Las odiosas fajas

Pasionaria

Es impresionante la cantidad de tratamientos de "belleza” a los que se someten muchas mujeres. Muchos de ellos no sólo son denigrantes sino también tóxicos, pero pocas personas se toman la molestia de averiguarlo antes de usarlos. Después del gelish y el botox, uno de los productos que más me aterran son las fajas. Curiosamente, los tres productos comienzan a usarse después de los 35 años, cuando los rasgos de madurez física son injustamente considerados como signos de envejecimiento.

Entre el corsé y las fajas, parece que no ha pasado el tiempo / Foto: TC fine Intimates y Rachel Maddow Show en Flickr

Debo confesar que yo tampoco me he salvado de la presión social. Hace poco fui invitada a una boda y el vestido que tenía para la ocasión era un poco ceñido al cuerpo y no me sentía muy a gusto, fue entonces que una conocida me sugirió usar faja. Conseguí una, llegó el día de la boda y no duré ni dos horas con ella puesta; me sofocaba, me daba comezón, sentía adormecida la parte de atrás de la pierna, y lo peor: vino el momento de cenar y yo no podía respirar.

¡Cómo era posible que me perdiera una cena deliciosa, cuando una de las cosas que más amo hacer en la vida es comer! Corrí al baño, me quité la faja y fui absolutamente feliz el resto de la boda. Entonces pensé en todas las mujeres que habían confrontado a la autoridad por acabar con la opresión del corsé. Qué absurda me sentía: alguien con mis ideas y en pleno siglo XXI usando faja.

Casi había olvidado ese episodio, hasta que hace un par de días me di una vuelta por una tienda de medias y lencería. La cantidad de fajas de todos tipos y tamaños se había triplicado desde la última vez que había pasado por ahí. Si la oferta había crecido era porque el producto tenía mucha demanda.

El rango de edad de las mujeres que miraban las fajas iba de los veintipocos a los cincuenta y muchos. O sea, el mercado se había extendido hasta las jovencitas. Pero lo que me provocó un shock fue una mamá ayudándole a su hija (no tendría más de 22 años) a elegir faja. No sé si era para una ocasión excepcional o para usarla diariamente, en cualquier caso, señoras y señoritas, antes de enfundarse en una faja por motivos "estéticos", vale la pena evaluar los daños que éstas causan a la salud.

Foto: Cupid Intimates en Flickr

La Fundación Española del Corazón advierte que el uso continuo de ropa ajustada favorece la aparición de problemas cardiacos, ya que dificulta la circulación sanguínea y el retorno de la sangre venosa, lo que aumenta los edemas y la aparición de trombos en las piernas. Por su parte, el kinesiólogo Cristian Contador señala que entre los riesgos de las prendas “reductoras” están el daño capilar, el entorpecimiento circulatorio y hasta los daños en la piel. El experto también advierte que cuando se usan las fajas continuamente, los músculos se vuelven flácidos y pierden su función de soporte a huesos y piel.

Prácticamente todos los médicos señalan lo mismo: las fajas solo deben usarse con fines terapéuticos y bajo ciertas indicaciones. No importa lo que prometan los infomerciales, las fajas modeladoras no hacen milagros, si acaso comprimen, pero no reducen grasa ni mejoran el tono muscular. El único sostén efectivo es el ejercicio.

Como ocurría con el corsé o con los zapatos de madera que reducían el tamaño de los pies de las mujeres en Asia, el cuerpo es capaz de acostumbrarse a ciertas condiciones de dolor o deformación. Pero la ausencia de sensaciones (adormecimiento, color violáceo) no quiere decir que la faja no esté provocando un daño. En general, esas prendas están prohibidas con personas con fragilidad capilar o piel sensible, pues podrían generar úlceras o daños capilares permanentes.

De hecho, hace unos días vi una nota sobre el uso de fajas en el diario Huffington Post. Comprimir el estómago con el intestino para lograr un vientre plano puede provocar reflujo, acidez e incluso tránsito lento... Las tres se traducen en inflamación abdominal, con lo que el uso de la faja se vuelve hasta doloroso y contraindicado.

Por último, las fajas almacenan calor y humedad, lo que provoca que ciertas bacterias se queden atrapadas en los folículos de la piel. Las fajas tipo hot pants aumentan las probabilidades de infecciones vaginales.

La recomendación, como en cualquier caso, es comer bien y hacer ejercicio para mejorar la postura y manter el cuerpo en forma; no hay que permitir que las presiones sociales se conviertan en daños físicos. Ahora bien, si llegaras a usar una faja por una ocasión excepicional, al menos cuida que sean la talla y el material correctos. En caso de sentir adormecimiento, dolor, cosquilleo o falta de aire, hay que quitársela lo antes posible.

 

@luzaenlinea

 

Esto te interesa:

Brassiere sin relleno, por favor

Maniquíes "peludos" causan furor

Señores publicistas, la menstruación no es sucia