Cambió su vida a los 40: los recuerdos de Utilísima la llevaron a hacer negocios con el dulce de leche en un lugar impensado

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Lucía Iannone se dedicaba a Recursos Humanos hasta que se cansó del mundo corporativo.
Lucía Iannone se dedicaba a Recursos Humanos hasta que se cansó del mundo corporativo.

Nació en Buenos Aires, se recibió en la Argentina de licenciada en Administración de Empresas y se fue afuera a capacitarse y a trabajar. Se casó con un libanés y, cansada del mundo corporativo, empezó a hacer tortas, alfajores y dulce de leche casero en Beirut (Líbano), adonde vive hace algo más de dos años. No había pensado que un hobby se podía convertir en un emprendimiento. En pocos meses duplicó su demanda y cree que hay espacio para seguir creciendo.

Bautizó su proyecto “Dulces Lucía”, eligió el español por encima del árabe o el francés. Lucía Ianonne fue la encargada de recursos humanos de un banco holandés por varios años y con su marido libanés, Pierre Dawaliby, vivieron 13 años en Dubai. La pareja se conoció en París y fue un flechazo. Tienen dos hijos.

Para la mayoría de los libaneses, el dulce de leche es un sabor nuevo.
Para la mayoría de los libaneses, el dulce de leche es un sabor nuevo.


Para la mayoría de los libaneses, el dulce de leche es un sabor nuevo.

Decidieron regresar a Beirut -viven en el norte de la ciudad- porque querían más contacto con la familia para los chicos. “En Dubai la gente está de paso; cuando nació mi segundo hijo pensamos en instalarnos en el Líbano y resolví que había pasado la etapa de trabajar de sol a sol. Estoy muy agradecida a la carrera que hice, pero aunque podía seguir con la empresa desde Beirut, no quise”.

Llegaron al Líbano y mientras Iannone pensaba qué podía hacer, surgió la pandemia y se trastocó todo. “Me había cansado del mundo corporativo que tiene pros y también contras y quería hacer algo de manera independiente; mientras buscaba qué, ordené el regreso de los chicos al colegio, llegaron las fiestas de fin de año y el Covid. Cumplí 40 y un poco cambié las prioridades”, repasa.

Una amiga venezolana le pidió que le hiciera una torta de cumpleaños y fue el impulso, impensado, de su emprendimiento. “Cocinás tan rico, por qué no haces dulces”, empezaron a decirle. Iannone se decidió y compite con la pastelería francesa, la que más influencia tiene en el Líbano.

El 80% de sus clientes son de la comunidad latina, aunque los libaneses vienen en crecimiento. Un problema extra es conseguir ingredientes que son frecuentes para América Latina, como el dulce de leche. No hay. Eso la obligó a tener que aprender a fabricarlo. Y ahora no lo usa solo en sus preparaciones, sino que lo vende envasado. Pero aclara: “No promociono mucho porque es complicado de hacer y lo necesito para cocinar”.

Recuerda que de chica veía Utilísima y que siempre le gustó cocinar, pero aprovechó la pandemia y la demanda que encontró para hacer cursos online con pasteleras argentinas. En uno conoció a una chica que vive en Australia y, “en contra de todo, porque a los cocineros no les gusta dar recetas, le pidió a ella que le enseñara a hacer dulce de leche”.

Boutros (que podría traducirse del árabe como Pedro) es el dueño de una vaca que le entrega la leche fresca; ella la pasteuriza y hace el dulce de leche. “El Líbano está en medio de una crisis política, económica y financiera muy importante y prefiero sacrificar mis ganancias en vez de la calidad de lo que hago”, apunta.

La pastelería argentina seduce, de a poco, a los libaneses.
La pastelería argentina seduce, de a poco, a los libaneses.


La pastelería argentina seduce, de a poco, a los libaneses.

“Un día fabrico para los alfajores, otros para las tortas -agrega-. No lo promociono tanto para venderlo en frascos; hace apenas poco más de un año que hago esto y fue un período muy accidentado. Estoy feliz porque en medio de tantas crisis hacer lo que nos gusta y poder llevarlo adelante es muy bueno”.

A los libaneses el dulce de leche “les gusta mucho; la mayoría nunca lo probó; lo único con que comparan es la nutella italiana, que no tiene nada que ver”, apunta Iannone. Si de productos argentinos se trata, en el Líbano sólo hay yerba, porque muchos toman mate.

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