Las confesiones privadas de Will Smith empiezan a pasarle factura a su imagen

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El carisma es una herramienta infalible a la hora de llegar lejos en Hollywood y Will Smith es el ejemplo viviente de alguien que supo sacarle provecho, exprimiendo su personalidad como transacción comercial de su imagen pública. Desde finales de los 90s se ganó el cariño de la industria y el público a golpe de buen humor y un perfil tan genuino como cercano. Era imposible entrevistarlo y no salir con una sonrisa de oreja a oreja. Nunca complica encuentros poniendo restricciones a la prensa sino que se entregaba como un libro abierto, destilando positividad y entusiasmo contagioso. Al menos esa fue mi experiencia a lo largo de 15 años y varias entrevistas por el camino.

Pero a sus 53 primaveras parece que ha perdido el control de su carisma o cómo usarlo. Se ha tomado tan en serio la confianza y el cariño del público que nos ha convertido a la fuerza en confidentes personales sin venir a cuento, derivando en el regadero de honestidad más dañino de su carrera.

Will Smith en el estreno británico de 'King Richard' en noviembre de 2021 en Londres, Inglaterra (Photo by Samir Hussein/WireImage)
Will Smith en el estreno británico de 'King Richard' en noviembre de 2021 en Londres, Inglaterra (Photo by Samir Hussein/WireImage)

Desde que comenzara la promoción de sus memorias a la par que su nueva película -el biopic King Richard donde interpreta al padre de las tenistas Venus y Serena Williams- Will Smith nos convirtió en oyentes forzados de todo tipo de anécdotas personales. Desde los extractos de su libro a declaraciones en entrevistas, el actor lleva vomitando historias como si quisiera convertir al mundo entero en testigo de su existencia.

El actor lleva varias semanas acumulando titulares con sus historias, por ejemplo, al hablar para GQ y el programa de Facebook de su esposa Red Table Talk de la decisión conjunta que tomó con Jada Pinkett Smith de no practicar la monogamia, declarando que de esta manera, y a través de otras relaciones, encontraron “amor incondicional” en la pareja. Siguió con Oprah Winfrey destacando un capítulo de su libro donde desvela que, al principio de la relación, mantenían “relaciones sexuales varias veces al día durante cuatro meses seguidos”, porque solo quería satisfacerla como si “fuera una competencia” consigo mismo.

Continuó impartiendo lecciones maritales sobre lo mucho que él y Jada centran su relación en la conversación constante, descubriendo que “era una ilusión fantasiosa” creer que podían hacerse mutuamente felices, sino que debían serlo primero cada uno por su cuenta. Luego compartió otro extracto de su libro revelando que cuando era adolescente tuvo tantas relaciones sexuales esporádicas por venganza tras una ruptura, que se ponía enfermo cuando tenía orgasmos como “una reacción psicosomática”. Pero eso no es todo, también ha compartido la vez que su madre lo pilló manteniendo relaciones de adolescente, la vez que vivió efectos consumiendo ayahuasca y hasta cuando contrató a un experto en sexo tántrico.

Incluso ha compartido la historia de cuando presentóa Jada a su abuela, asegurándose que la señora mayor estuviera viendo una película con una escena sexual de su novia justo en el momento que ella llegaba al encuentro. También ha hablado de los celos que sentía por la amistad de su esposa con el rapero Tupac Shakur y de la complicada relación con su padre. Una de sus confesiones más duras fue revelar que llegó a contemplar asesinar a su progenitor para vengar a su madre tras ser testigo de violencia doméstica a los 9 años. Lo contó en su libro Will, llegando como extracto a los medios, describiendo a su padre como un hombre “violento” y “alcohólico”. Sin olvidar que también ha hablado de su hijo y su sensación de culpa al no protegerlo del fracaso cinematográfico, y de su obsesión por superar a Tom Cruise.

Por supuesto también hay que destacar la serie de seis episodios que nadie pidió pero igualmente hizo para YouTube, The best shape of my life, inmortalizando su proceso perdiendo los 9 kilos que ganó durante la pandemia, poetizando y engrandeciendo su labor como mensaje inspirador mientras suma a su familia al drama viral. Por un lado, pidiendo perdón a su madre, revelando que consideró el suicidio a los 13 años cuando ella se marchó del hogar al sentirse cobarde por no defenderla siendo un niño. Y en otro capitulo lleva a su familia a terapia mientras se muestra entrenando y haciendo gala de su don para la oratoria inspiracional.

En resumen, una colección de historias personales que fueron expuestas mediáticamente en el plazo de unos dos meses.

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Todo esto puede causar cierta interés mediático cuando nos llega en forma de titulares o noticias esporádicas, pero la verborrea íntima y sexual de Will no solo ha opacado la promoción de su nueva película, sino que lo ha convertido en un personaje cansino. Tanto es así que incluso existe una petición de firmas en Change.org exigiendo que la prensa deje de entrevistar al actor y su esposa, y que a tan solo un día de su creación ya había superado su target de alcanzar las 10.000 firmas.

Algunos votantes incluso en la petición que todo lo que están conociendo de la pareja es “en contra de su voluntad”, señalando que no todas sus historias deben ser de conocimiento público mientras se nota el hastío del público ante el bombardeo de confesiones personales en tan poco tiempo.

Sin embargo, cuando recordamos el exitoso paso de Will Smith por la cartelera mundial, es imposible no preguntarse qué necesidad tiene el actor de provocar semejante regadero de honestidad. Si tenemos en cuenta que sus películas han cosechado más de 9 mil millones de dólares a nivel mundial (The-Numbers) durante casi 30 años y que King Richard tiene papeletas para llevarlo a los premios Oscar ¿por qué centrar la atención en su vida más íntima con anécdotas personales y sexuales, en lugar de mantener ese perfil comedido pero centrado en lo profesional?

Will Smith y Jada Pinkett Smith en la red carpet de la gala AFI Fest Gala 2021 de 'King Richard' en el Chinese Theatre de Hollywood el 14 de noviembre de 2021 (Jay L. Clendenin / Los Angeles Times via Getty Images)
Will Smith y Jada Pinkett Smith en la red carpet de la gala AFI Fest Gala 2021 de 'King Richard' en el Chinese Theatre de Hollywood el 14 de noviembre de 2021 (Jay L. Clendenin / Los Angeles Times via Getty Images)

Puestos a analizar quizás Will Smith esté viviendo una etapa de desesperación mediática de cara a los premios Oscar. Ya sabemos que mientras más se hable de un actor con posibilidades, más interés generará a nivel mediático y, por ende, más estará en el radar de la Academia y sus votantes. Porque, después de todo, si tiene una espina todavía clavada es precisamente el premio Óscar.

Smith fue nominado en dos ocasiones a mejor actor, en 2002 por Ali y 2007 por En busca de la felicidad. En su favor debo destacar que en ambas sonaba como uno de los favoritos pero no pudo contra Denzel Washington la primera vez (Training Day) y Forest Whitaker más tarde (El último rey de Escocia). También estuvo en la conversación académica por La verdad duele (2015) y Belleza oculta (2016), pero las nominaciones lo pasaron por encima. Es decir, la estatuilla es un logro todavía pendiente en su prolífica carrera y con King Richard podría acercarse de nuevo.

Por eso esta presencia mediática constante a golpe de confesiones íntimas que han superado el hastío público comienza a antojarse como ejemplo de la desesperación de Will por el Óscar. De estar presente en la conversación cuando comienza la temporada de premios, forzando su lugar colocando su figura pública como escudo principal de la autopromoción, mientras su trabajo en la película queda en realidad en un segundo plano. El mayor problema que refleja este resumen y la petición de firmas online es que, en definitiva, estaría manchando esa imagen pública de personaje comedido, carismático y gracioso que no dejaba de ser actor por mucho que nos hiciera gracia en sus entrevistas, para convertirse en un personaje que está empezando a provocar hastío.

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