El problema racial latente en el hecho de considerar como "mujer de color" a Anya-Taylor Joy

Valeria Martínez
·4  min de lectura

Anya-Taylor Joy está viviendo su mejor momento profesional a raíz del éxito de Gambito de Dama en Netflix. Su talento, mirada penetrante y naturalidad para resultar atractivamente inquietante la han convertido en un fenómeno en sí misma, con un público sediento por verla de nuevo en pantalla, siguiéndola en Instagram o leyendo todos los artículos posibles sobre su persona. Por ejemplo, que tiene ascendencia argentina y habla un español fluido con el acento del país de su padre, es algo que a estas alturas el público de habla hispana que sigue sus pasos conoce de sobra.

Sin embargo, la obsesión por la identidad racial que se cuece en EEUU ha llevado a que un medio tan prestigioso como Variety la calificara de “mujer de color” porque ella misma se identifica como “mujer latina” a raíz de los años que pasó viviendo en Argentina.

Su piel es de color blanca, nació en Miami (EE.UU.) y tiene triple nacionalidad estadounidense, inglesa y argentina. Entonces... ¿mujer de color?

Anya Taylor Joy (Bestimages, Olivier Borde, Gtres)
Anya Taylor Joy (Bestimages, Olivier Borde, Gtres)

La argentina Taylor-Joy es la primera mujer de color que gana esta categoría desde Queen Latifah en 2008 y solo la quinta mujer de color que gana en general desde 1982 cuando se introdujo la categoría” publicaba el medio en un artículo sobre la victoria de la actriz en los Globos de Oro al ganar el premio a mejor actriz de una serie limitada.

La frase llegó enseguida a las redes sociales donde el público se lanzó sin tapujos contra el medio, y contra esa frase que evidencia la obsesión por la diversidad racial que existe en el país a la hora de la identificación individual. Desde críticas a bromas, las redes se inundaron de comentarios que acusan a los estadounidenses de no saber de geografía e historia, mientras muchos se cuestionan a qué grupo “de color” pertenece un español o un latino ante los ojos de la cultura del país.

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Poco después, y cuando la polémica ya se estaba cociendo en redes, Variety rectificó el artículo cambiando “mujer de color” por “latina”, añadiendo un pie de página que explicaba que la propia actriz se identifica como “una latina blanca”.

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Sin embargo, el daño ya estaba hecho.

En la actualidad, el reconocimiento a la diversidad racial es uno de los temas que se tratan con el mayor cuidado posible ante una cultura de la cancelación pendiente del más mínimo error. Ya sea un personaje público, un medio de comunicación o anónimo en general, todos estamos sujetos a ser el centro de las críticas cuando el respeto hacia la identidad personal se ve afectado.

Que los estadounidenses tienen una fijación con la identidad racial es un hecho. Yo misma lo descubrí cuando viviendo allí hace varios años me topaba constantemente con preguntas de tipo “¿Qué eres? ¿Cuál es tu origen?” Ilusa de mí, pensaba que se referían al lugar donde nací, pero no, me preguntaban por orígenes genéticos y fueron muchas las ocasiones que escuché respuestas del tipo “yo soy mitad irlandesa, un cuarto escocesa y otro cuarto inglesa”. Y yo, que me consideraba sencillamente argentina (aunque luego me dí cuenta que en mis genes hay de todos lados), me quedaba perpleja.

Sin embargo, esta curiosidad obsesiva por la identificación racial ocupa un lugar más transcendental en estos momentos a raíz de movimientos como Black Lives Matter y la lucha por la inclusión de los diferentes colectivos, tanto en Hollywood como en el mundo en general. Por lo tanto, que un medio como Variety etiquete a Anya como “mujer de color” solo por tener ascendencia argentina, resulta un tanto (bastante) erróneo.

No obstante, no es la primera vez que pasa.

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Sin ir más lejos, el año pasado durante la polémica de los #OscasSoWhite, varios medios del país calificaron a Antonio Banderas como “persona de color”. Él se lo tomó con humor y en una entrevista a Univision dijo que se considera “latino” cuando está en EE.UU. porque “son las persona con las que conecta” allí, pero también sentenciaba: “no sé lo que soy”. Incluso añadió que en una ocasión, cuando pasaba por migraciones en el aeropuerto, tildó el cuadro de persona “blanca”, pero le dijeron que debía marcar la “hispánica”.

En resumen, Anya hablará inglés con acento británico, trabajará en Hollywood y en todos lados, y habla español con acento argentino como una nativa más, pero lo que importa, al final, es cómo se identifique ella. ¿Latina? Pues latina.

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