El coronavirus se transmite por el aire en interiores, pero seguimos desinfectando superficies

Mike Ives y Apoorva Mandavilli
·5  min de lectura
Un trabajador limpia el piso de un centro comercial en Hong Kong el 13 de noviembre de 2020. (Lam Yik Fei/The New York Times)
Un trabajador limpia el piso de un centro comercial en Hong Kong el 13 de noviembre de 2020. (Lam Yik Fei/The New York Times)

HONG KONG — En el aeropuerto desierto de Hong Kong, los equipos de limpieza rocían constantemente soluciones antibacteriales sobre los carritos de equipaje, los botones de los ascensores y los mostradores de registro de vuelos. En la ciudad de Nueva York, los trabajadores desinfectan continuamente las superficies de los autobuses y el metro. En Londres, muchos bares gastaron grandes cantidades de dinero en la limpieza intensiva de superficies para volver a abrir después del cierre, antes de verse obligados a cerrar sus puertas de nuevo en noviembre.

En todo el mundo, los trabajadores están enjabonando, limpiando y fumigando las superficies con un propósito apremiante: luchar contra el coronavirus. Sin embargo, los científicos dicen cada vez más que hay poca o ninguna evidencia de que las superficies contaminadas contribuyan a la propagación del virus. En espacios interiores abarrotados como los aeropuertos, según afirman, el virus exhalado por las personas infectadas, que permanece en el aire, es una amenaza mucho mayor.

Lavarse las manos con agua y jabón durante veinte segundos —o con un desinfectante cuando no hay jabón— es lo recomendable para detener la propagación del virus. No obstante, limpiar las superficies no ayuda mucho a mitigar la amenaza del virus en el interior de los edificios, según los expertos, y se exhorta a los funcionarios de salud a que se enfoquen en mejorar la ventilación y la filtración del aire en interiores.

“En mi opinión, se está desperdiciando mucho tiempo, energía y dinero en la desinfección de superficies y, lo que es más importante, desviando la atención y los recursos de la prevención de la transmisión aérea”, sostuvo Kevin P. Fennelly, especialista en infecciones respiratorias de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.

Una falsa sensación de seguridad

Algunos expertos sugieren que Hong Kong, una ciudad muy poblada de 7,5 millones de habitantes y con un largo historial de brotes de enfermedades infecciosas, es un caso de estudio sobre el tipo de limpieza organizada de superficies que da a la gente común una sensación falsa de seguridad ante el coronavirus.

La Autoridad Aeroportuaria de Hong Kong ha utilizado un “canal de desinfección de cuerpo entero” similar a una cabina telefónica para rociar a los miembros del personal del aeropuerto en las áreas de cuarentena. La cabina, que según el aeropuerto es la primera en el mundo y se está usando en pruebas solo con su personal, es parte de una iniciativa integral para hacer del lugar un “entorno seguro para todos los usuarios”.

Ese tipo de medidas pueden ser reconfortantes para el público porque dan la impresión de que los funcionarios locales están haciendo algo por combatir la COVID-19. No obstante, Shelly Miller, experta en aerosoles de la Universidad de Colorado en Boulder, dijo que, en cuanto al control de la infección, la cabina no tiene sentido práctico.

’Teatro de la higiene’

Una serie de padecimientos respiratorios, incluidos el resfriado común y la gripe, son causados por gérmenes que pueden propagarse a través de superficies contaminadas. Así que, cuando el brote de coronavirus surgió el invierno pasado en China, parecía lógico suponer que estos objetos, llamados fómites, eran un medio fundamental para la propagación del patógeno.

En julio, en un ensayo publicado en la revista médica The Lancet se sostuvo que algunos científicos habían exagerado el riesgo de infección por coronavirus a través de superficies sin tener en cuenta las pruebas de los estudios de sus parientes más cercanos, incluido el SARS-CoV, el motor de la epidemia de SRAS de 2002 a 2003.

Un niño mira un robot de limpieza, uno de entre tantos de una flota, en un centro comercial de Hong Kong el 13 de noviembre de 2020. (Lam Yik Fei/The New York Times)
Un niño mira un robot de limpieza, uno de entre tantos de una flota, en un centro comercial de Hong Kong el 13 de noviembre de 2020. (Lam Yik Fei/The New York Times)

“Esta es una prueba muy sólida de que, al menos en cuanto al virus original del SRAS, la transmisión por fómites fue muy escasa a lo sumo”, comentó mediante un correo electrónico el microbiólogo Emanuel Goldman de la Universidad de Rutgers, autor del ensayo. “No hay motivo para esperar que el pariente cercano SARS-CoV-2 se comporte de manera significativamente distinta en este tipo de experimento”, agregó, refiriéndose al nuevo coronavirus.

A pocos días de que apareciera el ensayo de Goldman publicado en Lancet, más de 200 científicos pidieron a la OMS que reconociera que el coronavirus podía propagarse por el aire en cualquier ambiente cerrado. Cediendo a la enorme presión pública sobre el tema, la agencia reconoció que la transmisión por gotas en interiores podría provocar brotes en lugares cerrados mal ventilados como restaurantes, clubes nocturnos, oficinas y lugares de culto.

Para octubre, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, que desde mayo afirmaban que las superficies “no son el principal medio de propagación del virus”, señalaban que la transmisión de gotas respiratorias infecciosas era el “modo principal” de propagación.

Sin embargo, para entonces, la paranoia de tocar cualquier cosa, desde pasamanos hasta bolsas de supermercado, había iniciado. Y el instinto de limpiar las superficies como precaución ante la COVID —o el “teatro de la higiene”, como lo definió la revista The Atlantic— ya estaba profundamente arraigado.

“Mi compañero de tenis y yo hemos dejado de darnos la mano al final de los partidos pero, después de tocar las pelotas de tenis que él ha tocado, ¿qué sentido tiene?”, escribió Geoff Dyer en un ensayo de marzo para la revista The New Yorker que retrató la época de la germofobia.

¿Y el aire?

La cantidad de personas afectadas por la COVID-19 en Hong Kong —más de 5400 casos confirmados y 108 muertes— es relativamente baja para cualquier ciudad. Sin embargo, algunos expertos dicen que se han mostrado lentos para abordar los riesgos de la transmisión por gotas en interiores.

Desde el principio, los funcionarios exigieron a los restaurantes de Hong Kong que instalaran separadores entre las mesas, el mismo tipo de protección endeble, y básicamente inútil, que se utilizó en el debate de los candidatos a la vicepresidencia estadounidense en octubre.

Sin embargo, puesto que las autoridades de Hong Kong han relajado poco a poco las restricciones a las reuniones en interiores, e incluso han permitido bodas con hasta 50 invitados, existe el temor de que haya posibles brotes nuevos en interiores.

Algunos expertos dicen que les preocupa especialmente que las gotas de coronavirus puedan propagarse a través de los conductos de ventilación de las oficinas, que están abarrotadas porque la ciudad aún no ha establecido una cultura sólida de trabajo remoto.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company

También debes ver:

México: Encuentra sobres con dinero de liquidación y aguinaldo en una combi y ahora busca a los dueños

El reportaje de El País sobre México y la pandemia de COVID-19 que molestó (y mucho) a AMLO

Banco de México presentó nuevo billete de 1,000 pesos y su diseño causa fascinación

EN VIDEO: La dramática condición de las empleadas domésticas en España durante la pandemia