Brooklyn Nine-Nine: cuando la música pop es el mejor decorado posible

Terry Crews en Brooklyn Nine-Nine
Gentileza Warner Channel

Con la octava y última temporada recién estrenada, esta Locademia 2.0 se ha consagrado como una de las mejores comedias en el nuevo boom de las series. Toda la acción gira en torno a Jake Peralta (Andy Samberg), un detective cuyo caso más difícil es madurar. En la seccional, en las patrullas, en las redadas hay siempre alguna canción pop sonando de las maneras menos imaginadas. Brooklyn Nine-Nine (disponible en Netflix) trabaja con lo que podría ser una noche completa de karaoke poniendo a los uniformados a parodiar el ranking de Billboard (y más allá también) de los últimos cuarenta años. De los Beastie Boys a Lionel Richie; de Christina Aguilera a Backstreet Boys y Billy Joel, aquí nadie se salva o van todos presos. Alto humor por la música.

“Piano Man” (Billy Joel, 1973). “En la mafia cuando cantás Joel en grupo te aceptan para siempre”, le explica Jake Peralta al Jefe dando a entender su involucramiento en una investigación en curso. Así como en la marvelesca The Boys, esa máquina de hits que fue Joel en los 70 y 80 parece haber sido reinventado como fetiche por los guionistas de esta sitcom. Fue a partir de esta canción autobiográfica que narra su experiencia como pianista en un lounge bar de Los Ángeles que el álbum Piano Man despegó e hizo que su nombre ingresara en el top 40 luego de un fallido debut. Por alguna razón se volvió especialmente popular en Canadá y con el tiempo alcanzó estatus de clásico en todo el mundo. Entre Paul Simon y Bob Dylan, Joel deja una frase memorable: “Hay un viejo sentado a mi lado haciéndole el amor a su tonic & gin”.

“Celebration” (Kool & The Gang, 1980). Jake se declara ganador de la apuesta que lleva con Amy desde el primer capítulo y en la seccional 99 se desata la fiesta. Desde un iPod se dispara “Celebration” y vuelan serpentinas y el cotillón asociado a (lo que conocimos antes de marzo de 2020) una fiesta de año nuevo o una boda. La misma música es índice sonoro de esa coreografía social. Ya ni siquiera asociada a las discotecas ni a la cultura gay como cuando Kool & The Gang la editó como simple sobre el cierre del boom disco. Hubo que esperar, sin embargo, a 1992 para que fuese incluida en un Grandes Éxitos, lo que confirmó su estatus de clásico dance. Atenti a la versión para gaita de Ross en . Eso sí que es una apropiación.

“All Out of Love” (Air Supply, 1980). En cualquier discoteca de principios de los 80 después de una noche agitada con, por ejemplo, “Celebration”, sobrevenía la legendaria sección de lentos, parte necesaria del ritual amoroso (para los afortunados). Casi ninguno se debe haber bailado tan apretado como este hitazo meloso del dúo australiano que la venía peleando desde 1974. Hasta el estribillo podría haber sido una de las baladas que consagraron a Peter Frampton en el estilo de “I’m in You”. Es la canción que salvó al dúo soft de disolverse aún después de haber girado con Rod Stewart por toda Australia. Ha sido tan transitada que se pierden de oído algunos detalles que hacen que no sea apenas otro lento. Cuando entra la voz de Russell Hitchcock, la más aguda, en el estribillo se oyen unas guitarras aplastadas en plan casi dub y el grand finale de las cuerdas es de una obstinación del tipo matar o morir. Estaba claro que era con esta canción o nunca más para ellos. Jake la escucha embelesado al final de una fiesta (Capítulo 17 de la segunda temporada) en la que cree que bailará slow dance con Amy, pero no...

“All Night Long” (Lionel Richie, 1983). El soundtrack de esta Locademia 2.0 es puro mainstream, radio de clásicos sin guiños a melómanos ni correspondencias estéticas arty. Todo lo que se escucha es porque se escuchó y mucho, casi tanto como la sirena de un patrullero en cualquier megaurbe del mundo. “All Night Long”, el hit del cantante soul Lionel Richie con cierta impronta caribeña (calipso), se escucha justamente en un auto de policía desde el celular del detective Boyle (¿no tiene un aire a Bosley, el jefe de Los Ángeles de Charlie?). Toda una escena del capítulo 4 de la temporada 4 está ritmada por fragmentos de esta canción que Richie grabó en el álbum Can’t Slow Down. Ex miembro del grupo vocal The Commodores, Richie devino un pop-star consiguiendo al mismo tiempo el número uno en tres chart distintos: Pop, R&B y Adult Contemporary. Crossover absoluto que en Inglaterra quedó en segundo lugar perdiendo la carrera contra... Billy Joel y su “Uptown Girl”.

“So Watcha’ Want” (Beastie Boys, 1992). Una parodia de un grupo que hizo de la cita irónica parte de su performance parece el colmo del pop, su cinta de Moebius. Pues eso es lo que sucede en una escena donde Jake y su compañero de patrulla se autoperciben como los Beatsie Boyz. Se los ve de uniforme repitiendo la gestualidad de Ad-Rock, MCA y Mike D en el video de “So Watcha’ Want” editado en el esencial Paul’s Boutique y luego en la antología The Sounds of Science (¡cita a Simon & Garfunkel!). Es el círculo perfecto: si los Beastie Boys parodiaban un policial de los 70 en “Sabotage”, una serie del siglo XXI se encargaría de parodiarlos a ellos. De hecho toda la seccional 99 parece sacada de ese video made in Brooklyn.

“What’s Up” (4 Non Blondes, 1992). Convengamos que en materia de one hit wonders (aquellos artistas que la pegan una vez y nunca más) este es uno de los peores casos. 4 Non Blondes llegó en el vagón de cola del grunge y (lo que MTV llamaba) el rock alternativo y se quedó en la radio para siempre con uno de los hits más predecibles de los que se tenga memoria. “What’s Up”, un ejercicio folkie básico, es un monumento al spoiler, para ponerlo en el abecé del streaming. Crónica de un estribillo anunciadísimo que en este policial paródico es redimido como gracia de karaoke. Casi una lectura crítica en clave de comedia.

“Sound of Da Police” (KRS-One, 1993). El coro de este rap que va y viene como una sirena se escucha en una escena del capítulo 12 de la cuarta temporada. Es apenas un cuadro y se roba el capítulo a fuerza de este golpe maestro de ritmo y rima en boca de unos de los mejores MC de la historia del hip hop. Un pionero al que se escucha en un paisaje sonoro abstracto en el que se mezclan el estilo del Bronx y el de los toasters jamaiquinos. Lo que KRS-One hace con la palabra “officer” es puro Barthes: deconstrucción del lenguaje hasta aprehender el sentido por el puro espesor acústico de la palabra. Uno de los pocos momentos en los que la música va por delante de la ficción.

“Un-Break My Heart” (Toni Braxton, 1996). Tres agentes de policía cantan en un coro subido de pitch el estribillo del hitazo de Toni Braxton en una patrulla mientras caen los títulos. Otro capítulo memorable de esta parodia se va en una escena destornillante que nos recuerda la extraña estructura de esta mezcla de house lascivo y baladón en el que el estribillo parece arrancado de un hit de Robert Flack veinte años atrás. Ver a Boyle impostando la voz de la Braxton no tiene precio. Secrets, el álbum que traía este tema, vendió veinte millones de copias en todo el mundo. Pasarían diez años para que volviera a ser la voz del mundo cuando junto a Il Divo interpretó la canción oficial de Alemania 2006, “The Time of Our Lives”. No los nuestros, claro, que nos fuimos en cuartos de final.

“I Want it That Way” (The Backstreet Boys, 1999). Es posible que en esta escena de Brooklyn Nine-Nine esté el mejor uso del cancionero pop en una serie de esta nueva era de las series. Cinco sospechosos son puestos a consideración de una testigo que recuerda que uno de los asaltantes cantaba una melodía de Backstreet Boys. Lo que sigue es alto humor. Uno por uno, los sospechosos completan la canción de la band boy que se comía el planeta a fines de los 90. Una obra maestra (la escena, claro).

“Beatiful” (Christina Aguilera, 2002). La agente Gina Linetti (Chelsea Peretti) da una charla motivacional que rubrica con esta power ballad de la Aguilera que bien podría haber grabado Oasis. Los movimientos de la genial Gina nos hacen olvidar lo bien cantado que está este hit en el que la Christina del pop lleva muy arriba su arte del melisma, esos gorgorismos en los que parece que nos va a develar todo su aparato respiratorio. La escena no tiene desperdicio y revela el arsenal histriónico de una serie para la que la música pop es el mejor decorado posible.