Alivia Vikander supera a Angelina como la nueva Lara Croft, pero solo en una cosa

Tras meses de expectación, de teasers y trailers que ponían los dientes largos, los fans de Lara Croft -y de los videojuegos en general– por fin pueden disfrutar del retorno de su heroína favorita a la gran pantalla. Tomb Raider, el esperado reboot de la saga homónima, se estrena este 16 de marzo. Después de las irregulares Lara Croft: Tomb Raider (un éxito de taquilla) y Lara Croft Tomb Raider: La cuna de la vida (un sonado fracaso), estrenadas respectivamente en 2001 y 2003 y protagonizadas por una despampanante Angelina Jolie en el despunte de su estrellato, ahora regresa la arqueóloga británica más icónica de las últimas décadas, la que algunos han definido como “la respuesta femenina a Indiana Jones”.

La pregunta de todos los fans: ¿supera la Lara Croft de Alicia Vikander a la de Angelina Jolie?

Y lo hace encarnada nada menos que por Alicia Vikander, la ganadora de un Oscar en 2016 por La chica danesa. Sin duda, el fichaje de Vikander se trata de una apuesta novedosa y quizá arriesgada, una mirada nueva y diferente sobre la explosiva Lara Croft –que, no lo olvidemos, siempre ha dividido la opinión pública entre quienes la consideran un símbolo de empoderamiento y quienes la ven como un mero objeto sexualizado–. Lo que nos preguntamos es: ¿está la Lara Croft 2.0 de Vikander a la altura de aquella que nos dio Angelina?

Antes de nada, dejemos clara una cosa: Tomb Raider no es una continuación de aquellas películas que protagonizó Jolie hace más de 15 años. Muy al contrario, se trata de un “reseteo” de la franquicia inspirado –y en ocasiones claramente basado– en el reboot interactivo de la saga: el videojuego Tomb Raider (2013) y su secuela, Rise of the Tomb Raider (2015), de la desarrolladora Crystal Dynamics. Dirigida por el noruego Roar Uthaug y escrita por Geneva Robertson-Dworet y Alastair Siddons (sobre una historia de Evan Daugherty and Robertson-Dworet), la cinta es una evidente origin story que nos presenta a una Lara Croft millennial, de apenas 21 años, que está muy lejos de ser la aguerrida aventurera que todos conocemos.


Y es que, tras la desaparición de su padre arqueólogo (Dominic West) cuando era solo una niña, nuestra protagonista renunció a la inmensa fortuna que le tocaba en herencia para llevar una vida “al día” como repartidora de comida y boxeadora aficionada. Así pues, el personaje inicia su recorrido incluso antes que en el mencionado reboot de los videojuegos –que arrancaban con su primera expedición– para mostrarse como una joven inexperta e insegura que, a pesar de sus evidentes dotes físicas e intelectuales, aún no sabe qué hacer con su vida.

Todo cambia cuando Lara se ve obligada a tragarse su orgullo y asumir la probable muerte de su progenitor, aceptando la inmensa herencia que le corresponde. Al hacerlo, descubrirá la leyenda de una mítica y malvada reina y el misterio que llevó a su padre a embarcarse hacia a una isla lejana, en busca de una tumba legendaria. Como no podía ser de otra forma, Lara pondrá rumbo a la isla acompañada del marinero Lu Ren (Daniel Wu), y allí tendrá que enfrentarse al máximo rival de su padre, el malvado arqueólogo Mathias Vogel (Walton Goggins) para convertirse en la heroína que todos conocemos y amamos.

Lara Croft 2.0: Vikander encarna una versión del personaje muy alejada de sus orígenes.

Sin duda, partir de una Lara tan alejada del personaje original es un gesto arriesgado, aunque este carácter de origin story ya estuviera implícito en el videojuego de 2013. En realidad, la decisión es doblemente temeraria, pues combina el rechazo que en ocasiones suscitan las historias iniciáticas entre los fans de este tipo de franquicias, con su condición de adaptación cinematográfica de videojuego –una categoría de películas que, hasta la fecha, ha gozado de muy poca consideración entre la crítica–. Sin embargo, también es probable que la estrategia de GK Films sea la única viable para “reenganchar” a los espectadores con una saga que no está precisamente en la cima de su popularidad y vigencia: recordemos que han transcurrido 3 años desde el lanzamiento del último juego y 15 desde la última película.

Pero lo que nos interesa es saber si Tomb Raider funciona o no como película y, más concretamente, responder a la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿está Vikander a la altura de Angelina? Pues bien, en defensa de la actriz sueca –y del resto del equipo–, se puede decir que esta versión de Lara Croft sí supera a las anteriores, pero solo en algunos aspectos. Sin abandonar el registro Indiana Jones / James Bond (es decir, con un protagonista que lleva a cabo sucesivas acciones sobrehumanas), Vikander encarna a una heroína más realista y descarnada, que oscila entre la fortaleza y la vulnerabilidad, el valor y la cobardía, la inseguridad y la determinación, y que debe ganarse con sangre, sudor y lágrimas su conversión en Lara Croft. Este esfuerzo físico tuvo su contrapartida en la vida real, ya que Vikander se puso a las órdenes de Magnus Lygdback para someterse a varios meses de intenso entrenamiento y prácticas de combate –una preparación que queda fuera de toda duda al contemplar sus acrobacias en pantalla–.


La otra “mejora” en el personaje resulta más evidente –y previsible, ya que viene heredada del videojuego–: a diferencia de Angelina, se trata de una heroína no sexualizada, que ya no existe para el deleite de la mirada masculina sino para llevar a cabo una misión y completar un viaje emocional (en este caso, el reencuentro y la reconciliación con el padre). Lejos quedan la exuberancia y el sex-appeal de Jolie, reflejo de un personaje virtual nacido en una era en que los videojuegos eran solo cosa de chicos. En este sentido, Tomb Raider es un claro símbolo de la evolución que durante los últimos años han experimentado las ideas en torno al lugar que ocupan las mujeres en la industria del entretenimiento –sea como personajes o como espectadoras/jugadoras. Por todo ello, creemos que la Lara Croft de Vikander tenía todas las papeletas para convertirse en un referente para toda una generación de chicas… si el personaje hubiese tenido la historia que se merecía.

Y aquí llegamos al talón de Aquiles de la cinta: su guion. Pues más allá del valor simbólico y cultural que pueda tener la modernización de su personaje protagonista, Tomb Raider nos propone una historia lineal y predecible, poblada de personajes unidimensionales, que no aporta nada a un género perfeccionado por la saga de Indiana Jones. Es más: es precisamente en aquellas películas de Spielberg donde debería mirarse Tomb Raider para ver reflejados sus mayores defectos. Por ejemplo, la casi total falta de chispa y humor, tanto en el personaje principal como en los secundarios que la rodean, contribuyen a que la película sea una experiencia pasajera y olvidable, de la que solo quedan en la memoria algunas secuencias de acción (siempre rodada con efectividad, eso sí).

Nadie puede discutir que Vikander se dejó la piel encarnando a la arqueóloga británica.

Por si fuera poco, el “saqueo de tumbas” que da título a la franquicia llega llamativamente tarde en la historia, cuando el espectador lleva más de una hora asistiendo la promesa de una aventura que finalmente se revela como genérica y carente de cualquier innovación. Y una vez allí, los desafíos a los que se enfrenta la protagonista son poco más que una pobre traducción literal de los puzzles interactivos que tenían que resolver los jugadores de Tomb Raider –con el consecuente desinterés del espectador que, al no poder participar de la experiencia, no siente ninguna implicación y pierde el interés–.

En última instancia, Tomb Raider sería salvable si la conexión entre actriz y personaje tuviese un encanto “a prueba de historia”, como sucedía con la fallida cuarta entrega de Indiana Jones –e incluso, en cierta forma, con los Tomb Raider de Angelina Jolie–. Pero a pesar de su incuestionable talento y su evidente compromiso con el proyecto, hemos de concluir que Vikander no es la mejor elección para encarnar a Lara Croft. Quizá por su carácter modesto y por la cercanía que transmite, esta sueca de 29 años no acaba de hacer suyo un personaje que, reconozcámoslo, apenas tiene fondo para llenar –y que por tanto requiere una personalidad arrebatadora, magnética y casi excesiva que le dé vida–. La meritoria incursión de Vikander en el género de acción acusa el defecto que tan frecuentemente se achaca a las adaptaciones de videojuegos: falta de caracterización. Y es que para convertir un avatar virtual en un personaje de película no basta con quitarle el mando al jugador…

Los puzzles en las adaptaciones de videojuegos: tan ineludibles como frustrantes para el espectador.

Han pasado más de 20 años desde el lanzamiento del primer juego de Tomb Raider. La arqueóloga curvilínea (o picuda, según el motor gráfico) que se convirtió en la primera estrella virtual de la historia hoy está irreconocible: convertida en un personaje “con los pies en la tierra”, alejada del objeto sexual que un día fue e interpretada por una actriz galardonada y de reconocido talento. Pero el cambio, aunque apunte en la buena dirección, no siempre es sinónimo de mejora. La nueva Lara Croft está más acorde con los tiempos que corren, pero no resulta más estimulante que su encarnación anterior. Es más, la pretendida solemnidad de esta nueva versión acaba por traducirse en una falta casi total de encanto, lo que anticipa un impacto menor que sus antecesoras y disminuye el apetito de próximas entregas.

En este sentido –y teniendo en cuenta el final abierto de este reboot–, parece claro que el futuro de la franquicia cinematográfica dependerá de tres factores: la acogida entre la crítica, su rendimiento en taquilla y el éxito del próximo título en la serie de videojuegos, Shadow of the Tomb Raider (con lanzamiento previsto en septiembre de 2018). Quizá con una historia más original y una caracterización a la altura de sus recursos interpretativos, en una aventura que nos permitiese disfrutar del personaje en todo su esplendor –y no solo en su fase de gestación–, pueda Vikander devolver a Lara Croft el estatus de icono cultural del que un día gozó. Por lo que respecta a su debut en la saga, el resultado solo alcanza el aprobado justo.

Imágenes: ©Warner Bros.