¿Congelarías tus óvulos?

Pasionaria

Tres mujeres a mi alrededor me han hecho el mismo comentario en los últimos meses: “¿No has pensado en congelar tus óvulos? Yo lo hice y me siento mucho más tranquila”. Aunque no está entre mis prioridades, no he dejado de darle vueltas. ¿Por qué congelaría mis óvulos? ¿Vale la pena invertir en un tratamiento tan caro?

Los motivos por los que esas tres mujeres han congelado sus óvulos abarcan, curiosamente, los tres escenarios más comunes. La primera de ellas lleva dos divorcios y varios noviazgos fallidos, tiene 37 años y, según cuenta, su deseo de ser madre se interpone al momento de elegir a un compañero de vida y de crianza. La segunda es una destacada publirrelacionista y empresaria de tiempo completo. Su oficio la ha vuelto un poco temeraria, por lo que, en el panorama machista latinoamericano, los hombres que usualmente se acercan a ella son hombres en la crisis de los 40-50, vividores o jovencitos que fantasean con mujeres mayores. Decidió congelar sus óvulos hace dos años, "por si acaso no encuentro a un hombre que me entienda y esté dispuesto a formar una familia conmigo”. La tercera mujer es una chica que tuvo un cáncer muy leve y, para no comprometer su fertilidad, congeló sus óvulos.

Jamás me hubiera imaginado que un día las mujeres de mi generación estarían congelando sus óvulos. Incluso he platicado con chicas veinteañeras que, por razones profesionales, laborales o personales, ya están ahorrando para congelar sus mejores óvulos.

He revisado algunas estadísticas y todo parece indicar que la mayoría de las mujeres que lo hacen son profesionales mayores de 30 años que pueden costearse el tratamiento. Aunque ha disminuido el costo de unos años a la fecha, el promedio del tratamiento es de 8 mil dólares, más 400 dólares al año por mantenerlos congelados. Eso sin contar la fecundación in vitro y los gastos que siguen después. El tratamiento se está volviendo tan popular que muchas clínicas han lanzado “promociones” del tipo: si te embarazas en los primeros 12 meses después de la extracción de los óvulos, el servicio de congelación es gratis.

Por lo que alcanzo a percibir, congelar los óvulos desactiva cierta ansiedad ante el futuro. Idealmente, es como si compráramos tiempo para prolongar la vida laboral o para reducir el margen de error en la elección de pareja; digamos que aumenta la confianza en una misma y otorga cierto control sobre las variables. Pero nada más.

Vivimos en una sociedad y todo lo que hagamos dependerá de las condiciones del contexto, y es ahí donde hay que ponerse realistas. Por más que paguemos tratamientos, capacitaciones y terapias, el contexto latinoamericano no deja de ser machista: ninguna autoridad obliga a las empresas a crear condiciones propicias para la maternidad o la crianza, o si lo hace, las empresas encuentran los huecos de la ley para evitarse esos “problemas”. Por otra parte, son poquísimos los hombres que actúan con equidad y solidaridad con sus parejas al momento de convertirse en padres.

Además de sopesar su momento de vida y su situación familiar, una profesionista que decide convertirse en madre evalúa su situación laboral. Y con más frecuencia de la que estamos dispuestos a aceptarlo, esta última se coloca incluso por encima de los otros dos factores.

Lo cierto es que en Latinoamérica estamos a años luz de programas sociales como los que se tienen en otros países, donde se incentiva a los hombres a involucrarse en la crianza con sueldo pagado durante los primeros seis u ocho meses de vida del recién nacido, sino que también se apoya a las mujeres para que, al volver del periodo de maternidad, puedan conservar su puesto y su sueldo, además de contar con guarderías in situ y horarios flexibles que, entre otras prácticas, permitan la lactancia en horarios de oficina.

Siento que cuando una mujer decide congelar sus óvulos no solo lo hace por cuestiones personales. Quizás, de manera inconsciente, también está reaccionando a factores sociales y políticos que determinan su identidad como mujer. Creo que si una tiene los recursos y las ganas, es una buena opción congelar los óvulos, porque no se tiene más que esta vida para intentarlo. En lo que respecta a mí, más que respuestas, ahora tengo más preguntas y me encantaría escuchar más historias y puntos de vista.

¿Alguien ha congelado sus óvulos? ¿Lo harían, por qué sí, por qué no?

@luzaenlínea

 

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