Cómo evitar la primera calada a niños y adolescentes

¿Por qué se empieza a fumar? ¿Qué se esconde tras este hábito? ¿Conocen los jóvenes los riesgos y las enfermedades que pueden esperar en el futuro? Un neumólogo desgrana las respuestas sobre el tabaco, los jóvenes y los daños que produce fumar

Según los expertos, "además de valor, para decir 'no' al primer cigarrillo, los niños y adolescentes necesitan información". (Foto: Getty)

Con motivo del Día Mundial sin Tabaco, que se celebra cada 31 de mayo, GSK España difunde un libro dirigido a jóvenes desde los 11 años sobre cómo se enfrentan los adolescentes por primera vez a esta adicción.

“Cuánto antes empiezan, más adictos se vuelven y las consecuencias a corto plazo implican perjudicar el desarrollo completo y normal respiratorio, inmunitario y de otros sistemas; y a largo plazo aumentar el riesgo a desarrollar otras enfermedades en la vida adulta”, nos cuenta el Dr. Julio Ancochea, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid y director de la Cátedra ‘Respira vida’ de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM).

Cada vez empiezan antes

Según la última Encuesta Europea disponible (Eurobarómetro 2018), la incidencia de tabaquismo en adolescentes en España es similar a los países de nuestro entorno. La edad de inicio media son los 17 años, un poco antes en ellas (16 años) que en ellos (18 años).

La contaminación y el humo a edades tan precoces hacen que el desarrollo físico y mental de los niños sea perjudicado. Además, empezar a fumar es la puerta de entrada para experimentar con marihuana, abusar del alcohol, o probar otras drogas”, advierte el neumólogo.

En este Eurobarómetro 2018, se evidencia el aumento de fumadores que empezaron antes de los 16 años con respecto a las dos décadas anteriores. El 37 por ciento de fumadores empezó entre los 15 y los 17 años. Según esta encuesta, los que han empezado antes de los 15 años son el 15 por ciento, “por lo que hemos de proteger a estos niños y adolescentes”, añade el experto.

La excusa para empezar: ser parte del grupo

La aceptación social es la primera causa que conduce a los jóvenes hacia el tabaco, tal y como se pone de manifiesto en la historia que cuenta “No y punto. Porque #FumarNoMola”. El desafío a las normas, la presión de grupo e incluso compartir la vivienda con unos padres fumadores son otras.

“A partir de entonces, el tabaco, los cigarrillos y el humo nos acompañaban todos los viernes por la tarde. Ellos también se unieron a la pandilla, eran uno más de nosotros y, por desgracia, uno de nuestros temas fijos de conversación”. Así comienza la historia de Sergio, una iniciativa dirigida a jóvenes y adolescentes desde los 11 años patrocinada por GSK España con la colaboración de UAM.

Portada del cuento 'No y Punto'

“Esta iniciativa es especialmente relevante para hacer frente al hábito tabáquico en los jóvenes, que es uno de los factores de mayor riesgo para numerosas enfermedades, en especial la Epoc (una enfermedad que mata a una persona cada 20 minutos), y que ya es la cuarta causa de mortalidad en nuestro país”, señala el experto, quien además asegura que “el impacto sanitario, social y económico de la epoc, como otras derivadas del consumo de tabaco, es muy elevado, y la primera medida para atajarla debe ser la prevención, cada vez desde edades más tempranas”.

Escrito por María Jesús Chacón Huertas, autora de numerosos títulos de literatura infantil y juvenil, el libro aborda los efectos del tabaco, la fatiga, los daños en la piel, la Epoc e incluso el cáncer a través de la mirada de un grupo de adolescentes que se enfrentan por primera vez al tabaco.

En la historia de Sergio y sus amigos el tabaco se introduce como un juego que va enganchando poco a poco hasta que se convierte en una adicción. Pero el libro también trata de cómo algunos jóvenes valientes no sólo son capaces de decir “no” y evitan caer en el tabaquismo, sino que lo combaten y ayudan a sus amigos.

Ser asertivo, la clave para no caer

El libro lo dice muy claro: Ante la oferta de la primera calada, simplemente han de repetir: “No y punto”.

Asimismo,”la discusión franca y sincera con padres y hermanos mayores es clave. Su comentario en las aulas con profesores implicados y compañeros también ha de ser eficaz”, apunta el neumólogo.

Todos sabemos que los niños aprenden por imitación, también los malos hábitos, como una dieta desequilibrada o el fumar; por tanto, hay que predicar con el ejemplo.

Otra estrategia que podría funcionar, apunta el Dr. Ancochea sería “identificar las limitaciones del fumador al jugar, o la pérdida sensorial del olor y gusto”. Aunque, en general, mencionar estos potenciales daños futuros no siempre es útil, “pues la percepción del riesgo en niños y adolescentes es deficitaria, y se consideran inmunes. El daño futuro es muy lejano”.

En España, una de cada tres personas es fumadora y aunque el 70 por ciento quiere dejarlo, solo el 3 por ciento de los fumadores lo consigue. (Foto: Getty)

Sobre todo, hay que abordar el problema desde una actitud positiva, realizando un reforzamiento positivo de las actitudes sanas y el deporte limpio, con información rigurosa y clara; y discutir sus sentimientos y percepciones, que son estrategias beneficiosas tanto a nivel individual como en clase”.

Además, el especialista sugiere “realizar una visita al centro de atención primaria o, por ejemplo, a la Sala de Neumología de La Princesa. Esto hará meditar a los niños y adolescentes de los efectos reales del tabaco”.

¿Cuál es la solución definitiva?

Además de la Ley Antitabaco, el Dr. Ancochea considera fundamental la prevención primaria. “Si se incrementa la tasa de adultos exfumadores y se limita que niños y adolescentes empiecen a fumar, la OMS pronostica que en muchos países la prevalencia de tabaquismo en 2050 podría ser inferior al 5 por ciento”, apunta.

“Es un objetivo ambicioso pero alcanzable”, señala el experto. Para ello, nos desvela algunas de las claves:

  • Aumentar el precio del tabaco.

  • Usar cajetillas neutras sin publicidad.

  • Proteger y ampliar áreas libres de humo, sobre todo si pueden ser frecuentadas por menores.

  • Limitar la difusión de máquinas expendedoras.

  • Vigilar la publicidad sobre la difusión y los efectos de productos como los cigarrillos electrónicos.

En definitiva, para ayudar a niños y adolescentes a que no comiencen con el hábito de fumar hay que proporcionarles información, “y es obligación de los adultos proporcionársela, darles ejemplo y, sobre todo, animarles a ser valientes a decir ‘no’ antes del primer cigarrillo y caer en poco tiempo en la adicción”, concluye Esteban Palomo, director de Patient Advocacy de GSK España.

Y tú, ¿cómo crees que se podría evitar el tabaquismo en la adolescencia?

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