Anna Faris y Chris Pratt trabajan 'muy duro' para garantizar la estabilidad familiar

Anna Faris y Chris Pratt durante su matrimonio

Ha pasado más de un año y medio desde que esa historia de amor aparentemente idílica que protagonizaban los actores Chris Pratt y Anna Faris terminara oficialmente con la emisión de un comunicado en el que, como suele ocurrir en estos casos, ambas partes dejaban patente su intención de mantener un estrecho contacto tanto para seguir cultivando sus lazos de amistad como -y sobre todo- para garantizar el bienestar emocional de su pequeño Jack, de seis años de edad.

A lo largo de todo este tiempo, el exmatrimonio ha tenido tiempo no solo de rehacer sus respectivas vidas sentimentales -el intérprete está inmerso en una ilusionante relación sentimental con Katherine Schwarzenegger, mientras que la artista hace lo propio con el director de fotografía Michael Barrett-, sino también de concluir legalmente su unión con la firma de un divorcio que se produjo hace solo dos meses.

Sin embargo, en el marco de su relación personal hay un elemento que se mantiene constante y que no se ha visto alterado en absoluto desde entonces, y es precisamente esa disposición a seguir "trabajando" juntos por el bien de su adorado retoño, lo que implica dejar de lado sus diferencias y los recuerdos más dolorosos de su extinta vida en común.

"Chris y yo seguirmos trabajando muy duro porque tenemos a Jack, que es lo más importante de nuestras vidas. Analizamos la situación a largo plazo y la prioridad siempre reside en asegurarnos de que Jack es feliz, porque eso es lo que nos hace felices a nosotros. Tenemos el lujo de contar con unas buenas circunstancias, quiero decir que los dos estamos muy bien en el plano sentimental, y queremos sacarles el máximo partido", ha reflexionado Anna en el último episodio de su podcast 'Unqualified'.

Por supuesto, la estrella de la comedia tampoco ha querido vender la falsa idea de que, a diferencia de la última etapa de su extinto matrimonio, ese proceso que les ha llevado gradualmente a separar por completo sus caminos -en lo que al plano estrictamente amoroso se refiere- ha estado exento de dificultades, así como de momentos de "amargura" y rencor.

"Quiero dejar muy claro también que, como le habrá pasado a todo el mundo, en estas transiciones siempre hay amargura y dolor. Las rupturas y todos los cambios que lleva aparejados son complicados, pero forman parte de la naturaleza humana. El fin de un matrimonio es una mie***, pero poco a poco se va recobrando la normalidad y uno vuelve a ser feliz", ha asegurado.