Cómo deberían ser las estancias infantiles por el bien de los niños

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Maestros preparados y conscientes de las necesidades de los niños pequeños/Getty Images.
Maestros preparados y conscientes de las necesidades de los niños pequeños/Getty Images.

La mayoría de los niños y niñas sufren en las escuelas o estancias infantiles. La pasan mal aunque en algún punto terminen resignados, porque la mayoría de las escuelas infantiles no están diseñadas, pensadas, organizadas por y para las necesidades reales de la primera infancia.

Los padres me preguntan con frecuencia cómo hacer para que los niños se adapten a la escuela infantil, “¿cómo hago para quitarles el pañal, es que ya van a entrar al preescolar y se lo exigen?; ¿cómo hago para que se siente tranquil@ cada tarde a hacer tareas?; ¿cómo hago para que se despierte, incluso cuando aún no ha salido el sol, de buen humor y quiera cooperar para vestirse y salir a la escuela cada mañana?; ¿cómo hago para que deje de moverse y hablar tanto en clase?; ¿cómo hago para que se acostumbre a comer la comida que le mando cada día sentadito con toda la clase a la misma hora dentro de los 15 minutos que le dan para comer o cómo hago para que se coma todo lo que le ponen en el comedor escolar?… A estas familias les digo que en lugar de pretender que los pequeños se adapten al sistema escolar, hagamos el esfuerzo por cambiar el sistema escolar para que se adapte a las reales necesidades y biorritmos infantiles.

Comparto algunos criterios esenciales que recomiendo a las familias con niños en primera infancia (0-6) para que lo tomen en cuenta a la hora de elegir el centro escolar para ellos, o cuando se animen a reconstruir la escuela para convertirla en el lugar que sus peques necesitan, en lugar de centrarse en buscar tips sobre cómo hacer para que se adapten a un sistema escolar antiniño:

  • Número de niños por profesor: En la medida en que son más pequeños deben ser menos niños por profesor o cuidador. Piensa que una madre en casa no podría sola con peques quintillizos, necesitaría ayuda. En la escuela los niños requieren la misma atención. Aulas o espacios más ajustadas a las necesidades de atención y vínculo de calidad para los niños de 0 a 6 son pequeñas. Para tener una idea más concreta de los mejores estándares de ratios para educación temprana, puedes indagar en internet sobre países con los sistemas escolares mejor reconocidos del mundo como los del norte de Europa (Noruega, Suecia...)

  • La calidad del educador: Un adolescente tiene más defensas psicológicas para superar los despropósitos o fallos de un profesor autoritario, sin sensibilidad, sin vocación o con poco conocimiento de piscología evolutiva adolescente. En la primera infancia, sobre todo en la etapa de 0 a 3 años las interferencias en el cuidado y acompañamiento por parte de un educador pueden dejar secuelas importantes para el resto de la vida de un ser humano. Los peques no pueden defenderse ni salir por sí mismos de situaciones en las que son malinterpretados, desasistidos, ignorados, maltratados sea por ignorancia, sobre exigencias o por los propios patrones autoritarios de crianza del educador. Los docentes especializados o dedicados a atender infancia temprana deberían ser personas que hayan trabajado sobre sus propias historias infantiles para superar conflictos o traumas no conscientes y estar en condiciones de habilitar vínculos de apego sano con los niños pequeños.

Los espacios deben ser una extensión de la casa/Getty Images.
Los espacios deben ser una extensión de la casa/Getty Images.
  • Deberían ser los mejor formados académicamente como conocedores de las etapas madurativas y necesidades de niños pequeños o bebés. También deberían ser los profesionales mejor pagados y cuidados para que no se quemen con sobrecarga laboral. Los educadores de educación temprana deben tener la sensibilidad, capacidad y disposición de conectar emocional y afectivamente con los niños.

  • Período de integración o adaptación escolar cabal: Es de vital importancia que en este rango etario de la primera infancia pero sobre todo de 0 a 3 años, se garantice un período real y cabal de adaptación escolar respetada. El proceso debe cubrir los criterios mínimos para que los niños no experimenten una ruptura en la transición de la casa a la escuela sufriendo ansiedad de separación y que, en cambio, puedan crear progresivamente bajo la compañía constante de alguno de sus padres o figuras de apego de la familia, un vínculo seguro con su profesor. A partir de ese vínculo seguro con el profesor, podrán integrarse con sus iguales. Este período de adaptación no se consigue en 2 o 3 días. Se establece a largo de varias semanas con la permanencia y disponibilidad de la madre, padre, abuela… del niño dentro del aula o los pasillos de la escuela, hasta que llegue el día en que la criatura se quede sin llorar o sin retraerse, y que demuestre que disfruta por sí misma de la experiencia de exploración y juego en la escuela, después de que su madre se va.

  • Respeto a los biorritmos y tiempos madurativos de los niños: Hambre, saciedad, movimiento, descanso, sueño, vigilia, llevar pañales o quitarles el pañal, depender o no de objetos transicionales (chupón, mantitas, ositos…). Así como en casa en la escuela. Las escuelas infantiles deberían ser una extensión del hogar. La transición entre la casa y la escuela debe comportar un continuum y no una ruptura para el niño pequeño, si queremos proteger su psique y funciones fisiológicas en desarrollo. Un niño no puede ser forzado a dejar el pañal para ingresar al preescolar, obligado a comer cuando no tiene hambre, dormir cuando no tiene sueño para encajar en rígidas y monolíticas rutinas escolares, ni se le debe obligar a dejar el chupón o su osito en casa porque las prioridades organizativas o normativas de los adultos del centro escolar entran en conflicto con las necesidades, ritmos madurativos y tiempos de cada niño. En el ámbito escolar, en el hogar o cualquier otra esfera de la vida, las necesidades de los niños y niñas tienen prioridad porque son más vulnerables y están en un período sensible de desarrollo. Que las necesidades de los niños entren en conflicto con la de los adultos no significa que no sean legítimas y deban respetarse y atenderse adecuada y oportunamente.

  • Privilegiar el cuidado del desarrollo emocional: Un centro de educación infantil o preescolar alineado con la esencia y necesidades reales de la primera infancia, pone el foco en proporcionar seguridad y calidad afectiva. Le da mayor importancia a los vínculos seguros para el desarrollo emocional sano infantil y protege espacios ricos para facilitar el movimiento, el juego libre y espontáneo guiado por el propio programa interno de curiosidad y aprendizaje de los niños. Procura un ambiente lo más parecido a un hogar, con patios verdes y espacios vivos, en lugar de aulas y patios de plástico y cemento. Sabe que es erróneo pensar que cuanto antes un niño vaya aprendiendo objetivos académicos (lectoescritura, otros idiomas, operaciones matemáticas, tocar un instrumento, dibujar sin salirse de la raya, habituarse a hacer deberes o tareas, etc.) les ayudamos a mejorar su posterior desempeño en primaria.

Entiende que cuando el aprendizaje es impuesto sin corresponder con los ritmos madurativos de las criaturas, las forzamos creándoles estrés innecesario con consecuencias como el rechazo a la experiencia de escolarización y aprendizaje, aumento de índices de ansiedad y depresión infantil, entre tantas otras. Un centro escolar que reconoce y respeta las necesidades reales de los peques, es consciente de que los niños están listos a partir de los 6 0 7 años, y no antes, para asimilar los objetivos académicos de la escolarización, porque es a partir de la infancia intermedia y no antes, cuando van alcanzando la madurez.

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