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El Día de los Reyes, una celebración de afirmación hispana en la diáspora

El Día de los Reyes, una celebración de afirmación hispana en la diáspora

Mario Micael, tiene ocho años, ojos risueños y una creatividad vivaz alimentada por una familia que ha tenido presente y de forma intensa su cultura hispana. Por eso tiene tatuada de alguna forma en su inocente memoria aquella mañana del 6 de enero cuando vio a los Tres Reyes Magos llegar a su casa de Florida Central.

“Yo no podía dormir, y cuando salí del cuarto y los vi entrar a la casa. Estaban poniendo los regalos y sus camellos estaban comiéndose la grama. Los miré desde lejos pues yo estaba escondido en mi cuarto”, dijo con gran seriedad el jovencito al narrar que, en ese momento, no sintió miedo. Todo lo contrario, “me sentí tranquilo”, expresó mientras fijaba sus ojitos en los de su madre que estaba al otro lado del salón y lo miraba sonriente con rostro de complicidad.

Mario es el más pequeño de una gran, diversa y alegre familia vecina de Florida Central cuyas raíces hispanas son el portaestandarte de este clan en el cual niños, adolescentes y adultos por igual comparten su fervor por la celebración del Día de los Reyes.

Y sí, la Navidad habrá acabado para la mayoría de los residentes de Florida, pero para los hispanos en este estado, Estados Unidos y el mundo aún está por llegar la efeméride navideña más importante, la del 6 de enero, la que conmemora la tradicional visita de aquellos sabios de Oriente que caminaron muchos meses hasta llegar a una casa donde honraron con regalos de realeza al niño Jesús que había nacido un par de años antes en una cueva en Belén.

Tan seria es esta celebración que, aunque no sea un día feriado para el estado floridano, muchos padres hispanos optan por no enviar a sus hijos a la escuela para festejar el evento.

“Vivimos 15 años en Syracuse, New York y siempre planteaba en la escuela de mis hijos que el Dia de los Reyes era un día feriado religioso y no los enviaba a clases. El estado de Nueva York nunca me puso objeción. Cuando me mudé a Florida hacía lo mismo y tampoco tuve problemas”, dijo María Revelles, la matriarca del clan.

“Sabes, a mí no me sorprende que mis hijos digan que vieron de niños a los Reyes Magos llegar a la casa pues era nuestra costumbre hacer toda una producción esa noche: marcábamos las huellas de los camellos o de los caballos, derramábamos agua para simular que habían tomado agua, esparcíamos grama por el piso y creábamos todo un ambiente y toda una ilusión de esa visita mágica. En la diáspora es bien intencional el vivir la experiencia del Día de los Reyes Magos”, dijo Revelles.

Roxanne Santiago, de 25 años, es una de las hijas mayores de Revelles y en su recuerdo de esta celebración se entremezcla la ilusión de su niñez con la afirmación de su herencia puertorriqueña. “Mis planes son celebrar el Día de los Reyes toda mi vida porque, además, esta celebración es la que realmente está conectada con el relato del nacimiento del niño Jesús, pero es también lo que me hace puertorriqueña”, dijo.

Con ella coincidió su hermana Ariadna, de 24 años quien agregó que los Reyes Magos suelen dejar regalos más simples y a veces más pequeños, “pero son más significativos porque son obsequios que tienen un mayor impacto en tu vida, en tus emociones o te permiten compartir con tu familia. Por ejemplo, en mi casa, ese día nos regalamos libros, obras de arte, cosas de cultura, juegos de mesa. Son cosas que te tocan el corazón”, dijo la joven.

“Antes pensaba que todo el mundo celebraba el Día de los Reyes, pero al mudarme para Florida me di cuenta de que no es así y ahora me siento afortunada pues tengo dos navidades, mientras otros solamente tienen una”, agregó Ariadna.

Se lamentó por aquellos latinos que han dejado perder esta tradición y otros elementos de su identidad hispana. “El hispano que se queja de ser víctima de prejuicio no ayuda en nada cuando él mismo niega su identidad olvidando sus tradiciones, su idioma y su cultura”, agregó categórica.

Joxanne, de 15 años, es un joven de pocas palabras, pero su alocución fue contundente: “El Día de los Reyes me reconecta con mis tradiciones. Me acerca a mi familia. Es lo que soy”.

Igualmente, se expresó Michelle quien destacó que lo mejor de esta celebración no son los regalos, sino el momento en que la familia se junta a preparar el desayuno, o armas una improvisaba reunión bulliciosa para contar chistes y compartir historias.

“Y me encanta cuando llega la noche y nos vamos afuera con las cajas de zapatos a recoger grama para dejárselas a los camellos o caballos”, dijo Michelle.

El Día de los Reyes es, ciertamente, la celebración navideña más importante del mundo hispano, pero para los latinos que viven fuera de sus países es un evento de afirmación cultural.

“Es un estandarte de batalla, es como izar la bandera nacional, es como ondear la monoestrellada boricua el día del desfile puertorriqueño. El ser auténticos nos amarra y nos identifica con otras comunidades que también quieren ser auténticas. Podemos contribuir a un mundo global sin homogenizarnos. Eso es el Día de los Reyes”, dijo Revelles.