¿Puedes sufrir un trastorno de la conducta alimentaria? Averígualo con este test

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Desde que Shaila Dúrcal anunció en redes sociales que había perdido 20 kg de peso y, después, hablar de su relación con la comida en el programa Sálvame Deluxe, muchas hemos hecho examen de conciencia y nos hemos planteado cómo comemos. ¿Lo hacemos con la idea siempre de no engordar o perder peso, para nutrirnos y disfrutar de la comida o nuestra dieta parece una operación matemática en la que no dejamos ningún cabo suelto? Es la comida un premio, un castigo o un simple acto para aportar la energía y los nutrientes necesarios para vivir¿ ¿Comemos por necesidad, porque nos gusta o por ansiedad? Este test de personalidad podría ayudarte a averiguarlo.

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Test de personalidad

Responde a estas preguntas para tener una idea de cómo puede ser tu relación con la comida y si necesitas que un experto te ayude a mejorar algunos aspectos de tu alimentación o de ti misma.

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¿Qué es el hambre emocional?

Como nos explican los psicólogos de GrupoLaberinto, muchas personas tienen una relación con la comida un tanto complicada y sufren lo que los expertos llaman ‘hambre emocional’. Esto es comer sin hambre, comer por ansiedad, por inseguridad… Surge repentinamente y pide al organismo satisfacer esa “necesidad” con un alimento específico, que por lo general está asociado a dulces, patatas fritas, chucherías o comida rápida, en definitiva, a alimentos ricos en hidratos de carbono y en grasas.

Esta situación puede superarse con la ayuda adecuada y comprendiendo por qué comemos. Desde GrupoLaberinto nos aportan algunos ‘tips’ para entender qué es el hambre emocional y cómo podemos gestionarla para que nuestra relación con la comida mejore.

Consejos para vencer el hambre emocional:

El hambre emocional nace como respuesta al malestar emocional y en vez de investigar qué es lo que nos afecta, se entierra comiendo. Lo interesante, además de poner freno a los excesos gastronómicos y regularlos, es investigar sólos o con ayuda profesional que nos está pasando, ponerle remedio si es posible y si no lo es asumirlo y tratar de superarlo.

Mantener la mente ocupada es uno de los mejores trucos para evitar el hambre emocional es distraer la mente con cualquier actividad sencilla, leer, pintar, trabajar… y, sobre todo, hacer deporte. El ejercicio físico es un hábito muy recomendable para conseguir reducir la ansiedad y vivir de una forma más optimista. Los expertos recomiendan 40 minutos de cardio al día para vivir libres de ansiedad.

La práctica de técnicas de relajación como la meditación o el mindfulness también ayudan. Tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas mediante sus prácticas, haciendo que éstas logren que sus días sean más plenos y felices. De esta manera la ansiedad disminuirá y, con ella, el hambre emocional.

Otros trucos para manejar el hmbre emocional son:

  1. Tomar infusiones sin cafeína ni teína, como el roibos, además de calmar la ansiedad, son ideales para dormir el apetito.

  2. Beber agua sola o con limón, naranja o un toque de fruta es sano, refrescante y sencillamente delicioso. Ocupan espacio en el estómago y entretienen.

  3. Tomar yogur o queso fresco puesto que aportan nutrientes y no tienen demasiadas calorías.

  4. Come varias veces e incluye proteínas para sentirte más saciada

  5. Hacer un trabajo terapéutico para conocer mejor nuestro malestar emocional, saber su origen, aprender a controlarlo y/o tolerarlo, es probablemente el mejor método para abordar nuestro “hambre emocional”.

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¿Podría sufrir un trastorno de la conducta alimentaria?

Hay enfermedades más serias que afectan a la comida pero que deben tratarse desde el punto de vista psiquiátrico y psicológico, puesto que se trata de dolencias que pueden afectar gravemente a la salud física y mental de los pacientes. Se trata de los trastornos de la conducta alimentaria. “Los TCA son enfermedades que provocan graves secuelas en la salud física de la persona afectada además de las secuencias psicológicas y psíquicas”, explica la psicóloga Alba Muñoz que dirige la Unidad especializada en el tratamiento ambulatorio de los Trastornos de Conductas Alimentarias (TCA) en el hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar

Los TCA se manifiestan generalmente bajo tres tipologías: anorexia, bulimia y trastorno por atracón, los primeros síntomas suelen detectarse entre los 11 y 24 años, aunque “cada vez se están presentando en edades más tempranas”, puntualiza.

Síntomas de alerta de un TCA:

  • Obsesión por el peso y la comida

  • Distorsión de la imagen corporal

  • Aislamiento social

  • Irascibilidad

  • Utilización de ropa ancha

  • Modificación de hábitos de alimentación

  • Conductas compensatorias (ayunos, diuréticos, vómitos…)

  • Práctica obsesiva de la actividad física, entre otros.

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Ortorexia, la obsesión por comer sano

Por último, hablamos de otra relación con la comida que, a priori, podría parecer saludable pero que, sin embargo, no lo es ya que se trata de una obsesión, a la que le acompañan pensamientos negativos si no cumplimos la dieta; esta se acaba convirtiendo en el ‘tema’ principal; nos lleva a modificar conductas, relaciones y ocio y puede llegar a ser fuente de malestar psicológico, como nos advierte Rafael San Román, psicólogo de iFeel. Hablamos de la ortorexia o la obsesión por comer sano.

Esforzarse por comer bien no es un problema. Pero sí puede llegar a serlo cuando somos demasiado rígidos con nuestro plan de alimentación o cuando saltarnos la dieta se convierte en un conflicto. Como nos recuerda San Román, las personas que sufren esta obsesión por la comida están constantemente pensando en ella y los alimentos no son una fuente de nutrición pero también de placer, sino un deber que hay que cumplir de una manera estrictamente establecida.

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Pide ayuda

Si sospechas que tu relación con la comida no es saludable, acude al médico. Desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) recuerdan que son trastornos de origen multifactorial (biológico, psicológico, familiar y sociocultural). La pauta para que sean considerados como tal es que se trate de un comportamiento prolongado en el tiempo, que cause un daño significativo a la salud y/o capacidad física y que repercuta, además, en las relaciones sociales de la persona que lo padece.

El tratamiento de estos trastornos debe ser multidisciplinar debido a la complejidad del tratamiento. Además, es necesario que se realice un seguimiento a largo plazo de cada caso.