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Cuando los estudiantes cambian de identidad de género sin que sus padres lo sepan

Jessica Bradshaw con su hija de 16 años, en la imagen la segunda desde la derecha, y estudiantes de intercambio extranjeros en su casa en Torrance, California, el 30 de diciembre de 2022. (Morgan Lieberman/The New York Times)
Jessica Bradshaw con su hija de 16 años, en la imagen la segunda desde la derecha, y estudiantes de intercambio extranjeros en su casa en Torrance, California, el 30 de diciembre de 2022. (Morgan Lieberman/The New York Times)

Jessica Bradshaw descubrió que su hija de 15 años se había identificado como transgénero en el instituto tras ver que en la parte superior de uno de sus deberes había garabateado un nombre desconocido.

Cuando le preguntó por ese nombre, la adolescente reconoció que los profesores y administradores de su instituto en el Sur de California la dejaban usar el baño de varones y se referían a ella usando pronombres masculinos desde hacía seis meses porque se lo había pedido ella misma.

Bradshaw estaba confundida: ¿el instituto no necesitaba su permiso o al menos no tenía que comunicárselo?

No, según le explicó más tarde un orientador, porque el estudiante no quería que sus padres lo supieran. Las políticas del distrito y del estado indican que los colegios deben respetar los deseos de los estudiantes.

“Nadie nos dijo ni una palabra. Nadie nos dijo que tanto en el aula como sobre el papel nuestra hija se había convertido en nuestro hijo”, contó Bradshaw.

A los Bradshaw les ha sorprendido su desacuerdo con el instituto sobre su derecho a saber y opinar sobre un cambio tan importante en la vida de sus hijos. Esa discrepancia ilustra cómo los distritos escolares, que durante mucho tiempo han sido un campo de batalla en los conflictos culturales sobre género y sexualidad, están lidiando con las nuevas tensiones angustiosas que genera la atención a los niños transgénero.

Los Bradshaw aceptaron la nueva identidad de género de su hijo adolescente, aunque no sin temor, sobre todo porque quiere someterse a terapia hormonal y cirugía para extirparse los senos. Antes, los médicos le habían diagnosticado un trastorno del espectro autista, así como un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, trastorno de estrés postraumático y ansiedad. Tuvo problemas con la soledad durante la pandemia y, según sus padres, parecía no saber exactamente quién era ya que había cambiado varias veces de nombre y orientación sexual.

Bradshaw dijo que debido a esas complejidades le molestaba el hecho de que el instituto la hiciera sentir como una mala madre tan solo por preguntarse si los educadores habían conducido a su hijo adolescente, un menor de edad, por una dirección que la escuela no está capacitada para supervisar.

“Sentí como si el sistema escolar me hubiera dado una puñalada por la espalda a la crianza”, dijo. “Era una decisión que debíamos haber tomado en familia”.

El estudiante, que ahora tiene 16 años, le dijo a The New York Times que su instituto le había brindado un espacio para ser él mismo, un espacio que no tenía en otra parte. Afirmó que ya había intentado salir del armario con sus padres, pero que no lo tomaron en serio, por lo que le pidió apoyo al instituto.

“Desearía que los colegios no tuvieran que ocultarlo a los padres o que no tuvieran que hacerlo sin el permiso de estos, pero puede ser importante”, afirmó. “Las escuelas solo se esfuerzan para que los estudiantes se sientan cómodos y seguros. Cuando eres trans, sientes que siempre estás en peligro. A pesar de que mis padres lo estaban aceptando, todavía tenía miedo, por ese motivo el instituto no se lo contó”.

Aunque el número de jóvenes que se identifican como transgénero en Estados Unidos sigue siendo pequeño, prácticamente se ha duplicado en los últimos años, y las escuelas han sufrido una gran presión para satisfacer las necesidades de esos jóvenes en medio de un ambiente político polarizado donde ambas partes advierten de que un paso en falso podría causar un daño irreparable.

La escuela pública a la que asiste el hijo de Bradshaw es una de las muchas en todo el país que permiten a los estudiantes hacer una transición social, cambiar su nombre, pronombres o expresión de género sin el consentimiento de los padres. Los distritos han dicho que quieren que los padres participen, pero deben seguir la línea federal y, en algunos casos, estatal, destinada a proteger a los estudiantes de la discriminación y las violaciones de su privacidad.

Las escuelas han señalado investigaciones que muestran que las políticas inclusivas benefician a todos los estudiantes, por lo que algunos expertos en educación les aconsejan que usen los nombres y pronombres que estos prefieran. Los educadores también han dicho que su código moral los obliga a reafirmar las identidades de género de los estudiantes, sobre todo cuando estos no se sienten seguros para salir del armario en casa.

Pero docenas de padres cuyos hijos han hecho una transición social en la escuela le dijeron al Times que sentían que los educadores los habían convertido en villanos y que al parecer esos profesores pensaban que sabían lo que era mejor para sus hijos. Insistieron en que los educadores no deberían intervenir sin notificar a los padres, a menos que exista evidencia de abuso físico en el hogar. Aunque algunos no querían que sus hijos hicieran la transición, otros dijeron que estaban abiertos a ello, pero sentían que los colegios forzaban el proceso yendo demasiado rápido y que no podían plantear sus preocupaciones sin que las cortaran de raíz o catalogaran su hogar como “inseguro”.

Muchos defensores de los jóvenes LGBTQ contraatacan diciendo que los padres deberían dejar de convertir a las escuelas en chivos expiatorios y, en cambio, preguntarse por qué no creen a sus hijos. Dijeron que hoy es más importante que nunca garantizar el apoyo escolar a los estudiantes transgénero, sobre todo teniendo en cuenta el número creciente de legislaciones que bloquean su acceso a baños, deportes y atención sobre la afirmación de género.

Estas disputas prosiguen a medida que los republicanos unen fuerzas en torno a los “derechos de los padres”, un término generalista que se refiere a las decisiones que los padres deben tomar sobre la educación de sus hijos. Los grupos legales conservadores están presentando varias demandas contra los distritos escolares, acusándolos de no involucrar a los padres en la educación y el cuidado de la salud mental de sus hijos. Los críticos dicen que ese tipo de grupos lleva mucho tiempo trabajando para deslegitimar la educación pública y eliminar los derechos de las personas transgénero.

Pero la manera en que las escuelas deben abordar la identidad de género va más allá de la división liberal y conservadora. A los padres de todas las tendencias políticas les preocupa lo que saben las escuelas y no les cuentan.

Bradshaw dijo que no se alineará con los legisladores republicanos que intentan prohibir los derechos LGBTQ, pero también percibió que la política del instituto no deja espacio para los matices.

“Es casi imposible hablar sobre este tema”, dijo Bradshaw. “No hay un foro para personas como yo”.

Otros padres que se califican como liberales dijeron que se registraron como votantes independientes o votaron por candidatos republicanos por primera vez debido a este problema. Aunque no han presentado una demanda, algunos han contratado a abogados afiliados a la organización legal más grande sobre el derecho religioso para luchar contra los colegios de sus hijos.

En noviembre, Erica Anderson, una conocida psicóloga clínica que también es transgénero y ha asesorado a cientos de niños sobre cuestiones relacionadas con la identidad de género, presentó un escrito de amicus curiae en una demanda de Maryland en apoyo a los padres representados por un grupo legal conservador. Los padres han argumentado que la política de su distrito viola su autoridad para tomar decisiones.

Anderson escribió que “la transición social es una decisión importante y tiene el potencial de cambiar la vida, por lo que existen muchas razones para requerir la participación de los padres”.

La dijo al Times que tuvo que dejar de lado sus reparos sobre trabajar con abogados conservadores. “No quiero que me borren como persona transgénero ni que les quiten las prerrogativas o le arrebaten la identidad a nadie, pero en este caso estoy de acuerdo con quienes estén dispuestos a defender a los padres”, afirmó.

El debate refleja cómo los intereses de los padres y los de sus hijos no siempre van en la misma dirección, dijo Justin Driver, profesor de la Facultad de Derecho de Yale que ha escrito un libro sobre el conflicto constitucional en las escuelas públicas. “Estos casos subrayan cómo esos intereses pueden divergir de manera espectacular, incluso sobre cuestiones centrales de identidad”.

“No todos los niños en esta zona tienen espacios seguros en casa”

Las pautas sobre la transición social varían mucho entre los diferentes distritos escolares. Algunos estados, como California, Nueva Jersey y Maryland, aconsejan expresamente a las escuelas que no divulguen información sobre la identidad de género de los estudiantes sin su permiso, mientras que otros ofrecen orientación contra la discriminación, que está abierta a interpretación.

El Times entrevistó a más de 50 personas, incluidos a los padres y sus hijos, funcionarios de escuelas públicas, abogados de grupos de defensa LGTBQ y conservadores. Cuando los padres pidieron permanecer en el anonimato para proteger la privacidad de sus hijos, el Times intentó corroborar sus afirmaciones.

Una madre de California compartió mensajes que la maestra de su hijo adolescente había enviado a través del portal web de la escuela animando al estudiante a buscar atención médica, vivienda y asesoramiento legal sin el conocimiento de los padres.

Una demanda presentada contra un distrito escolar en Wisconsin incluía una foto del folleto que un maestro publicó en la escuela diciendo: “Si tus padres no aceptan tu identidad, seré tu madre”.

En escuelas de estados como Michigan y Nueva York, los padres dijeron que los profesores usaban el nuevo nombre de un estudiante en clase, pero con ellos usaban el anterior para que no supieran del cambio de identidad.

En otros estados, como Florida, Alabama y Virginia, han aprobado leyes radicales o emitido directrices que prohíben a las escuelas ocultar información sobre la identidad de género a los padres.

Una encuesta nacional realizada recientemente por el grupo de defensa GLSEN encontró que el acoso y los entornos escolares hostiles para los jóvenes LGBTQ afectaron directamente su salud mental y rendimiento académico. También señaló que ha disminuido la disponibilidad de recursos escolares para este colectivo. Algunos padres de estudiantes transgénero dijeron que es difícil garantizar que la escuela pueda ofrecer el apoyo necesario.

Jeff Walker, un padre de Alabama que estaba al tanto de la transición de su hijo adolescente, dijo que había aprendido a través de sus experiencias mixtas en diferentes escuelas cuán importante es para los estudiantes transgénero que sus profesores afirmen su identidad, sobre todo aquellos cuyos padres no quieren que hagan la transición.

“No todos los niños en esta zona tienen espacios seguros en casa”, afirmó Walker.

Algunos maestros han sido penalizados por notificar a los padres que sus hijos cambiaron de nombre y pronombre en la escuela. Un padre de Massachusetts, Stephen Foote, dijo que solo se había enterado de que su hijo de 11 años lo había hecho después de que la maestra de sexto grado del niño, Bonnie Manchester, confiara en él. Más tarde despidieron a Manchester, en parte por revelar “información confidencial sensible sobre la identidad de género expresada por un estudiante en contra de los deseos de este”, según indica su notificación de despido.

Foote demandó al distrito escolar, acusándolo de violar sus derechos parentales. Un abogado del distrito dijo que no coincidía con la versión de los hechos de Foote. Manchester afirmó que no se arrepiente de lo que hizo.

“Iluminé algo que estaba en la oscuridad”, dijo Manchester. “Estaba dispuesta a perder mi trabajo”.

Otros maestros creen que tienen la responsabilidad moral de retener dicha información.

“Mi trabajo, que es un servicio público, es proteger a los niños”, dijo Olivia Garrison, profesora no binaria de Historia en Bakersfield, California, quien ha ayudado a los estudiantes a hacer una transición social en la escuela sin el conocimiento de sus padres. “A veces, necesitan protección de sus propios padres”.

Una de las ex alumnas de Garrison es Clementine Morales, una joven de 19 años que salió del armario por primera vez con género no binario en la escuela porque le parecía imposible hacerlo en casa.

“Tuve que buscar figuras parentales en otras personas diferentes de mis padres”, confesó Morales.

“Ha sido muy complicado de sobrellevar”

Existe una red de grupos de apoyo en Internet para padres “escépticos” de niños transgénero, algunos con miles de miembros registrados. Los detractores han llamado a esos grupos transfóbicos, ya que algunos quieren prohibir el cuidado de afirmación de género para menores o han amplificado las voces de las personas que califican como “acosadores” a los defensores de la comunidad transgénero.

Sin embargo, los miembros dicen que estos grupos son uno de los pocos lugares donde pueden hacer preguntas y expresar sus preocupaciones.

Un sábado por la mañana, poco antes de Navidad, se celebró una reunión de uno de esos grupos de apoyo en el condado de Westchester, justo al norte de la ciudad de Nueva York. Sentados en círculo en el salón de uno de los miembros, 12 madres y un padre compartieron cómo las escuelas de sus hijos los habían marginado.

Una madre dijo que su hija, que cursaba la enseñanza media, había cambiado en secreto su nombre y los pronombres con los que se referían a ella sin su conocimiento, a pesar de que había trabajado como maestra en la misma escuela. Otra madre contó cómo los maestros del instituto le habían ocultado la transición social de su hijo adolescente hasta la graduación porque pensaban que no sería lo suficientemente solidaria. Una madre de un niño de 14 años que había pasado un tiempo hospitalizado en un centro terapéutico dijo que había enviado a la escuela una carta del psiquiatra en la que describía las preocupaciones que la escuela había ignorado.

La mayoría se identificaba como liberales y comentaron que aquel salón era un espacio seguro e inusual donde podían expresar sus temores. Algunos padres no pensaban que sus hijos adolescentes fueran realmente transgénero. Otros creían que era demasiado pronto como para saberlo con certeza. La mayoría confesó que sus hijos sufrían problemas de salud mental, como trastorno bipolar o autismo.

En ese espacio podrían preguntar: ¿y si los compañeros de clase de sus hijos los persuadieron para que solicitaran tratamiento hormonal y cirugía? ¿Y si los maestros estuvieran alentando a los estudiantes a ver a sus familias como inseguras? ¿Los partidarios de la derecha son su única audiencia comprensiva?

“Ha sido muy complicado de sobrellevar, ya que, por un lado, tengo valores liberales muy extremos sobre la individualidad, la libertad, la expresión y la sexualidad, y quiero apoyar todas esas causas”, dijo una madre llorosa. “Pero al mismo tiempo le temo a la medicalización. Tengo miedo por su salud a largo plazo. Tengo miedo de que mi hijo pueda cambiar de opinión”.

Mientras las otras madres asentían con la cabeza, el único padre que había en el salón dijo: “Desde el punto de vista político, es extraño ser demócrata muy liberal y encontrarse del lado de personas como el gobernador de Texas. ¿Se supone que debo escuchar a Tucker Carlson?”.

“Siempre estuvimos disponibles”

Desde 2020 los padres han presentado al menos 11 demandas contra distritos escolares alegando que estas políticas violan sus derechos. Los representaban grupos legales conservadores, como Alliance Defending Freedom, una organización con una larga historia apoyando casos relacionados con los derechos de las personas homosexuales y transgénero.

Tres padres, todos autodenominados liberales, dijeron al Times que los grupos de apoyo los habían conectado con un grupo legal afiliado a Alliance, llamado Child and Parental Rights Campaign, que se fundó en 2019 sin ánimo de lucro con la misión de defender a los niños y padres contra la “ideología de identidad de género”, según sus formularios de divulgación. Su presidente ha hablado en conferencias sobre la “amenaza existencial para nuestra cultura” que plantea el “movimiento transgénero”.

Sin embargo, hasta el momento los padres que han demandado tienden a ser republicanos, como Wendell y María Pérez, quienes presentaron una demanda en Florida contra el distrito escolar primario de sus hijos con la ayuda de la Campaña de Derechos del Niño y los Padres. Afirman que solo después de que su hijo cometiera dos intentos de suicidio, la escuela les dijo que un empleado llevaba meses orientando a su hijo de 12 años sobre la “confusión de género”.

Wendell Pérez dijo que a inicios de año la escuela les había notificado que su hijo se había retrasado académicamente. Entonces, ¿por qué gestionaron esto de manera diferente? “Siempre estuvimos disponibles”, afirmó. “No sé por qué decidieron ocultarnos esto”.

Pérez dijo que, aunque era católico y se oponía a la transición de su hijo por motivos religiosos, respetaba los derechos de las familias que no estaban de acuerdo con él porque creía que los padres son quienes deben decidir sobre esos asuntos.

Un representante del distrito dijo que había investigado el asunto y determinó que las acusaciones en la demanda “son completamente falsas”. En documentos presentados ante la corte, el distrito dijo que nunca había obligado al estudiante de sexto grado a hablar con un orientador u ocultar las reuniones a los padres.

Los tribunales han dictaminado que, bajo la Decimocuarta Enmienda, los padres pueden tomar decisiones médicas y sobre la salud mental de sus hijos, así como dirigir su educación y crianza de otras maneras, a menos que sean abusivos o no aptos. No obstante, los abogados de las escuelas han respondido que los derechos de los padres no son absolutos. Bajo la Administración Biden, el Departamento de Educación ha dicho que discriminar a los estudiantes por identidad de género viola la política federal, aunque su guía no aborda específicamente los derechos de los padres.

La Unión Americana de Libertades Civiles también ha argumentado que es inconstitucional que las escuelas públicas revelen la identidad de género de un estudiante a otras personas. Los padres enojados pueden trasladar a sus hijos a una escuela privada o educarlos en casa, dijo Jon Davidson, abogado de la ACLU y co-abogado de un distrito escolar en Wisconsin que recibió una demanda por parte de unos padres.

“Los padres no tienen el derecho constitucional de dictar a las escuelas cómo crear un ambiente de aprendizaje óptimo para los estudiantes”, puntualizó.

Esa fue la misma línea que Todd Gazda, quien en aquel momento era superintendente de Massachusetts, defendió durante una tensa reunión de la junta escolar que tuvo lugar antes de que tanto él como su distrito fueran demandados por Foote, el padre del niño de 11 años que dijo que se había enterado de la nueva identidad de género de su hijo gracias a una profesora, a la que luego despidieron.

“Para muchos de nuestros estudiantes, la escuela es el único lugar seguro con el que pueden contar”, dijo Gazda durante esa reunión, “y esa seguridad se evapora cuando salen de los confines de nuestros edificios”. Agregó que las preocupaciones sobre los derechos de los padres son realmente “intolerancia y prejuicios apenas velados contra las personas LGBTQ”.

Los jueces han desestimado muchas de las demandas. En diciembre, un juez federal desestimó el caso de Foote, escribiendo que afirmar la identidad de género de un estudiante no era necesariamente una intervención médica o evidencia de transición social, sino que “simplemente otorga a la persona el nivel básico de respeto que se espera de una sociedad civil en general”.

Sin embargo, el juez también reconoció que “es desconcertante” que la administración escolar pueda “ocultar activamente información a los padres sobre algo tan importante con respecto a su hijo”.

En enero, Foote presentó una apelación.

El hijo de Jessica Bradshaw, la madre del Sur de California, dijo que siente empatía por los padres a quienes les resulta difícil aceptar que sus hijos sean transgénero. Pero también expresó su frustración.

“Cuando los padres dicen que necesitan tiempo o paciencia, parece una excusa para seguir confundiéndote”, afirmó. “Es como si estuvieran afligidos por alguien que no está muerto, lo cual te hace sentir que no eres lo suficientemente bueno”.

Su madre reiteró que ama a su hijo sin importar su género, pero también expresó sus frustraciones.

“La escuela me está diciendo que tengo que subirme al carro y apoyarlo por completo”, dijo Bradshaw. “En este momento tengo que lidiar con demasiadas cosas y considero que, como madre, tengo derecho a tomar esa decisión”.

Katie J. M. Baker