Chips: motos, uniformes ajustados y un despiadado enfrentamiento entre sus protagonistas

Guillermo Courau
·9  min de lectura

Motos relucientes, anteojos negros impecables, cascos brillosos, armas de adorno y el uniforme dos talles más chico. La iconografía de Chips (o Patrulla motorizada, según el doblaje setentoso) pesaba más que la historia en sí. La banda de sonido compuesta por John Carl Parker, le imprimía un tono de acción trepidante que no solía ir de la mano con los guiones de la serie. Y es que Chips nació en una época en que la violencia en televisión estaba mal vista, así que fue cuestión de tomar todos los elementos de sus predecesoras, reformularlos, hacer exactamente lo contrario y rogar que la audiencia acompañara. Y acompañó.

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En la segunda mitad de los '70 y gran parte de los '80, la televisión norteamericana quedó en el ojo de la tormenta por la crueldad de sus contenidos. Especialistas y no tanto señalaban con el dedo a los programas de la época (especialmente los policiales), haciéndolos responsables de todos los males de la sociedad. La situación llegó a tal punto que comenzó a repercutir en el seno familiar y, por ende, en los números de rating. La solución de parte de las cadenas fue crear nuevos productos que apaciguaran a la turba, protagonizados por gente simpática y carismática envuelta en problemas menores. No es casualidad que de esta época sean B.J., Los Dukes de Hazzard o Buck Rogers. Y de todas ellas, Chips fue la que marcó el camino.

En 1976, luego de haberse hecho cierto nombre gracias a programas de juegos y talk shows, el guionista y productor Rick Rosner buscaba una idea para saltar a la ficción. Inspirado por su amistad con un grupo de policías motorizados de California, y subiéndose a la ola de lo políticamente correcto, Rosner bocetó el concepto de dos patrulleros del sur de California cuya tarea era mantener el orden en las calles, sea poniendo multas, rescatando a alguien en peligro o cruzándose con algún que otro criminal de vuelo bajo.

Como la estrella era el concepto no había necesidad de grandes figuras, y tampoco tanto dinero para arriesgar. El ignoto Larry Wilcox fue elegido para interpretar al oficial Jon Baker (verdadero nombre del sobrino de Rosner), rubio, carilindo y "barato", justo lo que la cadena buscaba en un protagonista. Como la costumbre de la época era que los policías anduvieran de a dos -y aunque la patrulla motorizada de Los Ángeles no lo hacía- a Wilcox se le sumó el norteamericano de ascendencia puertorriqueña Erik Estrada como Frank Poncherello (sí, con "e", no "Poncharelo" como nos hizo creer durante décadas el doblaje).

"Ponch", uno de los primeros personajes latinos en protagonizar una serie, fue celebrado por romper con los estereotipos arraigados en el cine y la televisión hasta ese momento. Completó el reparto el talentoso Robert Pine, como el sargento Getraer.

La idea gustó, el piloto se aprobó y la policía de Los Ángeles acompañó con la intención de "promover la imagen positiva de la fuerza y de la seguridad vial". Con todo a favor, Chips se estrenó el 15 de septiembre de 1977 por la cadena NBC (a la Argentina llegó recién en 1980) y de inmediato se convirtió en un éxito.

A pesar de lo limitada y tibia de la propuesta en relación con otras series de la época como Los profesionales, Chips consiguió una empatía inmediata con el público gracias a la detallada creación de los personajes. Las vidas privadas de Jon y "Ponch" tuvieron un peso muy importante en la trama, dotándolos de humanidad y desacartonando su imagen de servidores de la ley.

El pasado de Baker como veterano en Vietnam y sus primeros años en Wyoming, la destreza deportiva y el poder de seducción de "Ponch" o su habilidad para cantar y bailar, fueron elementos que abrieron el abanico de la propuesta y terminaron empatando a las secuencias de acción y al drama policial. Lo mismo que las impecables motos Kawasakis que manejaban los protagonistas, que se transformaron en un personaje en sí mismo.

Conforme fueron avanzando las temporadas, Chips construyó una audiencia fiel, y fue ahí cuando empezaron los problemas. Desde el inicio había quedado claro que Larry Wilcox era el protagonista, incluso su contrato era económicamente superior al de su compañero, pero ninguna planificación resistía el fanatismo de los seguidores, cautivados por el carisma de Erik Estrada, por sobre el rubio carilindo.

"Ponch" comenzó a tener vuelo propio, los clubes de fans se multiplicaron y llegó a ser elegido por revistas para adolescentes como "el hombre más sexy de la TV". Además, Estrada consideraba que había hecho mucho por el rol: no solo había tomado capacitaciones junto a verdaderos policías para poder cumplir mejor su papel, sino que también había hecho cursos de cómo andar en moto. Su entrega fue tal, que luego de un accidente (uno de muchos) durante la segunda temporada, aceptó que lo grabaran durante la internación para poder incorporar la situación al programa.

Claro que toda historia tiene dos caras, y desde la vereda de enfrente Wilcox sentía que a su compañero se le había subido la fama a la cabeza, por lo que los encontronazos entre ambos volvieron irrespirable el set de grabación. Uno de los primeros signos hacia el exterior de los problemas entre ambos actores fue cuando Wilcox no figuró en la lista de invitados al casamiento de Estrada con Joyce Miller, en 1979. Fue el primero de los tres matrimonios del actor, y terminó siete meses después con una denuncia de Miller por haber sido "forzada a participar de actos homosexuales, rituales de magia negra y uso de drogas prohibidas". La sangre no llegó al río y el asunto se resolvió con un arreglo extrajudicial.

Como los productores hacían caso omiso a las exigencias del intérprete, Erik Estrada los amenazó: hasta que no cambiaran ciertas cláusulas de su contrato, no arrancaba la quinta temporada. Como las negociaciones no se terminaron a tiempo, en los primeros capítulos del año, "Ponch" fue reemplazado por el exatleta olímpico devenido en actor Bruce Jenner. Fueron solamente seis episodios que Jenner transitó sin pena ni gloria: la fama la conocería años después por su paso por el reality Keeping Up with the Kardashians, y su posterior cambio de género.

Lejos de aplacar los ánimos, la vuelta de Erik Estrada no hizo otra cosa que reavivar los choques entre ambos protagonistas, hasta que un día Wilcox dijo basta y renunció. Al menos esa fue la versión oficial, porque durante años el actor aseguró que su salida de la serie fue parte de la negociación de Estrada, que quería "ser la única estrella"; y que puestos ambos nombres en la balanza, los productores no tuvieron ninguna duda acerca de con quién quedarse.

Con el inicio de la sexta temporada de Chips, Estrada consiguió el tan ansiado protagonismo. A su lado patrullaba el debutante Tom Reilly, en el papel del agente Bobby Nelson. Pero duró poco. Reilly fue arrestado en 1982 por posesión de marihuana, y la California Highway Patrol puso el grito en el cielo: no era el tipo de imagen que les interesaba apoyar. El productor Rick Rosner fue rápido de reflejos y voló de un plumazo al actor de la serie, reemplazándolo por su colega de 25 años, Bruce Penhall, que interpretó al hermano menor del personaje de Reilly. Con tanto cambio sobre la marcha y un marcado agotamiento creativo, Chips se fue desinflando, y luego de seis temporadas fue cancelada.

Terminada la serie Larry Wilcox -consciente de sus limitaciones- apareció como invitado en algunos programas de la época y luego desarrolló una carrera como empresario y productor de TV. En 2011 fue condenado a tres años de prisión en suspenso y 500 horas de trabajo comunitario por fraude bursátil.

Erik Estrada, en cambio, decidió seguir usufructuando su imagen de "macho latino", y continuó viviendo de ella hasta hoy. Su currículum incluye algunas perlas lindantes a lo bizarro como su trabajo en la telenovela mexicana Dos mujeres, un camino y sus publicidades para un suplemento dietario muy famoso hace dos décadas.

Durante muchos años, los protagonistas de Chips no se vieron las caras, pero el tiempo y la merma en las respectivas cuentas bancarias limaron las asperezas entre ambos y en 1999 se reunieron para la película para televisión Chips '99, un producto amable solo para nostálgicos que los encontró con más papada, canosos y con poco que decir.

Durante casi dos décadas Chips quedó en el olvido, alimentada solamente por lanzamientos en DVD de la serie original, y las periódicas visitas de sus protagonistas a cuanta convención de cómics hubiera. Hasta que alguien tuvo la mala idea de creer que era el momento de un revival, y en 2017 se estrenó la película Chips, Patrulla motorizada recargada, escrita dirigida y protagonizada por Dax Shepard, con el comediante Michael Peña como Poncherello.

Fuera del vestuario y los nombres de los personajes, del espíritu de la original no quedó nada. El resultado fue tan mediocre que indignó a los viejos fans y fue tratado con total indiferencia por los nuevos. De esta manera, este producto falto de encanto se suma a un catálogo de pésimas decisiones a la hora de adaptar series clásicas, en el que también están El avispón verde (2011), Los Dukes de Hazzard (2005) o Starsky y Hutch (2004), entre muchas otras.

Nada se ha vuelto a decir o crear en torno a Chips. Wilcox sigue con su trabajo detrás de cámaras como productor, y Estrada continúa actuando, pero se compenetró tanto en su papel de servidor público que en 2016 se unió al Departamento de Policía de San Antonio para investigar delitos sexuales virtuales a menores y cyberbullying.

Un destino acorde a su personaje en Chips, la serie que sentó las bases para una nueva forma de hacer policiales; bases que no duraron mucho, es cierto, pero que marcaron dos de las décadas más importantes en la historia del entretenimiento televisivo.

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