Contagio emocional: Dime de quién te rodeas y te diré cómo te sientes

Las emociones se contagian como un virus. [Foto: Getty]

El 30 de enero de 1962 se quedaría para siempre en la memoria de las personas de Tanganica, la actual Tanzania. Todo comenzó en un internado. Tres niñas empezaron a reír sin parar. Ni siquiera las advertencias de sus profesoras pudieron detener aquel ataque de risa, que terminó contagiando a 95 de las 159 estudiantes de la escuela. Las risas adquirieron tal magnitud que fue necesario cerrar la escuela ya que ni profesores ni estudiantes podían concentrarse.

Tras varios días, la epidemia de la risa se extendió a Nshamba, un pueblo donde vivían varias de las niñas. Pero el asunto no quedó ahí. La risa se siguió extendiendo a otras escuelas y aldeas. Solo cesó al cabo de 18 meses. En total, se cerraron 14 escuelas y 1 000 personas se vieron afectadas.

Este caso, reportado en la Central African Journal of Medicine, demuestra el enorme poder del contagio emocional. Y si las emociones son tan contagiosas, debemos ser más cuidadosos con las personas que dejamos entrar a nuestra vida.

¿Qué es el contagio emocional?

Bostezamos al ver a otra persona bostezar por nuestra tendencia a la mímica. [Foto: Getty]

¿Alguna vez te has dejado llevar por la euforia de tu grupo de amigos? ¿O has llorado al ver las lágrimas de tu pareja? ¿O te has sentido irritado por culpa de un colega de trabajo enfadado? Si es así, has experimentado en carne propia el contagio emocional.

El contagio emocional es un fenómeno a través del cual las emociones y los comportamientos de una persona o grupo desencadenan emociones y comportamientos similares en otras personas. Desempeña un papel importante en las relaciones porque fomenta la sincronía emocional: nos permite influir sobre los demás – de manera más o menos consciente – para transmitirles nuestro estado de ánimo y lograr que respondan en sintonía con nuestras emociones.

La psicóloga Elaine Hatfield, una de las pioneras de las Ciencias de la Relación, cree que el contagio emocional se produce fundamentalmente por nuestra tendencia a imitar la mímica de los demás para conectar emocionalmente. Si alguien nos sonríe, le devolvemos la sonrisa. Y cuando sonreímos, nuestro cerebro recibe a su vez una retroalimentación que le indica que estamos felices, por lo que responde en consecuencia.

Las emociones “negativas” se contagian como un virus

Las emociones negativas son más "virulentas". [Foto: Getty]

El contagio emocional es más virulento cuando se trata de estados de ánimo negativos, como comprobó un grupo de psicólogos de la Universidad de Harvard, quienes descubrieron que existe un “patrón de propagación” emocional, bastante similar al que siguen los virus, y que los focos de contagio son mayores para la tristeza que para la alegría. También comprobaron que, por cada amigo feliz, nuestras posibilidades de ser felices aumentan en un 11%, pero solo necesitamos un amigo triste para duplicar la probabilidad de sentirnos infelices.

Estos psicólogos concluyeron que las emociones negativas son como la gripe: cuantos más amigos tengan la gripe, más probabilidades tendremos de contagiarnos, y lo mismo vale para la tristeza, la desesperanza, la hostilidad y el mal humor.

De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Florida reveló que cuando nos exponemos a actitudes groseras y rudas, luego somos más propensos a responder de la misma manera, aunque la situación no lo amerite. ¡Y podemos mantener esa actitud durante toda una semana!

Las emociones “negativas” no solo son más intensas, sino también más duraderas, provocan una respuesta más fuerte y una polarización mayor que las emociones positivas. La negatividad genera más negatividad. Por eso necesitamos protegernos de ella.

El contagio emocional influye en nuestras decisiones

Las emociones ajenas influyen en nuestras decisiones. [Foto: Getty]

Cuando somos víctimas de un contagio emocional, este no solo afecta nuestro estado de ánimo, también influye en nuestras actitudes, decisiones y comportamientos. Un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania en un contexto laboral demostró que “atrapamos” rutinariamente las emociones de nuestros colegas cuando trabajamos en grupos y estas terminan influyendo en nuestros juicios y decisiones.

En el grupo donde se difundieron emociones positivas como el entusiasmo, la alegría y la serenidad, las personas no solo reportaron sentirse mejor, sino que cooperaron más, surgieron menos conflictos a lo largo del proyecto y desempeñaron mejor sus tareas repartiendo el trabajo de forma más equitativa. En el grupo donde se difundieron emociones “negativas” como la irritabilidad, hostilidad y depresión ocurrió exactamente lo contrario.

Eso significa que podríamos tomar decisiones importantes dejándonos llevar por las emociones que otros nos han contagiado. Y es muy probable que a la larga terminemos arrepintiéndonos de esas decisiones porque ni fueron racionales ni nos dejamos llevar por nuestra intuición, simplemente seguimos la estela emocional que alguien dejó a su paso.

Rodéate de personas que saquen a la luz tu mejor versión

La felicidad y la alegría también son contagiosas. ¡Difúndelas! [Foto: Getty]

Es importante ser conscientes de que para contagiarnos las emociones ni siquiera es necesario tener una relación muy estrecha con una persona, como demostró un estudio desarrollado en el Instituto Max Planck. Si somos sensibles emocionalmente, es suficiente con que interactuemos con una persona estresada, para que suframos un incremento del cortisol, la hormona del estrés.

Estar expuestos continuamente al mal humor y la negatividad terminará pasándonos factura, por lo que necesitamos rodearnos de personas que sean capaces de sacar a la luz nuestra mejor versión, personas que no ven un problema detrás de cada solución, que valoran las cosas positivas de la vida y que saben animarnos cuando las cosas van mal.

Por supuesto, también debemos asegurarnos de convertirnos en personas que saben sacar a la luz lo mejor de los demás, personas a cuyo lado da gusto estar, porque si bien es cierto que las emociones positivas se contagian menos, a veces es el mejor – y el único – “regalo” que podemos hacer a alguien que está atravesando por un mal momento.


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