El aniversario de la expectación: los príncipes de Mónaco cumplen once de años de matrimonio

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El último año y medio ha sido toda una "prueba" –en palabras del soberano monegasco- pero ahora las aguas han vuelto a su cauce. Si en el 2021 la princesa Charlene se lamentaba en sus redes sociales y a través de un comunicado el no poder celebrar junto a su marido, el príncipe Alberto, su décimo aniversario de boda, este año las cosas han cambiado. Tras quince meses alejada de la vida pública, entre una larga temporada en Sudáfrica y un retiro terapéutico en un destino europeo que nunca se confirmó, aunque medios alemanes aseguraron que era una clínica en los Alpes suizos, la Primera Dama se recuperó de su "fatiga física y mental" y se reincorporó a sus funciones institucionales en abril. Ahora, cuando se cumplen once años de la boda más espectacular que ha vivido Mónaco en los últimos tiempos, la expectación por ver cómo lo celebran es máxima y el escenario radicalmente distinto al del pasado aniversario.

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Ha pasado un año desde que la princesa Charlene contó través de un comunicado: "Este año será la primera vez que no estaré con mi marido en nuestro aniversario en julio, lo cual es difícil y me entristece.  Alberto y yo no hemos tenido más remedio que seguir las instrucciones del equipo médico, a pesar de que es extremadamente difícil. Ha sido el apoyo más increíble para mí. Mis conversaciones diarias con Alberto y mis hijos me ayudan enormemente a mantener el ánimo, pero echo mucho de menos estar con ellos. Fue especial que mi familia me visitara en Sudáfrica y fue realmente maravilloso verlos. No puedo esperar a reunirme con ellos". Durante el tiempo que duró la larga ausencia de Charlene, los Grimaldi apoyaron firmemente al príncipe Alberto, multiplicando su presencia en actos oficiales, igual que hicieron los Wittstock (la familia de Charlene que vive en Mónaco), a la vez se produjeron movimientos sorprendentes, como la primera imagen de los cuatro hijos de Alberto juntos (los príncipes junto a sus dos hijos ilegítimos) o una polémica entrevista que concedió la ex del príncipe a un medio francés. Sin embargo, ahora, todo esto parece haber quedado atrás.

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La Primera Dama ha regresado a Mónaco, a los actos deportivos, a los viajes oficiales, a las galas de Montecarlo y con ello se han ido calmando la tempestad que se desató en la primavera de 2021 cuando se anunció que el viaje de Charlene a África no tenía fecha de vuelta. Sus últimas apariciones, tanto en Mónaco como en Noruega, donde se mostraron cariñosos y cómplices durante un viaje oficial en compañía de sus hijos, Jacques y Gabriela, transmiten que están recuperando el tiempo perdido y dejando atrás un complicado episodio de sus vidas, con rumores de crisis matrimonial constantes y con una separación física que provocó escenas, agendas y momentos atípicos familiares e institucionales.

Dos bodas y un rumor

Siguiendo la tradición de la familia, Alberto y Charlene celebraron una boda civil y, al día siguiente, una boda religiosa. Eso sin olvidar que las fiestas habían arrancado la noche anterior con un concierto de los Eagles a los que estaban invitados todos los monegascos. Oficialmente Alberto y Charlene se convirtieron en marido y mujer sobre las cinco de la tarde del 1 de julio de 2011, durante una ceremonia civil en el Salón del Trono del palacio que también marcó el momento en el que se convirtió en princesa de Mónaco y recibió el tratamiento de Alteza Serenísima. La ceremonia -a la que asistieron solo los allegados por una cuestión de espacio pero que se retransmitió en directo por las pantallas que cubrían todos los lugares emblemáticos de Mónaco- apenas duró quince minutos y tras ella los novios firmaron el certificado de matrimonio con un bolígrafo con incrustaciones de piedras preciosas creado para la ocasión. Después no faltó el saludo desde el balcón y el baño de masas mientras por primera vez sonaba en el Principado un nuevo himno creado para la princesa con pasado de nadadora olímpica.

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Al día siguiente -en lo que era ya el tercer día celebraciones, el histórico 2 de julio- tuvo lugar la celebración religiosa y aunque la asistencia de monarquía extranjera fue algo anecdótico, entre los 825 invitados hubo modelos, actrices, cantantes, diseñadores y estrellas de Hollywood para una celebración que no se veía desde que la oscarizada actriz Grace Kelly vino a Europa para casarse con el príncipe Raniero. El Patio de Honor del palacio Grimaldi se convirtió en una iglesia al aire libre, con el altar colocado en el centro de las escalinatas. La misa comenzó con unas palabras en áfrikaans, una de las lenguas que se hablan en Sudáfrica, país de origen de la novia, y en las lecturas tomaron protagonismo Carlota Casiraghi y Pauline Ducruet. Esa misma noche la pareja brindó un banquete a 450 invitados en la Ópera Garnier, un edificio histórico vinculado a la dinastía Grimaldi desde la era de Carlos III cuando se comenzó a impulsar la vida cultural del Principado con la construcción de este edificio del arquitecto francés Charles Garnier, uno de los grandes maestros del eclecticismo

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Después de esa boda los sobrinos del príncipe Alberto han protagonizado grandes celebraciones nupciales, pero ninguna fue como la del jefe del Estado, que fue a medida de su papel institucional e involucró a toda la población monegasca de una forma que solo habían hecho sus padres Raniero y Grace. Sin embargo, ese despliegue no evitó que corriera un rumor que diez años después fue recordado a raíz de esta última ausencia. Entonces circuló el rumor de que Charlene había tratado huir de su boda, en ese momento fue el abogado del Príncipe el que negó que eso ocurriera y después fue ella la que contó en The Times que fueron  "rotundas mentiras" que solo buscaban empañar el gran día del Principado.  "Todo era tan abrumador y me sobrecogió toda una mezcla de emociones, debido a los rumores y obviamente a la tensión del momento, que rompí a llorar y entonces lloré aún más porque pensé: 'Oh no, ahora todo el mundo me ha visto llorar",  declaró al citado medio. "Fueron tres días tan maravillosos", dijo. "Incluso meses después, recuerdo el momento y pienso: 'Oh, Dios mío, ¿realmente tocaron los Eagles en mi boda?". "Lo pienso de nuevo y me pregunto cómo logramos sobrellevarlo. Todo lo que estaba sucediendo. Era hermoso, era emotivo..., y mi momento más íntimo se estaba mostrando al mundo".

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