Bañarse en espacios contaminados y sin vigilancia, la moda que nos está costando la salud (y mucho más)

Influencers y demás usuarios de las redes se esfuerzan por fotografiarse en lugares insólitos y peligrosos. Ni la propia seguridad ni la salud pueden con el postureo, ¿merece la pena?

Una joven bañándose en el Monte Neme (Foto: Instagram)

Durante la adolescencia y la primera juventud se vive al límite. Siempre ha sido así, incluso cuando no había móviles ni redes sociales. Romper las normas y pasarse por el forro el cartel de ‘Prohibido’ es algo que vamos olvidando al cumplir años, y sobre todo, al convertirnos en padres y ser perfectamente conscientes de los peligros que conllevan ciertas acciones.

Sin embargo, en los tiempos que corren los jóvenes hacen lo que sea para destacar y si hay que liarla gorda para conseguir más likes que los demás, pues se lía. Da igual que haya que contravenir todas las leyes de la lógica y la cordura.

Dicho y hecho. Primero fueron los instagramers fotografiándose en Chernóbil, donde tuvo lugar uno de los desastres nucleares más importantes de la historia. Ahora el foco se ha trasladado a una antigua mina de wolframio ubicada entre Carballo y Malpica de Bergantiños (provincia de La Coruña).

A este ‘paradisíaco’ lugar, tal y como ha publicado El Confidencial, han acudido los influencers más ‘cool’ para fotografiarse en una piscina natural de aguas azul turquesa. Un marco ideal si no fuera porque se trata de una balsa de vertidos tóxicos sumamente peligrosa perteneciente a una antigua mina de wolframio que estuvo en funcionamiento desde la II Guerra Mundial hasta 2012. Los nazis extraían de esta mina ese material para fabricar diversas armas de combate y municiones.

Problemas oculares e irritativos

Aunque casi todas las fotos se realizan desde el exterior de las balsas, son varios los usuarios que se han quejado de “vómitos”, “mareos” e irritaciones cutáneas” tras haberse bañado en sus aguas.

"Estuvimos con vómitos y ronchones en la piel una semana", comenta Uxía, una de los usuarias de Instagram afectadas. "Yo me recuperé a los 6-7 días, pero a Cris la tuvimos que llevar al hospital porque se le caía la piel y le recetaron medicamentos... Una movida", apunta poco después. A pesar de haberlo pasado "un poco mal", asegura, "la foto lo valía".

Ya lo veis, todo por el postureo, lo de menos son las consecuencias, según cuenta a la Cadena COPE el médico Manuel Ferreiro, del servicio de urgencias del Complejo Hospitalario Universitario de La Coruña: "si nos bañamos puntualmente lo más probable son problemas oculares e irritativos, irritación de las mucosas oculares e irritaciones cutáneas. Si es de una manera prolongada e ingerimos algo de agua, fundamentalmente trastornos digestivos, vómitos y posteriormente diarrea. Si es un baño corto no sería grave. El problema de estas balsas es la filtración de esos metales pesados a aguas subterráneas y que eso llegue a un consumo de los habitantes de la zona".

¿Qué está pasando en las playas?

Pues que tampoco lo hacemos bien. No hace falta ser influencer ni usuario de las redes sociales para meter la pata y cometer barbaridades que ponen en riesgo nuestra salud y nuestra vida, los datos demuestran que hacer caso omiso de las advertencias (que sí las había en Monte Neme) se paga caro.

Según señala el último Informe Nacional de Ahogamientos elaborado por la Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (RFESS), la media de ahogados cada día en el mes de junio de 2019 fue de 1,56 personas. Esta institución también ha publicado que en el mes de mayo hubo 26 personas fallecidas en espacios acuáticos, seguidos del mes de abril y enero, con 17 ahogados cada mes; marzo, con 16, y febrero con 12.

En junio de 2018 hubo 34 fallecidos, trece menos que este año, mientras que en el cómputo del primer semestre del año anterior se produjeron nueve muertes menos: 126 frente a las 135 de este año.

El verano es el momento de más riesgo. Los datos muestran que en las playas se producen la mayoría de estos sucesos, son los puntos más peligrosos, aunque los ríos, piscinas o embalses de interior arrojan también cifras preocupantes en esta clase de fallecimientos.

El aumento de quienes buscan refrescarse en arenales poco frecuentados o puntos de interior poco conocidos y sin vigilancia genera este incremento, que demuestra que los servicios de salvamento y socorro son fundamentales para el bienestar de sus visitantes.

El perfil de las personas ahogadas en junio fue el de un hombre (77 por ciento) de nacionalidad española (74 por ciento), de 45 o más años (66 por ciento), que se ahogó en una playa (40 por ciento), entre las 16:00 y las 18:00 horas (27,7 por ciento) y en un espacio sin vigilancia (81 por ciento).

Medidas de prevención

Desde el espacio Proyecto+Vida, que busca concienciar acerca de una vida saludable y con prevención cardíaco con recomendaciones para disfrutar del verano en la playa o la piscina con seguridad y sin riesgos.

Por tanto, la primera medida es buscar zonas con vigilancia adecuada y seguir las indicaciones del personal especializado, así como las recomendaciones de los paneles informativos y las banderas. Además, protegerse del calor con crema solar, gorras e hidratación frecuente aleja el riesgo de insolación.

Elegir bien cómo y dónde lanzarse, especialmente en zonas no vigiladas, reduce las probabilidades de contusiones graves o pérdidas de consciencia derivadas de no medir bien la profundidad del agua.

Entre los lugares más seguros están las playas con el galardón de Bandera Azul, ya que es obligatorio que cuenten con desfibriladores para prestar un servicio de atención completo.El uso de estos equipos en los primeros cinco minutos en los que la persona entra en paro cardíaco es esencial para su supervivencia.Además, algunas disponen de revolucionarios ‘puntos de salud’ promover la prevención solar y cardiovascular.

Para que las posibilidades de supervivencia ante un paro cardíaco repentino sean óptimas, se debe realizar de forma inmediata una resucitación cardiopulmonar (RCP) que permita mantener el flujo necesario de sangre oxigenada al cerebro hasta que se restablezca el ritmo cardíaco normal mediante la descarga eléctrica suministrada por un desfibrilador. El tiempo máximo para aplicar la desfibrilación a una persona que ha sufrido un paro cardiaco repentino es en los primeros 5 minutos, mientras que cada minuto que pasa eleva un 10 por ciento las probabilidades de fallecimiento del afectado.

Cuatro pasos críticos para tratar el paro cardíaco repentino, denominados ‘Cadena de Supervivencia’:

1. Reconocimiento y llamada al servicio de emergencia.

2. Una rápida resucitación cardiopulmonar (RCP).

3. Desfibrilación temprana.

4. Llegada de la ambulancia y cuidados post-resucitación.

En cuanto a los niños, es crucial seguir estos consejos y tenerlos controlados incluso en las piscinas poco profundas y aparentemente sin riesgo. No obstante, y sea donde sea, ante cualquier indisposición lo más recomendable es pedir ayuda y avisar a los socorristas y salir del agua para reducir al máximo el peligro de ahogamiento.

¿Respetas las advertencias de peligro? ¿Alguna vez has comprometido tu seguridad por las reacciones de admiración en las redes sociales?


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