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'Código emperador' refleja que el cine español comienza a tener un problema con el thriller

El thriller es uno de los géneros que más gustan en España. No hay más que ver que no paran de llegar películas y series de esta temática, como este mismo viernes 18 de marzo, que en Movistar+ se estrenaron nuevos capítulos del thriller policiaco La unidad y en cines nos llega Código Emperador. De la primera no puedo hablar porque no he tenido ocasión de verla, pero la segunda me ha llevado precisamente a reflexionar sobre este no parar de títulos de género que llegan cada año a cine, televisión y plataformas. Y no en un buen sentido.

Luis Tosar en Código Emperador (Foto: Jaime Olmedo / A Contracorriente)
Luis Tosar en Código Emperador (Foto: Jaime Olmedo / A Contracorriente)

Código Emperador, cinta dirigida por Jorge Coira con un reparto encabezado por Luis Tosar, Alexandra Masangkay, Denís Gómez, Maria Botto, Miguel Rellán o las estrellas de Élite, Georgina Amorós y Arón Piper, es un thriller sobre las cloacas del poder. Una historia inspirada en hechos reales acerca de servicios de espionaje en los recovecos más oscuros de las altas esferas políticas y sociales.

Es un punto de partida interesante, que trata de abordarse desde diferentes aristas hasta tejer un entramado narrativo que entretiene, cautiva y te mantiene al borde de la butaca. Sin embargo, pese a que la considero una muy buena película, durante su visionado no dejaba de pensar que se trataba de una propuesta que he visto en infinidad de ocasiones. Sentía que su estética era genérica, que a nivel formal no tenía nada sorprendente y que su historia, a pesar de que no recuerdo haber visionado una similar en los últimos años, la percibía como rutinaria.

Fue entonces cuando me paré a pensar en el no parar de thrillers españoles que llegan a nuestras pantallas, en películas como Way Down, Hasta el cielo, Bajo cero, Las leyes de la frontera, Quien a hierro mata, El desconocido, El reino, El aviso, Cien años de perdón, El niño,... Se trata de relatos cuyos nexos argumentales mayoritariamente se encuentran en los elementos comunes del género, que cuentan con cineastas de diversa índole detrás y que disponen de una esencia muy dispar. Sin embargo, con Código Emperador sentía que estaba viendo un calco de la mayoría de estos títulos, sin ni siquiera tener mucho que ver con ellos. Pero parándome a analizar los nombres detrás de la mayoría de estas producciones pude llegar a una conclusión.

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En primer lugar, creo que es percatable que un actor como Luis Tosar no para de merodear por el género. De los títulos de los últimos años que mencionaba antes, está presente hasta en seis de ellos, interpretando la mayor parte de las veces perfiles de personaje muy similares. Esta es una de las principales razones por la que su actuación, y por tanto la película, llega a sentirse rutinaria y sin ningún as bajo la manga.

Pero, mirando más en profundidad los responsables de Código Emperador, también se ven nombres demasiado habituales en el thriller como el del guionista Jorge Guerricaechevarría. Se trata del responsable de cintas como El día de la bestia, La comunidad, La caja Kovak, Celda 211, El niño, Cien años de perdón, Perfectos desconocidos, El aviso, Quien a hierro mata, Hasta el cielo o Las leyes de la frontera... Es decir, un alto porcentaje de la producción de thrillers que vemos en cine y que guardamos en nuestra memoria, trabajando habitualmente con directores que tampoco paramos de ver por el género como Álex de la Iglesia, Daniel Calparsoro o Daniel Monzón.

En ese sentido, siento que el thriller español está estancado en los mismos registros estilísticos, en los mismos equipos artísticos, en una zona de confort en la que no siente la necesidad de salir. Entiendo que coger a gente reputada y talentosa como Guerricaechevarría o Tosar sea una opción muy tentativa, pero habría que pensar que el género debe abrirse a nuevas ideas y rostros que aporten la frescura que perdió hace tiempo. Y creo que abrirse hacia nuevos talentos y visiones podría ser la solución.

Luis Tosar y Arón Piper en Código Emperador (Foto: Jaime Olmedo / A Contracorriente)
Luis Tosar y Arón Piper en Código Emperador (Foto: Jaime Olmedo / A Contracorriente)

Por ejemplo, mirando a otros géneros explotados hasta la saciedad por el cine español como la comedia, me viene a la mente el caso reciente de La familia perfecta, la cinta que Belén Rueda y José Coronado protagonizaron el pasado 2021. Se trataba de una comedia con una base muy típica sobre el choque entre clases sociales y sus estereotipos, con humor explotado hasta la saciedad. Sin embargo, su directora, Arantxa Echevarria, que venía de debutar en el largometraje con el drama independiente Carmen y Lola, supo aportar un toque personal, íntimo y emocional que hizo que no se sintiera como una comedia más del montón, que se diferenciara el no parar de producciones similares que se hacen en España.

Y esto es lo que le falta al thriller, nuevas voces que empiecen a marcar el punto de diferencia en el género. Mismamente, ya que mencionaba el caso de Arantxa Echevarría con la comedia, una opción que debería empezar a rondar por las productoras es el de dar voz a mujeres cineastas en estos géneros tan transitados por hombres. Y lo digo porque Código Emperador también me ha hecho reflexionar sobre este tema.

Aunque su plantel de personajes esté lleno de mujeres fuertes, es inevitable no darse cuenta de que en la acción acaban relegadas a un segundo plano y son los hombres los que toman la delantera, por no hablar de algunos de los roles principales pasan por papeles de criada o de joven abierta a prostituirse para ayudar a conseguir información. Entiendo que al entrar a criticar ese mundo de las altas esferas es normal adentrarse en lo moralmente cuestionable y en personajes controvertidos, pero creo que se podría abordar desde varias aristas. Y me ha pasado lo mismo con otros thrillers recientes como Hasta el cielo, donde veíamos a actrices como Carolina Yuste se comen la pantalla en cada una de sus intervenciones para finalmente ser eclipsada en la historia por todo el plantel masculino.

Por todas estas razones que comento, pienso que estudios y productores deberían tratar de renovar el género, de salir de esta zona de confort y de intentar buscar la frescura en nuevas fórmulas, cineastas y rostros que rompan esquemas y sorprendan. Porque este estancamiento quizás pueda empezar a ser un problema serio que tire por la borda grandes ideas llevándolas hacia la monotonía.

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