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Alexander Skarsgård no te quejes, a Brad Pitt le pasó lo mismo

A sus 45 años podríamos decir que Alexander Skarsgård camina cómodamente por las colinas de Hollywood. Desde que la fama tocara a su puerta como el vampiro con apetito sexual Eric Northman de True Blood su nombre ha sido una constante en la industria, tanto en cine como series. Sin embargo, asegura haber sufrido la etiqueta de “sexy guaperas” porque hizo que no le ofrecieran ofertas de trabajo.

No obstante, esa etiqueta justamente le abrió las puertas a los hogares del mundo sirviéndole como primer peldaño hacia el estrellato, lo llevó a ilustrar portadas de revistas y darse a conocer siendo un desconocido previamente. Y, además, tampoco es el único. Muchos actores padecieron el sambenito de ser el sexy de turno, ¿o se olvida de Brad Pitt y la etiqueta que le colgó su papel en Thelma y Louise?

El actor sueco Alexander Skarsgard durante el photocall por la presentación de la película The Northman. Roma (Italia) 1 de abril de 2022 (Photo by Marilla Sicilia/Archivio Marilla Sicilia/Mondadori Portfolio via Getty Images)
El actor sueco Alexander Skarsgard durante el photocall por la presentación de la película The Northman. Roma (Italia) 1 de abril de 2022 (Photo by Marilla Sicilia/Archivio Marilla Sicilia/Mondadori Portfolio via Getty Images)

Para él, que lo calificaran como uno de los actores más sexis de Hollywood, no fue algo bueno. Así lo confesó a The Sunday Times, dando a entender que la atención prestada a su apariencia física impactó negativamente los inicios de su carrera debido al tipo de personajes que le ofrecían. “No sé si era realmente la razón por la que no recibía papeles” dijo. “[Pero] Al haber comenzado en Suecia, allí había cosas sobre ser alto y rubio. Pero la mayoría somos altos y rubios allí. Y aún así, después de mi primer trabajo, estuve en una estúpida lista de guaperas sexy candente y la gente no me tomaba en serio”.

Si quieres personajes con profundidad pero te etiquetan como ‘el tipo que se quita la camiseta’ no te van a ofrecer esos papeles” añadió el hijo del también actor Stellan Skarsgård y hermano de Bill (Pennywise en IT).

Si bien Alexander no menciona a qué “primer trabajo” se refiere es muy probable que esté hablando de True Blood. Después de todo aquella serie de HBO emitida entre 2008 y 2014 fue la responsable de encumbrarlo al rol de sex symbol a raíz de un personaje que transpiraba sex appeal en cada plano. Personalmente, aún recuerdo las promos de esta serie que enfatizaban en promover la tendencia al grafismo sexual y pasional, sobre todo con el personaje protagonista de Anna Paquin y el de Skarsgård, tanto por separado como juntos a través de escenas y fantasías sexuales.

La imagen de guaperas sexy era, sin dudas, el emblema de su personaje y de la serie. Sin embargo, según sus palabras, aquella etiqueta lo habría alejado de papeles profundos e interesantes, lo que explicaría algunas de las malas apuestas que encontramos en su filmografía por entonces, como Kill your darlings (2006), 13 (2010), Perros de paja (2011) o Battleship (2012).

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No obstante, este tipo de etiquetas son, lamentablemente, un rito de pasaje inevitable en Hollywood. Muchos actores lo han vivido en sus propias carnes. Algunos le sacaron provecho, otros huyeron despavoridos ni bien pudieron, pero tampoco es que renieguen de ello. Después de todo, ser catalogado de actor sexy de moda puede ser un trampolín para darse a conocer y entrar en una industria selectiva por la puerta del reconocimiento asegurado, cosechando fans, admiradores y estando en el radar de los agentes de casting. Y aunque no sea con personajes “profundos”, tienen la posibilidad de lucir su talento en audiciones que pueden despertar el interés de un director para un proyecto diferente. Es una oportunidad después de todo. Lo demás, llega a base de tiempo y trabajo.

Brad Pitt vivió este encasillamiento inicial a raíz de su rol de guaperas poco inteligente en Thelma & Louise. Pasó de ser un actor secundario en Hollywood y desconocido para el público, al inolvidable autoestopista sexy del sombrero cowboy que seduce a Geena Davis. Y a pesar de la fama repentina, también tuvo que labrarse su camino hasta que llegaron personajes más interesantes. Porque a pesar del éxito de la película de Ridley Scott, sus siguientes trabajos fueron verdaderos fracasos como Johnny Suede o Una rubia entre dos mundos. Es más, usó su imagen de sex symbol para su propio beneficio, dotando de ese aire a su papel en El río de la vida de Robert Redford hasta que Kalifornia o Amor a quemarropa le dejaron mostrar otras facetas de su talento. Luego llegarían Entrevista con el vampiro, Seven, El club de la lucha, etc. Después de ganarse un lugar en la industria.

Brad Pitt sonriendo en una escena de 'Thelma & Louise', 1991. (Photo by Metro-Goldwyn-Mayer/Getty Images)
Brad Pitt sonriendo en una escena de 'Thelma & Louise', 1991. (Photo by Metro-Goldwyn-Mayer/Getty Images)

Es más, nunca renegó públicamente de esta imagen de sex symbol, al contrario, hasta la usó en beneficio de su carrera cuando le hizo falta como héroe romántico en Leyendas de pasión o quitándose la camiseta como solo él sabe hacer en Érase una vez en… Hollywood pasados los 50.

Y como él hay muchos más. Matthew McConaughey, Bradley Cooper, Chris Hemsworth, Robert Pattinson o Jamie Dornan, por nombrar los más recientes, son algunos de los actores que tuvieron que vivir bajo la etiqueta de sex symbol mientras hacían su propio camino. Algunos la aprovecharon al máximo, como McConaughey durante su etapa de comedias románticas hasta su renacer artístico con Dallas Buyers Club y True Detective. Hemsworth recurrió al cine de acción para encaminarse por otros derroteros, Pattinson buscó ser el príncipe del cine independiente y Dornan esperó hasta que llegara su momento profesional para dejar atrás al personaje de Christian Gray. Tuvo que esperar varios años y ahora vive los frutos de su esfuerzo.

Hay otros que incluso cargan con la etiqueta del villano eterno, como Christoph Waltz; o la heroína de la comedia romántica cansina como le pasó a Katherine Heigl; o el rol de comediante repetitiva como fue el caso de Melissa McCarthy en los años siguientes al éxito de La boda de mi mejor amiga.

En resumen, por mucho que no sea justo, hace tiempo que las etiquetas son los gajes del oficio en Hollywood cuando se alcanza el éxito. Es a base de trabajos variados y el paso del tiempo que logran encumbrarse en diferentes facetas.

Uno podría decir que si no quería ser etiquetado como el actor “que se quita la camiseta” entonces ¿por qué Alexander hizo Tarzán? Podríamos incluso preguntarnos si tiene sentido que reniegue de ello cuando aquella imagen fue su trampolín inicial y ahora disfruta de una carrera variada. Es más, después de darse a conocer en True Blood y mientras aun estaba en la serie, lo vimos como uno de los protagonistas de la intensa y artística Melancolía de Lars Von Trier. O en la dramática y difícil de ver ¿Qué hacemos con Maisie? Es decir, no tardó mucho en cosechar los frutos con esos papeles que aparentemente buscaba.

Podríamos decir tambien que Big Little Lies y La chica del tambor fueron la consecuencia de su esfuerzo y paciencia. Personajes profundos como los que buscaba en sus inicios que dejaron al descubierto otras capas de su talento y que, más recientemente, seguimos descubriendo como en su enigmático y violento papel en Passing de Netflix o su magnífico cameo en Succession. Y que volveremos a ver en El hombre del norte, la esperada película (muy, muchísimo) de Robert Eggers (La bruja) sobre la venganza de un príncipe vikingo y que él protagoniza acompañado por con Nicole Kidman, Anya Taylor-Joy, Ethan Hawke, Björk y Willem Dafoe.

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