¿Cómo se puede distinguir un vino ecológico de uno que no lo es?

En los últimos tiempos, la etiqueta “eco” se ha convertido en un reclamo de primera magnitud para vender cualquier producto. Pasa con las verduras y las frutas, pero también con la carne, los quesos, el pescado… e incluso los vinos. Entre los consumidores existe cierta confusión de lo que realmente es un vino ecológico. A menudo términos como biodinámico o natural se entremezclan con el propio apelativo de ecológico, de manera que no siempre se tiene clara la diferencia entre uno y otro tipo de vino. Para despejar las dudas sobre este tema, hemos consultado a Vinissimus, líder de venta de vino español por Internet a nivel europeo con más de 14.000 referencias.

Distinguir un vino eco es fácil si sabes cómo.

El uso de pesticidas. “Para que un vino sea ecológico (orgánico o bio, porque en definitiva significa lo mismo), el viñedo del que procede debe contar con certificación ecológica que restringe el uso de tratamientos de síntesis química para combatir las plagas, como herbicidas o fungicidas. Sin embargo, sí que es posible el uso del tradicional azufre y del sulfato de cobre”, nos explican desde Vinissimus.

El tipo de abono. Los abonos deben ser orgánicos y, en general, se busca emplear prácticas agrícolas sostenibles que permitan al ecosistema mantener su equilibrio natural y a la uva adquirir una mayor concentración de sustancias antioxidantes, muy beneficiosas para la salud.

Sustancias permitidas en bodega. En bodega se permiten ciertos productos enológicos como por ejemplo el sulfuroso, los correctores de acidez o la bentonita (un clarificante) aunque en menor cantidad que en la elaboración de los vinos convencionales.

La etiqueta y el sello. Para el consumidor, el momento de distinguir un vino ecológico comienza con la observación de la botella. “Se puede reconocer un vino ecológico según su etiqueta, ya que ésta suele llevar en la parte trasera el logotipo de la producción agraria ecológica (un sol y una luna sobre un fondo azul con tres líneas diagonales) de la comunidad autónoma en que se elaboran, así como la hoja verde con el ribete de estrellas que certifica los productos ecológicos a nivel europeo. Estos sellos garantizan que todo el proceso de elaboración del vino se ha producido según normas ecológicas y las bodegas se ven sometidas a inspecciones anuales para comprobar que así sea”, cuentan desde Vinissimus.

Los vinos ecológicos no tienen por qué tener defectos.

No, los vinos ecológicos, no tienen por qué tener defectos. Hay ocasiones en las que consideramos, equivocadamente, que vinos eco son aquellos que tienen posos en la botella o que desprenden aromas azufrados. “Es importante romper el mito por el cual muchos consumidores asocian el vino ecológico a un vino con defectos en su aroma o sabor” dice Carme Saló, sumiller de Vinissimus. “Esto no sólo no es cierto, sino que es casi contrario a la realidad. No siempre resulta sencillo distinguir mediante la cata un vino convencional de uno ecológico, pero si en algo pueden distinguirse es en la pureza de las sensaciones que transmiten, mayor en los vinos ecológicos, pues en su elaboración intervienen menos productos químicos que pudieran distorsionar el sabor original de la uva y, por ende, ser perjudiciales para nuestra salud” añade. Finalmente, como en casi todos los ámbitos, lo que importa es que el vino esté bueno.