Crítica de 'Maléfica: Maestra del Mal': no deja volar a Angelina Jolie como debería (aunque tenga alas)

PUNTUACIÓN: 42/100

Las princesas Disney ya no son las mismas. Aquellas damiselas en apuros rescatadas por un príncipe pasaron a la historia hace tiempo, adaptándose más que nunca a los nuevos tiempos siendo reemplazas en forma de remakes y reboots por protagonistas independientes, autosuficientes y reales. Modelos modernos de identificación femenina que responden más fielmente a la realidad interna y que nos rodea. Maléfica (2014) fue la primera en convertir a Aurora en una princesa con voz propia, enfocando su trama en la figura de la incomprendida hada malvada. Cinco años después llega una secuela que expande su historia a través de diferentes ramas, formando un árbol encantado que responde más a las luchas personales de Angelina Jolie que a aquella Bella Durmiente del año 1959.

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Si hay una historia de la factoría que se ha renovado y adaptado a los nuevos modos de pensamiento y sociales de nuestra era, esa es La Bella Durmiente. En Maléfica: Maestra del Mal se explora la aceptación del prójimo y la diversidad, la importancia de un líder comprensible en busca de armonía que uno temeroso ante lo desconocido. De la importancia del medio ambiente y de la protección de todas las criaturas y, sobre todo, de que la familia está formada por mucho más que la unión sanguínea. Todos temas que rodean la figura de Angelina Jolie como filántropa, madre y activista.

La secuela arranca años después. Aurora es reina de las Ciénagas, donde procura mantener la paz y armonía entre todas las hadas y criaturas que la habitan. Es independiente y una líder amable, enamorada del príncipe Philip. Maléfica no ve con buenos ojos que su “hija” esté comprometida con el heredero del trono humano, aun desconfiada de la raza tras el sufrimiento vivido. Pero por amor maternal decide acompañar a su hija a una cena “familiar” con los reyes y padres de Philip, solo para ser acusada de maldecir al rey con el mismo encantamiento de la rueda.

Maléfica huye, herida, encontrando un nuevo mundo en el camino que le permite descubrir parte de sus orígenes y propósito en la vida, mientras Aurora se ve atrapada en el reino humano bajo el mando de la reina Ingrith (Michelle Pfeiffer), una monarca con aires de villana que representa todo lo malo que aúna la política mundial de hoy en día.

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Viajes de autodescubrimiento, batallas, romance y muchos mensajes para los más pequeños se entremezclan en esta historia que intenta expandir sus ramas hasta los confines del género, pretendiendo mucho más de lo que puede. Sin embargo, lo más interesante que propone esta secuela es la representación femenina de una heroína protagonista (Aurora) que no necesita de armaduras -como hicieron con la Blancanieves de Kristen Stewart- ni de independencia autosuficiente para representar el modelo de mujer fuerte. No le hace falta, es una mujer fuerte por sus ideales, siendo esposa, vistiendo de rosa y soñando con una familia.

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Con un efectos visuales que demuestran los pasos agigantes que sigue dando la tecnología, Maléfica: maestra del mal es una amalgama entre historia de aventuras y aprendizaje infantil que tiene mucho más de Disney que de su director, Joachim Rønning. El responsable de éxitos como Kon-Tiki o Piratas del Caribe: la venganza de Salazar prácticamente no deja su huella -quizás por tratarse de su primer blockbuster en solitario sin su hermano codirigiendo a su lado como estaba acostumbrado- sino que la película respira aires de Disney por los cuatro costados de la pantalla, siendo un vehículo que responde directamente a los propósitos personales de su protagonista. Y aun así, tampoco la explota como podría.