Las mentiras de 'El expreso de medianoche' siguen haciendo daño 40 años después

El impacto de El expreso de medianoche se sigue sintiendo cuatro décadas después de su estreno. La mítica película dirigida por Alan Parker (Evita, Las cenizas de Ángela) con guion de Oliver Stone (Platoon, Nacido el cuatro de julio) conmocionó a todo el mundo a finales de los 70 con la cruda historia real de Billy Hayes, un turista norteamericano que fue encarcelado en Turquía tras intentar salir del país con dos kilos de hachís escondidos en su cuerpo.

(Crédito: Columbia Pictures)

El infierno que Hayes vivió en las cárceles turcas dio lugar a un film extremadamente duro y violento para la época que no daba tregua al espectador, mostrándole las torturas y vicisitudes a las que el protagonista fue sometido durante años, hasta culminar en un clímax absolutamente demoledor. Sin embargo, solo hace falta echar un vistazo al libro autobiográfico del propio Hayes en el que se basa el guion para comprobar que la adaptación se toma muchas licencias creativas con dudosas intenciones.

El expreso de medianoche da comienzo con Hayes a punto de embarcar en un avión para regresar a Estados Unidos después de una estancia en Estambul con su novia. El joven es detenido por la policía turca, que lo descubre escondiendo varios paquetes de droga bajo su ropa. Después de un juicio, se le impide regresar a Estados Unidos y acaba condenado a cuatro años de prisión (que se convertirán más adelante en cadena perpetua) en Turquía, donde su vida se convertirá en un auténtico calvario a manos de despiadados guardias de seguridad y un sistema penitenciario inhumano. Tras varios años de sufrimiento, Hayes consigue escapar de la prisión después de matar accidentalmente a un guardia que intenta violarlo.

Pero una cosa es el cine y otra la realidad, aunque a veces una supere a la otra. Comparando la película con el best-seller comprobamos que las diferencias son significativas. La omisión más importante que lleva a cabo la versión cinematográfica es la que ayuda a retratar a Billy Hayes como al perfecto americano. Según el libro, Hayes fue drogadicto y, de hecho, su adicción empeoró durante los años que permaneció encarcelado en Turquía. Pero en su lugar, el film lo presenta como a un ciudadano norteamericano casi intachable y de buena familia que había cometido un simple error.

El encargado de interpretar a Hayes en la gran pantalla fue Brad Davis, actor y sex symbol conocido por películas como Carros de fuego o la erótica Querelle que representaba el ideal americano, pero también escondía sus propios demonios (como Hayes, padeció adicción a las drogas y murió a los 41 años a causa de complicaciones tras contraer el VIH). En la piel de Davis, Hayes se presentó al espectador como un ciudadano modélico, cuando el hombre real en el que se basaba estaba muy lejos de serlo. De hecho, el delito de Hayes en Turquía no fue un caso aislado, sino que llegó a transportar droga ilegalmente en más ocasiones -detalle que reconoció en una entrevista pero no se incluyó en la película para evitar mayores problemas legales (vía Smh).

Para convertir a Hayes en una víctima con la que la audiencia pudiera empatizar, El expreso de medianoche se tomó la libertad de endurecer aun más su relato inventando o magnificando varios de los pasajes más desagradables del film. Por ejemplo, según cuenta él mismo en su libro, Hayes nunca fue violado en prisión, como tampoco fue él quien mató al guardia de seguridad, sino que este murió a manos de otro preso varios años antes. Lo que sí es cierto es que mantuvo una relación homosexual consentida con uno de sus compañeros de cárcel. No obstante, la película pasa de puntillas por este dato, relegándolo a una breve y romántica escena de ducha que se antoja completamente desconectada del resto de la película.

Los cambios que Parker y Stone efectuaron a la historia de Hayes contribuyeron a dañar la imagen de Turquía en un intento patriótico de blanquear la de un ciudadano estadounidense. No ocurre solo en las escenas de prisión, sino también durante los interrogatorios y el juicio, donde los turcos y su sistema legal se convierten en un chiste. Siendo El expreso de medianoche una película norteamericana, es de esperar que no tire piedras sobre su propio tejado y haga lo posible por dejar a su país en buen lugar, pero las licencias que se tomó sirvieron para proyectar una imagen muy negativa de Turquía al resto del mundo, algo que el propio Hayes considera el mayor error de la adaptación (via Hdnh), y de lo que actualmente se sigue lamentando.

Después de su huída de la prisión de İmralı en 1975, Hayes utilizó su experiencia para darle la vuelta a su vida. Desde entonces ha escrito varios libros sobre lo vivido y ha desarrollado una carrera en la industria del entretenimiento, trabajando como director y guionista (ganó varios premios con Southside) y llegando a actuar en numerosas películas entre los 80 y los 90. Desde 2013, Hayes ha viajado por todo el mundo con su espectáculo Riding the Midnight Express with Billy Hayes, one man show en el que a día de hoy sigue contado el “épico viaje de auto-descubrimiento” que lo transformó personalmente.

El expreso de medianoche es una de las películas más sobrecogedoras de los 70. Pero más allá de su indudable valor como obra cinematográfica, se la responsabiliza de haber denigrado la imagen de Turquía. Con el tiempo, Hayes ha tratado de compensarlo, llegando a ofrecer en 2007 una disculpa pública al país, donde regresó por primera vez desde su huída. Contando su historia real una y otra vez, Hayes está demostrando la posibilidad de cambiar y convertir una experiencia negativa en una oportunidad para crecer personalmente, pero también la está utilizando para enmendar el daño que la película basada en su vida causó a un país entero.

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