre los factores de riesgo modificables de la enfermedad constituye en el momento actual una de las alternativas más eficaces para la prevención activa de la misma y la reducción de su incidencia.

“Prevenir de forma absoluta no y menos en las formas genéticas puras. Ahora, existen numerosísimos estudios que demuestran que el principal factor de riesgo para el desarrollo de la misma es nuestro estilo de vida. Se calcula que el 35-40 por ciento de los casos de EA se podrían prevenir si las personas cambiaran de forma radical su estilo de vida”, apunta el Dr. Moreno García.

La dieta puede ayudar a prevenir la demencia senil. Brócoli, aguacate, salmón... son algunos de alimentos que pueden ayudar a mantener la salud del cerebro y la buena memoria. (Foto: Getty)

De hecho, hay evidencia de que ciertas medidas de prevención primaria pueden protegernos del deterioro cognitivo y la demencia como apuntan estos dos estudios, publicados en Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology y Nature respectivamente.

“Si llevas una vida sedentaria, una mala alimentación (rica en azúcares y grasas saturadas), desarrollas obesidad y con ello, diabetes, hipertensión e hipercolesterolemia, fumas y bebes, tienes muchas más papeletas para desarrollarlas que si haces un cambio radical en tu existencia y decides cambiar por completo tu estilo de vida”, matiza el asesor de Doctoralia.

Se estima que la mitad de los casos de la enfermedad de Alzheimer se puede atribuir a nueve factores de riesgo potencialmente modificables:

  1. Diabetes mellitus.

  2. Hipertensión arterial en edad media de la vida.

  3. Obesidad en edad media de la vida.

  4. Tabaquismo.

  5. Inactividad física.

  6. Depresión.

  7. Inactividad cognitiva o bajo nivel educativo.

  8. Hipoacusia.

  9. Aislamiento social.

Una reducción de entre un 10 y un 25 por ciento en dichos factores de riesgo podrían potencialmente prevenir entre 1 y 3 millones de casos de Alzheimer en el mundo”, explica el doctor Juan Fortea, coordinador del grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la SEN.

Por su parte, el doctor David Pérez Martínez, jefe del Servicio de Neurología del Hospital 12 de Octubre ha contado al medio especializado iSanidad, que “además de la estimulación cognitiva, el ejercicio físico previene el deterioro cognitivo, y en los propios enfermos de Alzheimer mejora el pronóstico y disminuyen los trastornos de conducta. Introducir el ejercicio físico como una herramienta terapéutica es una idea que debería extenderse”.

De hecho, hay estudios que demuestran que los enfermos de Alzheimer con mutación genética que han practicado ejercicio físico mantenido, respecto los que no mantenían, retrasaban la aparición de los síntomas hasta 15 años.

Asimismo, los hobbies, la socialización y la mejora del nivel cultural son otras conductas ‘protectoras’ que fortalecen a los grupos de riesgo frente al desarrollo de demencias.

Si quieres saber más sobre esto echa un vistazo a este hilo de Twitter recomendado por el doctor Salvador Casado.

Frente a los remedios milagro, sentido común y precaución

En cuanto a las teorías que circulan por la red como que el aceite de cannabis o que el aceite de orujo de oliva podrían considerarse como nuevas vías de prevención, los expertos aconsejan no fiarse de estos bulos o noticias sensacionalistas ya que “la mayoría proceden de hallazgos, generalmente en laboratorio, y que no se han demostrado en la práctica clínica. El consumo de aceite de oliva virgen, no el de orujo, como parte de la alimentación mediterránea, forma parte uno de esos cambios que se ha de hacer en la dieta, señala el Dr. García Moreno, y a través de esos cambios (pero no solo de ese -también no tomar tantos azúcares refinados como se toma, alimentos ultraprocesados, grasas saturadas, etc-) sí podemos ayudar a prevenir en parte la enfermedad. Aisladamente, probablemente, no tenga ninguna repercusión”.

Hitos en investigación

El descubrimiento de marcadores en LCR, que ayudan a saber si una persona que tiene un deterioro cognitivo leve tiene riesgo de desarrollar EA, “es uno de grandes avances que ya se puede usar en la práctica clínica, aunque aún no está generalizado en todos los hospitales, explica el Dr. García Moreno. Esos análisis se refuerzan aun mas si la persona se hace un PET cerebral (una prueba de neuroimagen) y se encuentra que tiene un aumento de los depósitos de proteína beta amiolide. Las posibilidades de que ese deterioro cognitivo leve vaya a ser una EA en unos años, se eleve casi al 90 por ciento”.

“Desgraciadamente, estas pruebas son aún muy caras y no están a disposición de todo el mundo, pero poco a poco se irán incorporando al arsenal diagnóstico de los hospitales”.

Avances tecnológicos

Por otro lado, los dispositivos tipo “wearables” también ha supuesto un avance importante, en este caso en los cuidados y seguridad de los pacientes. Un reloj que lleva incorporado un GPS, permite localizar a un paciente rápidamente en caso de que se desoriente y se pierda.

A nivel básico, apunta García Moreno, también se sigue avanzando y “se va sabiendo cada vez mejor las rutas moleculares que conducen al depósito de amiloide y a la hiperfosforilación de la proteína tau, con lo que en un futuro se podrán diseñar fármacos más eficaces para tratar esta devastadora enfermedad”.

Herramientas que ayudan

La labor de la familia y los cuidadores es clave en esta enfermedad. Para ayudarles, la Fundación Alzheimer España e Ibermática han presentado ‘MiMe’ y ‘SuMe’, una aplicación y un dispositivo diseñados para que los pacientes con Alzheimer puedan desenvolverse mejor en sus tareas cotidianas

Consta de 2 piezas: el propio MiMe (Mi Memoria) para los pacientes con Alzheimer y SuMe (Su Memoria) para facilitar la tarea de sus cuidadores. Está ya preinstalada en el teléfono para facilitar su uso en modo ‘Kiosko” por parte de los enfermos de Alzheimer, sustituyendo el sistema operativo del dispositivo y evitando la confusión que otros tipos de smartphones pudieran generar en los usuarios, asegurando un servicio óptimo y sin interferencias.

MiMe (mi memoria), un dispositivo móvil adaptado a las necesidades de la persona afectada por la enfermedad de Alzheimer. (Imagen: Ibermática y la Fundación Alzheimer España)

Entre sus funcionalidades destacan: una guía para llegar a los destinos más comunes, con los lugares habituales y preferidos registrados; la gestión de contactos con foto visible en todo momento; una función de llamadas muy sencilla; el seguimiento de las tomas de medicamentos y la manera óptima de hacerlas; el recordatorio de cosas tan importantes en la vida como cumpleaños, aniversarios, eventos…

Por último, te invito a ver este video de la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA) para intentar comprender las necesidades de estos pacientes. En este tipo de asociaciones puedes encontrar asesoramiento y ayuda de la mano de los propios afectados.


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