Ben Mendelsohn, el villano de moda, pasó décadas esperando la llamada de Hollywood

Durante más de dos décadas intentó alcanzar las grandes ligas hollywoodenses. Sin suerte. A pesar de ser una estrella en su Australia natal desde que era un adolescente de 17 años, Ben Mendelsohn pasó la mitad de su carrera viendo a sus compatriotas y compañeros cruzar el charco con éxito, desde Russell Crowe a Guy Pearce, hasta actores más recientes de las mismas series donde él colaboró, como Margot Robbie o Liam Hemsworth. Todos antes que él. Sin embargo, a sus 50 años ha comprobado que la paciencia tiene recompensa y hoy es uno de los actores más solicitados de la meca del cine.

Ben Mendelsohn (Cine54)

Ese mismo actor que hoy reconocemos como uno de los descubrimientos de Netflix o uno de los súbditos de Darth Vader, lleva actuando de manera profesional desde hace más de 35 años. Consiguió su primer papel a los 15, y dos años después compartía escenas con Kylie Minogue en la legendaria telenovela nacional Neighbours (1986-1987) mientras se hacía con el aplauso del público y la crítica con The year my voice broke (John Duigan, 1987), una oda nostálgica por la juventud perdida en donde interpretaba al rebelde protagonista que dejaba embarazada a su novia. Aquel papel lo catapultó al estrellato, pero solo en su país. De la noche a la mañana era la nueva sensación de la industria, mientras al otro lado del mundo prácticamente desconocíamos su existencia.

Entre finales de los 80 y el año 2010, Ben siguió forjando una carrera plagada de reconocimiento, pero Hollywood se le resistía. Ese mismo actor que ahora se codea con las grandes ligas, saltando entre Marvel, Star Wars y Netflix como si fuera fácil, y que el público internacional reconoce como el villano de moda (con perdón de Christoph Waltz), pasó muchos años de su vida yendo y viniendo entre su país y Los Angeles, buscando la oportunidad de expandir sus alas como actor. Fue en el año 2000 cuando consiguió un papel en Límite vertical (Martin Campbell), dándonos uno de los momentos dramáticos del filme para morir a los diez minutos de aparecer en escena.

En mi experiencia entrevistándolo en el pasado, sé que Ben puede ser un tipo difícil debido a su completa sinceridad. Si está incómodo o aburrido, lo notas y lo contagia. Es capaz de conseguir que su incomodidad se transpire en toda la habitación provocando una tensión que nunca es bienvenida. Por eso cuando me dispuse a entrevistarlo de nuevo por The King en su nueva colaboración con dos de los responsables de su éxito reciente, Netflix y el director David Michôd, opté por hablar con él con la misma sinceridad que le caracteriza para remontarnos al pasado y charlar sobre el camino que ha tomado su carrera. Confieso que el que se acordara de mí después de tantas charlas pasadas sirvió para romper el hielo. Y así le pregunté por aquel primer intento que hizo en Hollywood a mediados de su carrera, la mencionada Límite vertical, que comparándola con su éxito actual no dio sus frutos. “Límite vertical está en el punto medio de mi carrera. Tenía tantos años de experiencia antes de esa película como los que tuve después” me contó. “Tuve éxito siendo muy joven en Australia y no me gustó. No sentía que lo merecía y eso me preocupaba mucho. Quería ser un actor mejor de lo que era, y me preocupaba estar en la visión del público sin ser lo suficientemente bueno como para merecer esa atención. Era un pensamiento juvenil e idealista, pero era muy real para mí” añadió confesando su tendencia perfeccionista .

Y aunque cualquiera creería que tras tantos años de intentos se daría por vencido, Ben fue entrando a Hollywood poco a poco y por la puerta de atrás con paso lento pero seguro. Si le das una oportunidad a El nuevo mundo de Terrence Malick (2005) -por muchas cosas feas que haya dicho la crítica- verás su rostro entre los papeles secundarios, así como en algunas escenas de Australia (2008) de Baz Luhrmann. Incluso se codeó con Nicolas Cage en Señales del futuro (Alex Proyas, 2008).

Ben Mendelsohn en Animal Kingdom (Porchlight Films)

Y aunque Ben sufra de la maldición del estrellato a raíz de buenos personajes, que lo convierten en un rostro más que en un nombre -es decir, pocos lo conocen por su nombre y apellido, sino más bien por ser “el hermano loco de Bloodline” o “el villano de Rogue One”- nos ha demostrado su talento en incontables ocasiones. Siempre ha destacado en las cintas internacionales por muy pequeño que fuera su papel, llevándome a cuestionar por qué Hollywood tardó tanto tiempo en notar su presencia.

Pero lo más curioso de su historia es que tuvo tres nacimientos como estrella. Así es, la cámara le dio a luz tres veces. El primero fue con The year my voice broke, aquel papel juvenil que le dio un lugar en la industria nacional, expandiendo su repertorio a lo largo de los diferentes rincones australianos. El segundo llegó unos veinte años más tarde, en 2010, cuando ya tenía 40 primaveras. Fue con Animal Kingdom de David Michôd, un thriller brillante en donde interpreta a Andrew ‘Pope’ Cody, el hermano mayor de una familia criminal en Melbourne que regresaba para retomar su mala vida. La magia de su trabajo es que se enfrentaba a dos rostros reconocidos como Guy Pearce y el ascendente Joel Edgerton, y los superaba. Y eso es mucho decir cuando tenemos a un todoterreno como Pearce en escena. Sin David Michôd, nunca me habría pasado todo lo que llevo viviendo desde los 40. Sin David y Animal Kingdom no tendría la carrera que disfruto ahora” sentenció. Ben sacaba la vena sociópata de su personaje exponiéndolo a su máxima potencia, sin moral ninguna. Entre aplausos de la crítica y una gran variedad de premios, Ben llamó por fin la atención de la industria internacional como uno de los villanos por excelencia. De esos con un carisma especial que los hacen esenciales en la historia.

En los nueve años que pasaron desde entonces fue uno de los criminales peligrosamente imbéciles de Mátalos suavemente (Andrew Dominik, 2012), fue el contratista original de Bane, Daggett, en El caballero oscuro: la leyenda renace (Christopher Nolan, 2012) y hasta se sumó a la aventura épica de Ridley Scott, Exodus: dioses y reyes (2014). Pero seguía a la sombra de los protagonistas. Y así llegó su tercer nacimiento y el definitivo.

Ben Mendelsohn en Bloodline (Netflix)

Fue con Bloodline, el drama familiar producido por Netflix que supuso el segundo éxito de la casa streaming un año después de House of Cards. Si bien tampoco era el personaje protagonista, Ben se convertía en tal con cada una de sus apariciones en pantalla. Era la oveja negra de esta familia, pero la intensidad de la actuación y el personaje lo convertían en el corazón podrido de la trama. Tan trágico fue su desenlace que su ausencia en la tercera temporada dejó un vacío que no pudieron llenar y la serie llegó a su fin. Así de esencial era su presencia. Ganó el Emmy a mejor actor de reparto en drama en 2016 y estuvo nominado el año anterior y el siguiente, como también cosechó una candidatura al Globo de Oro: Hollywood por fin lo reconocía.

“Bloodline fue el beneficio que acarrea la nueva forma de contar dramas” me dijo en referencia a la calidad de los trabajos recientes en las plataformas streaming. “Estaba hecha de forma inteligente, con la intención de entretener pero al mismo tiempo si no te tocaba el corazón, el alma o el cerebro de alguna manera entonces hubiera sido una oportunidad perdida como actor”, sentenció justificando por qué puso todo su talento a la orden de aquel personaje. “Gracias a Dios por Bloodline” añadió con la sonrisa y alivio de un hombre que logró su cometido.

De forma superficial hay quien podría decir que Ben lleva interpretando un mismo villano desde un tiempo a esta parte, debido a que camaleónicamente hablando no se ha transformado. Pero es precisamente en esa falta de cambio físico donde reside su talento porque ningún villano ha sido igual al siguiente. Cada uno fue dejando su huella y su carrera ha ascendido como la espuma. “Disfruto interpretando personajes bien escritos” me dijo en nuestro encuentro. “Dicho esto, lo que me gusta de los papeles malvados es que tienen ese algo que los eleva. Hay tantas formas de expresarlos, desde la manera más sutil a la más extrema. No es que disfrute interpretando a psicópatas sino que me gusta que cuando voy a trabajar, durante unos minutos me olvido de quien soy porque estoy haciendo algo completamente diferente a mí. Es como ir a la iglesia y perderte en algo más grande que tú mismo”.

Ben Mendelsohn en Rogue One: una historia de Star Wars (Lucasfilm)

Trabajó con Steven Spielberg en Ready Player One (2018), fue el hermano descarriado de Bloodline capaz de vender a su propia familia, dejó huella en la saga galáctica por excelencia como el responsable de supervisar la construcción de la Estrella de la Muerte, Orson Krennic, en Rogue One: una historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016) y fue uno de los villanos de Capitana Marvel - repitiendo con cameo en Spider-Man: lejos de casa, Tallos/Keller. Mientras tanto trabaja en la nueva serie de HBO, The Outsider, pero ya podemos verlo en The King de Netflix, en donde se convierte en un rey moribundo durante el primer acto de la película colaborando de nuevo con el padre de uno de sus renacimientos, el director David Michôd.

Todavía me preocupa hacer trabajos que sean buenos, y por eso creo que nunca llegaré a satisfacerme del todo como me gustaría” sentenció sobre la presión continua que se pone a sí mismo a pesar del éxito y los años de experiencia. “Pero estoy disfrutando de estar en el centro del ring” culminó con una sonrisa.

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