Bruxismo infantil o del lactante: qué es y cómo tratarlo

Este hábito silencioso afecta cada vez a más población debido al estrés y a la ansiedad, aunque muchos no saben que lo padecen. Te contamos las causas y síntomas más comunes

El rechinar de dientes provoca consecuencias muy negativas como desgaste, dolor, enfermedad en las encías y malformación en la alineación de la dentadura.(Foto: Dreamstime)

A lo largo de la vida las personas desgastan los dientes de manera natural; sin embargo, hay ocasiones en las que sin quererlo podemos rechinar, chirriar o apretar los dientes de forma rítmica involuntaria o espasmódica. A esta acción se le llama bruxismo, sin embargo, sólo un 5 por ciento necesita acudir al dentista para su tratamiento, especialmente cuando existe dolor dental, facial o de cabeza.

Y es que el bruxismo es un trastorno dental cada vez más frecuente que afecta a más de un 20 por ciento de la población, incluyendo a los niños.

Se trata de una parafunción donde la mandíbula realiza movimientos no funcionales durante el día y/o la noche de forma voluntaria o involuntaria produciendo un apretamiento o rechinamiento de los dientes.

En el caso de los niños, ocurre de forma frecuente durante el desarrollo de la dentición y normalmente desaparece por sí solo en el momento en el que salen los dientes permanentes. Se trata de un proceso fisiológico normal, una manera natural de estimular la formación muscular y ósea facial y desarrollar la dentición.

Según la Sociedad Española de Ortopedia (SEDO), se estima que alrededor de un 80 por ciento de los niños manifiesta en algún momento síntomas de bruxismo a lo largo de su infancia, pero que la mayoría de estos casos desaparece con el recambio dental.

Es más fácil detectarlo si conocemos sus síntomas más comunes:

  • Desgaste dental por la fricción provocando pérdida la caída de la corona dental

  • Fracturas dentales

  • Recesión de encías y movilidad dental

  • Sensibilidad dental

  • Dolor de cabeza

  • Dolor muscular

  • Alteración en el patrón de sueño.

Si se observa que este trastorno dental persiste con el tiempo y continúa en la adolescencia, la doctora Romina Vignolo, directora de las clínicas Boca a Boca Dental, recomienda acudir a un especialista para realizar una revisión y valorar el tratamiento en función de las causas que lo provoquen:

  • Psicológicas: relacionadas con aquellos trastornos o alteraciones que pueden desencadenar tensión emocional o estrés en los niños. Dentro de este tipo podemos hablar de pequeños que tienen hiperactividad que, además de estar activos durante el día, en la noche no cesa y aprietan y rechinan sus dientes. En este supuesto, la ansiedad, tanto en niños como en mayores es una de las causas más frecuentes de bruxismo.

Si el bruxismo continúa en la adolescencia habrá que observar los niveles de estrés del niño para evitar consecuencias como el dolor de cabeza, contracturas cervicales, insomnio o sensibilidad dental. (Foto: Getty)
  • Físicas: como dolor de cabeza, dolor de oídos (que se puede confundir con las comunes otitis infantiles), la aparición de nuevos dientes, caída de los dientes de leche que dan nueva forma a la estructura bucal, o una mala posición de los dientes que interfiera en la forma de cerrar la mandíbula.

  • Odontontológicas: debidas a maloclusiones, discrepancias oclusales y/o restauraciones defectuosas.Aunque el bruxismo hay veces que no produce efectos secundarios, otras puede provocar alteraciones en los dientes y sus tejidos de sostén, los músculos masticatorios y las articulaciones temporomandibulares.

¿Qué soluciones hay?

A menudo, el diagnóstico y el tratamiento del problema ya no es únicamente del dentista, y por tanto, el tratamiento tampoco. En el caso del bruxismo, puede ser necesario implicar al fisioterapeuta, el osteópata, el digestólogo, el cirujano maxilofacial, el otorrinolaringólogo, el psicólogo, el psiquiatra, el neurólogo, la clínica del dolor, y al dentista.

Colocar aparatos en la boca sin prescripción médica puede esconder otras patologías o enfermedades mucho más graves que afectan al sistema nervioso, cardiovascular, digestivo y/o respiratorio. (Foto: Getty)

Si el niño es muy pequeño se le puede colocar una pequeña placa de plástico que recubra los dientes superiores para que no se desgasten si se aprietan o rechinan. Estas férulas, por una parte disminuyen las fuerzas parafuncionales y, por otra, distribuyen dichas fuerzas, con lo que se protege el sistema masticatorio y reduce la carga en la articulación temporomandibular.

Pero es importante señalar que las férulas de descarga deben tener un grosor, consistencia y ajuste adecuados. Deben reducir el dolor, prevenir el desgaste dental, y permitir un correcto funcionamiento de la musculatura masticatoria. Por eso se aconseja acudir al especialista y no comprarlas por internet.

Si además las acompañamos con la práctica de ejercicios y fisioterapia, se conseguirá reducir el estrés y protegeremos los dientes los músculos de la cara, y la articulación de la mandíbula.

Más adelante, si el bruxismo persiste y en caso de que se deba a una mala mordida, sería necesario realizar un tratamiento de ortodoncia para mejorar la oclusión u ortopedia dentofacial en otros casos.

“Con estos tratamientos conseguimos paliar los efectos lesivos del bruxismo en dentición mixta y prevenir complicaciones que pueden provocar desgaste dental, dolor en la boca y/o la mandíbula o problemas en el sistema masticatorio”, explica la Dra. Vignolo.

Por último, la especialista aconseja llevar a todos los niños a los 6 años al ortodoncista para que pueda detectar precozmente si existe algún problema y prevenir complicaciones en el futuro.

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