Chantaje emocional: Cuando la manipulación proviene de quienes más quieres

El chantaje emocional implica un desequilibrio de poder. [Foto: Getty]

En un mundo ideal, las personas de nuestro entorno deberían apoyarnos y apuntalar nuestra autoestima. En el mundo real, a veces las personas más cercanas se aprovechan de la relación y traspasan los límites de lo saludable cayendo en la manipulación emocional.

El abuso emocional siempre duele. Pero cuando proviene de las personas más cercanas ese dolor se acompaña de frustración y desilusión, tejiendo a nuestro alrededor una red de la cual es muy difícil escapar porque una parte de nosotros nos alerta de que podríamos estar viviendo una relación tóxica, pero otra parte se mantiene atada al vínculo emocional y cierra los ojos ante lo que ocurre.

Vale aclarar que todos, en ciertas circunstancias, podemos llegar a manipular emocionalmente, el problema sobreviene cuando esa manipulación se convierte en la norma, cuando crea una situación de desequilibrio de poder en la que una persona se encuentra permanentemente sometida y sus necesidades son relegadas a un segundo o tercer plano mientras otra se aprovecha.

¿Qué es el chantaje emocional?

El chantaje emocional es la peor forma de manipulación. [Foto: Getty]

El chantaje emocional es una forma de maltrato psicológico que suele encerrar una amenaza más o menos velada a través de la cual una persona intenta controlar a otra. El mensaje del chantajista es claro: “Si no haces lo que quiero, atente a las consecuencias”.

El chantajista hace palanca en el miedo, la responsabilidad, la culpa o el remordimiento para obligarnos a ceder. Frases como “un día de estos me voy y no me vuelves a ver” nos colocan, literalmente, al borde de un precipicio emocional. La amenaza constante del abandono genera inestabilidad y miedo, haciendo que sintamos que estamos caminando sobre una cuerda floja.

Generalmente ese tipo de relación se establece porque hemos desarrollado una dependencia emocional; o sea, necesitamos sentirnos amados, valiosos, apoyados, necesarios y/o apreciados. El problema es que el chantajista le pone un alto precio a la relación. Para satisfacer mínimamente nuestras necesidades emocionales nos vemos obligados a ceder continuamente a sus deseos, estar atentos a sus continuos cambios de humor, sortear sus exabruptos, soportar sus quejas y asegurarnos de no hacer nada que pueda molestarle.

¿Por qué es tan difícil reconocer el chantaje emocional?

A veces es más fácil justificar el chantaje emocional que afrontarlo. [Foto: Getty]

Cuanto más cercana es la relación, más vulnerables somos al chantaje emocional porque más nos preocupará que esa persona sea feliz. Dado que normalmente se trata de una persona que apreciamos o amamos, no soportamos verle sufrir. Por eso cedemos. Al inicio cederemos en cosas más intrascendentes, pero luego, sin darnos cuenta, como quien resbala suavemente por una pendiente, iremos cediendo en asuntos cada vez más importantes, hasta el punto de ceder casi por completo el control de nuestra vida.

El principal problema es que el chantajista cree que tiene derecho a nuestras renuncias y sacrificios. Considera que son muestras de amor imprescindibles, por lo que pedirá cada vez más, hasta que nos quedemos sin oxígeno psicológico.

El otro factor que nos impide reconocer inmediatamente el chantaje emocional es el autoengaño. Es difícil detectar la manipulación emocional porque no pensamos que una persona cercana y de confianza pueda asumir una actitud tan egoísta. De cierta forma, nos resistimos a aceptar esa realidad y, para proteger la relación, preferimos mirar hacia otro lado, hasta que la convivencia se vuelve insoportable.

De hecho, las relaciones marcadas por el chantaje emocional suelen ser una montaña rusa. El chantajista emocional sabe cuándo debe destensar la cuerda, para no llevarnos al límite, de manera que el contexto no suele ser completamente negativo. Al recibir una de cal y otra de arena, seremos más propensos a justificar el chantaje, lo cual prolongará la situación de manipulación.

Los 4 tipos de chantaje emocional

Los chantajistas emocionales usan diferentes estrategias de manipulación. [Foto: Getty]

La terapeuta estadounidense Susan Forward fue quien popularizó el término chantaje emocional. En su libro, Emotional Blackmail, describió los cuatro tipos principales de chantajistas. Conocerlos nos ayudará a no caer en sus redes o detectar la manipulación para ponerle coto cuanto antes.

  1. Castigadores. Estas personas hacen leva en el miedo para manipularnos. Nos dejan claro qué quieren y las consecuencias que tendremos que enfrentar si no lo hacemos. Suelen asumir un estilo de comunicación agresivo y directo. Usan frases como “si no lo haces, te abandonaré”, “si te divorcias, no volverás a ver a los niños” o “si no aceptas este proyecto, olvídate de la promoción”. Amenazarán con poner fin a la relación, retirar el apoyo económico o contar nuestros secretos más ocultos. De hecho, son tan buenos dibujando un futuro gris sin su ayuda, que este nos resulta aterrador. También son especialistas en ponernos en una situación en la cual, poder decidir se interpreta como una traición o una muestra de desamor. Y debemos tener cuidado porque su comportamiento puede tomar un cariz agresivo ya que redirige toda su rabia y frustración hacia la víctima.

  2. Auto agresivos. Estas personas no adoptan un estilo agresivo, sino que amenazan de manera más sutil recurriendo al drama y la histeria. A menudo se trata de personas dependientes emocionalmente que tienen miedo a ser abandonadas y recurren al chantaje para mantener a su lado a quienes necesitan. Frases como “si me dejas solo/a, me deprimiré”, “no discutas conmigo que me dará un infarto”, “si no entregas a tiempo este proyecto la empresa se irá a la ruina” o, en el peor de los casos “si me abandonas, me suicido”, son relativamente comunes para trasladar la responsabilidad al otro y lograr que haga lo que desean. De hecho, su estrategia de manipulación funciona porque hace leva en nuestro sentido de la responsabilidad. Tienen un talento increíble para el drama y para hacernos sentir responsables, ya sea por sucesos reales o imaginarios. El problema es que sus demandas incesantes terminan volviéndose opresivas.

  3. Mártires. Estas personas son vendedores de culpa. Y lo hacen a través de un estilo de comunicación indirecto: no suelen expresar lo que quieren ni las consecuencias de nuestra supuesta desobediencia, sino que dejan que las intuyamos o adivinemos. Este tipo de chantajista emocional no duda en usar su posición - ya sea la infelicidad o una enfermedad - como un as bajo la manga para lograr lo que quiere. Nos culparán de su situación y nos dejarán entrever que la única manera para estar mejor es que cedamos a sus deseos. De hecho, si no captamos al vuelo lo que desean, lo interpretarán como una señal de que no nos preocupamos lo suficiente por ellos. Sus frases preferidas son: “con todo lo que he hecho por ti, y así me pagas” o “haz lo que quieras, tú verás”. Es habitual que recurran al silencio como castigo, esperando que nos sintamos culpables para que cedamos a sus demandas, o que enumeren todas sus miserias y calamidades para que nos avergoncemos.

  4. Seductores. Este tipo de chantaje emocional es radicalmente diferente porque se basa en promesas maravillosas para lograr que cedamos. De hecho, es un chantaje muy sutil porque estas personas nos prometen amor, pasión, dedicación, dinero o desarrollo profesional, a cambio de que nos comportemos como ellos quieren. Son vendedores de humo que juegan con nuestras ilusiones. El problema es que cada “regalo” viene con letra pequeña. Dibujan castillos en el aire que no dudarán en esfumar ante nuestros ojos si nos atrevemos a romper las reglas que han establecido o los desafiamos. Estas personas ponen un “precio de admisión” a la relación, un precio que a menudo es demasiado alto y que no deberíamos estar dispuestos a pagar.

¿Cómo lidiar con el chantaje emocional?

Reconocer el chantaje emocional es el primer paso para liberarse. [Foto: Getty]

El chantaje emocional es un juego de poder tóxico en el que siempre salimos perdiendo. Podemos terminar con la autoestima destrozada, sintiéndonos culpables de las emociones, decisiones y conductas de la otra persona, hasta caer en un estado de indefensión aprendida en el que nos resignamos a vivir de esa forma, consintiendo que cada día desaparezca un nuevo pedazo de nuestra libertad e identidad.

Para no llegar a esos extremos es importante:

  • Establecer límites claros. En todo tipo de relación debemos estar dispuestos a ceder para llegar a acuerdos. No obstante, debemos tener claros cuáles son nuestros límites, esas líneas rojas que el otro no debe cruzar. Debemos determinar qué nos parece injusto e innegociable. Y pedir respeto, a la vez que respetamos los límites de quienes nos rodean.

  • Determinar las prioridades. Si no establecemos nuestras prioridades, si no somos capaces de tomar decisiones y poner rumbo a nuestra vida, alguien lo hará en nuestro lugar. Por eso, la mejor manera para afrontar el chantaje emocional es tener claras nuestras prioridades y saber defenderlas.

  • Mantener un estilo de comunicación honesto. Toda relación debe ser bidireccional. No debemos tener miedo a expresar nuestros sentimientos e ideas. Si una persona nos exige un sacrificio, debemos explicarle cómo nos sentimos al respecto. No podemos permitir que en una relación, una parte siempre se vea obligada a ceder y la otra siempre salga ganando.

  • Repensar el concepto de relación. A veces el chantaje emocional sienta su base en creencias compartidas, como el hecho de que las parejas deben hacer todo juntos o que el amor exige un sacrificio incondicional. Para detener una relación tóxica es probable que tengamos que replantearnos algunas creencias desadaptativas que pueden estar sustentando la manipulación y coloquemos en su lugar ideas más maduras y saludables que faciliten el crecimiento de cada persona como individuo.

En cualquier caso, ante la duda, lo mejor es pedir tiempo. Si una exigencia no nos convence o no estamos preparados para tomar una decisión, lo mejor es pedir un poco de tiempo para reflexionar. Ese tiempo nos permitirá asumir la distancia psicológica necesaria para decidir mejor.


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