Las consecuencias del parto en el suelo pélvico

Marta Ibáñez
El embarazo y el parto tienen efectos sobre la musculatura del suelo pélvico. Aunque lo ideal sería que todas las mujeres cuidasen esa zona durante la gestación y acudiesen a una valoración tras el parto, lo habitual es que nada de esto se haga e incluso se dé por hecho que, a partir de ese momento, las pérdidas de orina al estornudar o al coger peso son lo normal. Lamentablemente, en nuestro país, aun no hay suficiente conciencia sobre el cuidado del suelo pélvico y ni siquiera los profesionales suelen derivar a las madres recientes a una unidad especializada.

Consecuencias del embarazo en el suelo pélvico

Debido al aumento de peso, la presión sobre la musculatura del suelo pélvico es mucho mayor que en otras etapas de la vida, además no es una presión temporal como cuando cogemos peso, sino que es constante y aumenta progresivamente.

Además, durante el embarazo las mujeres segregan una hormona llamada relaxina que facilita la distensión de los tejidos con el objetivo de dejar sitio al bebé, por lo tanto los ligamentos de la zona perineal y abdominal permanecen relajados.

Algunas mujeres sufren de estreñimiento durante la gestación y los esfuerzos cuando van al baño también presionan la musculatura pélvica.

Por todo esto, es bastante frecuente que la mujer embarazada tenga escapes de orina al estornudar, reírse o toser. Y algunas de ellas lo mantendrán después del parto.

Lo ideal es haber fortalecido el suelo pélvico antes del embarazo para preparar el cuerpo para este cambio tan drástico pero, si no se ha hecho, es recomendable llevar un seguimiento con un fisioterapeuta especializado en esta zona y realizar la correspondiente preparación al parto con vistas a mejorar la autoconciencia corporal y a ejercitar la musculatura adecuadamente.

El suelo pélvico tras un parto vaginal

Además del embarazo, será en el momento del parto cuando la musculatura pélvica tenga más riesgo de lesionarse. En un parto normal con poca intervención médica, la expulsión del bebé hace que los músculos y las fibras se estiren tanto que, durante el postparto, existe cierto nivel de prolapso (caída de los órganos) que gracias a los mecanismos naturales de la gestación se resuelve con el tiempo. Pero no siempre ocurre así.

Los factores genéticos son muy importantes. Por naturaleza, hay mujeres con una musculatura más resistente a estas tensiones y otras con un suelo pélvico menos “sufrido” que pueden observar consecuencias más graves. Además, no es lo mismo la expulsión de un bebé grande que de otro pequeño, lógicamente a mayor tamaño, mayor espacio necesita para salir y mayor será el impacto sobre la musculatura.

La intervención médica durante el parto, como la episiotomía o el uso de instrumental puede aumentar considerablemente los riesgos de daño en el suelo pélvico.

El suelo pélvico después de una cesárea

El parto vaginal siempre daña el suelo pélvico, mientras que la cesárea podría ser menos invasiva en ese sentido aunque mucho más en otros.

La mujer con un embarazo a término ya viene con un músculo bastante debilitado simplemente por la gestación de un bebé que crece progresivamente. Es cierto que, si no es expulsado por vía vaginal, todas esas tensiones que comentábamos en la musculatura no ocurren.

En todo caso, los especialistas del suelo pélvico, no recomiendan la cesárea como prevención de daño del suelo pélvico tras el parto puesto que aseguran que se tendrían que realizar 10 cesáreas innecesarias para que una de ellas sirviese para proteger a 1 mujer de una patología importante de suelo pélvico. La excepción existe cuando ya existen problemas en esta musculatura.

Signos de que tu suelo pélvico está debilitado

Es recomendable que unas seis semanas después del parto, acudas a un profesional del suelo pélvico para que valore la musculatura correctamente. Antes de ese momento se puede decir que la mayoría de los síntomas son normales para estar en el periodo de postparto, pero pasadas seis semanas es conveniente hacer un diagnóstico correcto para intervenir antes de que se agrave:

  • Si tienes escapes de orina, ya sea en tu actividad normal (mientras caminas) como en momentos clave como tosiendo, estornudando o riéndote. Si tienes la sensación de que no puedes aguantar la orina tanto como antes cuando tienes la vejiga llena o si ni siquiera llegas a sentir las ganas de hacer pis antes de que se te escape son signos de que algo no va bien.
  • Si te duelen las relaciones sexuales con penetración, tanto si el dolor es general en la vagina o se limita a la zona de la episiotomía o a un área concreta. Si te cuesta llegar al clímax o percibes los orgasmos más débiles o cortos.
  • Si intentas contraer la musculatura haciendo ejercicios de Kegel y notas que la contracción se pierde antes de que tú lo hagas voluntariamente o simplemente que no se realiza, como si no llegase la señal desde el cerebro.

Con un buen profesional y fuerza de voluntad, la mayoría de las lesiones en el suelo pélvico pueden mejorar, si no solucionarse. No dudes en buscar ayuda tras el parto.

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