La Argentina chocó el Challenger

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El cepo a las importaciones tiene consecuencias mucho peores que sincerar el tipo de cambio: deja al borde la quiebra a las empresas argentinas con riesgo de provocar despidos y un desempleo masivo - Créditos: @Scania

Los argentinos desconfían de su propia moneda, acumulando dólares para preservar el poder adquisitivo de sus ahorros y salarios, agotando las reservas del Banco Central. El cepo al acceso al dólar se transformó en un cepo a las importaciones.

Pero para producir, la Argentina necesita factores productivos clave: espíritu emprendedor de los jóvenes, capital, trabajo e insumos importados.

El cepo a las importaciones tiene consecuencias mucho peores que sincerar el tipo de cambio: reduce el bienestar de los consumidores argentinos y deja al borde la quiebra a las empresas argentinas con riesgo de provocar despidos y un desempleo masivo.

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Las importaciones de bienes de consumo permiten maximizar el bienestar del consumidor al menor precio. Las importaciones de insumos y de bienes de capital son un insumo crítico de todas las cadenas de valor argentinas: industria, minería, agro, servicios basados en conocimiento.

Solo pueden acceder a las importaciones a dólar oficial, aquellas grandes empresas que tienen la suficiente capacidad para destinar recursos y tiempo a los trámites y al lobby; sustituyendo la inversión en recursos y trabajadores con destino a la producción por gastos administrativos en expertos contables, impositivos, cambiarios, aduaneros que puedan destinar horas, días y hasta meses en completar los formularios, pero también en realizar el lobby -cabildeo en las oficinas del líder de turno.

Las pymes prácticamente quedan fuera del circuito por falta de poder de lobby y recursos, empujadas a la informalidad para evitar una quiebra directa.

Michel Kremer, Premio Nobel 2019 junto con Abhijit Banerjee y Esther Duflo, por sus estudios experimentales para aliviar la pobreza global, planteó en un paper central para la teoría del desarrollo económico (1993), una función de producción con complementariedad fuerte entre los factores productivos. La “falta o falla” de solo uno de los insumos necesarios para producir puede provocar una falla de toda la cadena productiva. Para ello se inspiró en el caso del transbordador Challenger, que explotó en 1986, por la falla de solo uno de sus componentes (la junta tórica).

Los países en vías de desarrollo adolecen de generar complementariedades estratégicas, terminan expulsando trabajadores calificados en una virtual fuga de cerebros (“brain drain”) que buscan maximizar su salario y bienestar complementándose con trabajadores de alta calificación de países desarrollados.

Los países pobres terminan cayendo en una trampa de pobreza casi perpetua, ya que se caracterizan por la baja calificación del empleo y, por lo tanto, bajos salarios, informalidad, producción en pequeña escala de baja rentabilidad y especializada en la producción de bajo contenido de valor agregado como consecuencia de no poder retener capital humano calificado.

Robert E. Lucas Jr., Premio Nobel 1995, atribuía la fuga de cerebros a las externalidades del capital humano relevantes en países desarrollados pero inexistentes o desaprovechadas en países pobres. Por su parte, Kremer ponía el énfasis más específicamente en las complementariedades estratégicas de los trabajadores de alta calificación en países desarrollados que al trabajar juntos multiplican la productividad conjunta convirtiéndose en insumos críticos y minimizando los errores en la producción.

La escasez de cantidad, calidad y variedad de insumos importados termina profundizando la “fuga de cerebros” de los jóvenes emprendedores de alta calificación que no encuentran lugar y complementariedades estratégicas en las cadenas productivas. La metáfora del estallido del Challenger por la falta de un único insumo crítico se potencia al infinito en la realidad económica argentina de una escasez generalizada de insumos necesarios para complementar el escaso empleo y capital que aún se encuentra en producción.

El espíritu emprendedor de los jóvenes termina siendo reemplazado por la voluntad del líder de turno con poder superconcentrado, pero tan humano como su desconocimiento de cada celda de la matriz insumo producto y los estados de la naturaleza presentes y futuros, aumentando al infinito la probabilidad de cometer grandes errores de política pública.