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Científicos argentinos hallan las claves para mejorar el tratamiento del dolor crónico según la edad

El trabajo fue publicado en la revista científica Biogerontology
El trabajo fue publicado en la revista científica Biogerontology

MENDOZA.— Es un paso efectivo contra el sufrimiento físico, sobre todo cuando persiste en el tiempo. Un grupo de investigadores argentinos avanza con descubrimientos para que los tratamientos contra el dolor crónico sean más certeros. En este caso, tiene que ver con la edad de cada paciente, ya que los científicos de la Universidad Nacional de Cuyo y del CONICET hallaron que los “blancos terapéuticos” evaluados se modifican durante la vida. Así, los datos aportados por los especialistas vienen a modificar los actuales paradigmas, poniendo en evidencia que los medicamentos utilizados en la actualidad funcionan de manera diferente en jóvenes y en personas mayores.

De acuerdo con diferentes estudios académicos, la mitad de los pacientes que padecen dolor crónico no consigue controlar adecuadamente la afección, lo que impacta en la calidad de vida y abre paso a otras comorbilidades. Esta situación, complica aún más a quienes tienen mayor edad, lo que motivó a los científicos a profundizar las pesquisas en laboratorio. “Esta realidad es aún más pronunciada en personas mayores de 65 años, grupo en el que la incidencia de fallo terapéutico para el dolor crónico de origen patológico se acerca al 70%”, explicó Cristian Acosta, director de la investigación sobre la fisiopatología del dolor, un proyecto iniciado por Diego Messina, y que cuenta también con la activa participación de Emanuel Peralta, ambos becarios doctorales del Conicet.

Por tal motivo, el trabajo del equipo del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM), dependiente de la UNCuyo y del Conicet, el cual fue publicado en la revista científica Biogerontology, se centró en examinar el efecto que el envejecimiento tiene sobre la función del sistema sensorial periférico, encargado de detectar y responder a estímulos de tipo mecánico y térmico. “Este sistema nervioso periférico incluye a las neuronas aferentes primarias que se ubican en los ganglios de la raíz dorsal. Estas neuronas están altamente especializadas en la detección de diferentes sensaciones y para ellos utilizan proteínas específicas”, agregó Acosta, quien trabajó con miembros del Laboratorio de Estudios Neurobiológicos (LABENE), del IHEM.

El equipo del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM)
El equipo del Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM) - Créditos: @Gentileza

En este sentido, los investigadores pusieron el foco en cuatro proteínas que cumplen roles importantes en las alteraciones sensoriales que acompañan al dolor crónico y cambian a lo largo del envejecimiento, por lo que se dedicaron a analizar el rol que cumplen de manera normal en las diferentes edades. Se trata de las proteínas Nav1.8, P2X3, ASIC3 y TRPM8, consideradas como blancos para el tratamiento del dolor crónico, aunque en las investigaciones realizadas hasta ahora se asume que la expresión de dichas proteínas es la misma a lo largo de la vida y que su rol es insignificante en ausencia de dolor.

Por eso, los profesionales del IHEM profundizaron los análisis y mostraron que las proteínas estudiadas cambian su abundancia relativa en el sistema nervioso periférico con la edad mientras que cuando se inhiben farmacológicamente en animales jóvenes y viejos que no tienen dolor, las drogas causan alteraciones en la percepción mecánica y fría. “Algo totalmente inesperado”, señaló el investigador, quien explicó que se trata de la primera evidencia de que marcadores típicos de nociceptores (neuronas especializadas en la detección y procesamiento del dolor) cambian su patrón de expresión durante el envejecimiento saludable.

Una de las motivaciones para avanzar en la investigación de acuerdo con las edades responde a que los tratamientos del dolor en personas mayores tienen causas multifactoriales, según los profesionales que se abocaron al estudio. “La comunidad científica posee un entendimiento incompleto e imperfecto de los procesos que subyacen a la generación y mantenimiento de este tipo de dolor en personas mayores. Además, la investigación preclínica y clínica se realiza en personas jóvenes, saludables y de raza blanca, lo cual impide saber lo efectiva que una dada terapia es en un grupo etario diferente”, destacó Acosta.

Proceso largo

La investigación recorrió un largo proceso para llegar a los actuales resultados, con estudios comparativos en ratas de tres a 24 meses de edad. De acuerdo con el estudio, se evaluaron de manera paralela las respuestas comportamentales frente a estímulos no nocivos mecánicos y fríos y la evolución de la expresión de los marcadores Nav1.8, P2X3, ASIC3 y TRPM8 en neuronas aferentes primarias del ganglio de la raíz dorsal. “En la experiencia relevaron que varias de esas moléculas se expresan en bajos niveles en los animales geriátricos y, por lo tanto, son blancos con probable baja eficacia para tratar dolor crónico”, señalan los investigadores.

En este sentido, los hallazgos evidencian que una droga que haga blanco sobre la actividad del canal P2X3 o sobre Nav1.8 probablemente carezca de actividad terapéutica en pacientes de mayor edad, ya que ambas proteínas se expresan en bajos niveles a dicha edad, indican los profesionales. “Por el contrario, ASIC3 parece ser un blanco más prometedor, dado que se expresa en niveles mayores en los animales geriátricos, por lo que el dogma de que las causantes de dolor crónico son las mismas en todas las edades y que por ende, es posible tratarlo en cualquier momento de la vida con las mismas drogas, no es acertado”, destacó Acosta.

El estudio evidencia que los medicamentos utilizados en la actualidad funcionan de manera diferente en jóvenes y en personas mayores
El estudio evidencia que los medicamentos utilizados en la actualidad funcionan de manera diferente en jóvenes y en personas mayores - Créditos: @Carina_Staiti

Con estos resultados, se deberá ahora enfocarse en la detección de las proteínas expresadas en neuronas aferentes primarias que son más abundantes y relevantes para cada edad. De esta manera, se podrá dar un tratamiento que tenga mejores posibilidades de éxito. “No puede omitirse que, independientemente de las drogas que se usen, habrá efectos secundarios sobre la sensibilidad mecánica y fría normales, por lo que se requiere una revaluación de las estrategias terapéuticas actualmente bajo estudio”, aclaró el líder del equipo de científicos, que ya ha completado todas las etapas de evaluación preclínica de inhibidores selectivos de canales Nav1.8 y de ASIC3 en modelos de dolor crónico inflamatorio.

“Aunque estos resultados están en vías de publicación, podemos adelantar que el bloqueo de Nav1.8 es más efectivo para el alivio temprano de la hiperalgesia mecánica y el dolor espontáneo en los jóvenes, mientras que antagonizar ASIC3 parece ser más efectivo en animales envejecidos”, señalaron los investigadores, quienes dejaron en claro que se vienen más estudios en otros modelos de dolor para examinar su validez en otras patologías, especialmente en dolor neuropático, que está siendo estudiado por Peralta, y en dolor post-quirúrgico, que será evaluado por una becaria de reciente incorporación, Yanaysis Stable García.

En todo el proceso estuvo el aporte intelectual y de recursos de investigación de Sean Patterson profesor adjunto del Instituto de Fisiología de la UNCUYO e investigador adjunto de Conicet así como de Alicia Seltzer, profesora Titular de Histología en la Universidad Nacional de Villa Mercedes e investigadora independiente de Conicet. El trabajo contó con financiamiento de ese organismo nacional y del Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (Foncyt). También, se utilizaron las instalaciones del laboratorio de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo para cada uno de los experimentos.

Tanto el Ministerio de Salud de Mendoza como diversos especialistas consultados por LA NACION ven con buenos ojos los hallazgos presentados aunque son prudentes a la hora de analizar el impacto que esto puede tener en los tratamientos futuros, a la espera de que se afiancen los avances logrados por el equipo de científicos.