Cuando hablamos de joyas de la ciencia ficción se nos olvida una muy importante

La década de los 90 fue muy especial para el cine, llena de grandes películas, propuestas originales e influyentes que han pasado a la posteridad del Séptimo Arte. Se habla mucho de 1999 como uno de los mejores, si no el mejor año en la historia del cine, con una cosecha incontestable que incluye éxitos y obras maestras como Matrix, El club de la lucha o Magnolia. Pero lo cierto es que 1998 tampoco se queda muy atrás.

Aquella fue una época en la que muchos millennials nos formamos como cinéfilos y descubrimos a importantes autores. En 1998 vivimos grandes momentos frente a la pantalla gracias a estimulantes variaciones de la ciencia ficción como Pi, Pleasantville o El show de Truman, que nos abrían los ojos a nuevos mundos. De hecho, el cine fantástico atravesó una etapa especialmente fértil en ese puente entre milenios, y más allá de las películas mencionadas, hay una joya dentro de este género que se suele pasar por alto y merece mucho más reconocimiento: Dark City.

Cartel oficial de 'Dark City' (New Line Cinema)
Cartel oficial de 'Dark City' (New Line Cinema)

Alex Proyas saltó a primera línea del cine con El cuervo (1994), la fatídica película en la que Brandon Lee perdió la vida en un accidente durante el rodaje, y que a pesar de todo pasó a ser un éxito de crítica y público, convirtiéndose posteriormente en todo un clásico de culto. Con su siguiente largometraje, el director australiano de origen egipcio apuntó mucho más alto, desarrollando un concepto de ciencia ficción ambicioso con el que llevaba a cabo la creación de un universo fascinante. Así nacía Dark City, una película excepcional que, sin embargo, no logró causar impacto alguno en la taquilla.

Para quien no la conozca, Dark City cuenta la historia de un hombre llamado John Murdoch (Rufus Sewell), que despierta con amnesia en la bañera de un hotel. Murdoch vive en una gran ciudad en la que siempre es de noche, donde unos siniestros seres pálidos con poderes, conocidos como Los Extraños, ejercen control sobre su población. Murdoch emprende una peligrosa investigación para recuperar sus recuerdos y descubrir qué está pasando realmente en la ciudad, donde el tiempo se para cada día a medianoche, mientras Los Extraños alteran la realidad y manipulan los recuerdos de los habitantes. Murdoch recuerda pinceladas de su pasado, incluida su mujer, Emma (Jennifer Connelly), y una playa misteriosa, pero en ese lugar, nada es lo que parece. Con un inspector (William Hurt) y un mad doctor (Kiefer Sutherland) involucrados en su caso, John irá recomponiendo las piezas de su historia, descubriendo que él también tiene los mismos poderes que Los Extraños, lo que lo conduce hacia una verdad que cambiará por completo su percepción de la realidad.

Con Dark City, Proyas elaboró un cocktail cinematográfico muy llamativo en el que saltan a la vista sus influencias. La película se construye principalmente como un noir de ciencia ficción, con fuerte inspiración en el cine negro de los 40 y 50 (especialmente películas como El halcón maltés de John Huston), recuperando sus elementos clásicos -antihéroe masculino, femme fatales, ambientación decadente y oscura, crímenes…- para reescribirlos en el contexto de un mundo fantástico con reglas y particularidades no muy alejadas de sagas como Star Wars y Dune, y pinceladas del cine de terror, como Hellraiser.

Por otro lado, la película también puede recordar a las historias inquietantes de la serie antológica La dimensión desconocida, referente confeso de Proyas, los relatos de Kafka, cuyo espíritu se puede sentir a lo largo del metraje, e incluso Platón con su mito de la caverna. Sin olvidar el anime, especialmente Akira, a la que Proyas homenajea abiertamente en la batalla final.

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Y su apartado técnico y visual merece mención aparte. Una de las cosas por las que Dark City es recordada y venerada a pesar de haber supuesto una enorme decepción comercial en su día, es por su excelente diseño de producción, obra de Patrick Tatopoulos. En la construcción de la ciudad (realizada íntegramente en set), se pueden detectar ecos a Metrópolis, el clásico mudo de Fritz Lang, así como también a Brazil de Terry Gilliam, Blade Runner de Ridley Scott o el cine expresionista alemán (Nosferatu, M, el vampiro de Düsseldorf). Proyas toma prestados esos compases visuales y narrativos para recomponerlos en una sinfonía urbana donde los edificios se mueven y transfiguran para crear un escenario tan amenazante como estéticamente precioso. Solo unos cuantos detalles digitales han envejecido mal (lógicamente, la película tiene más de 20 años), por lo demás, Dark City conserva todo su magnetismo visual y su cualidad atemporal, en gran parte gracias a ese diseño elegantemente retro que le ha ayudado a aguantar el paso del tiempo.

Sacando el máximo partido de un moderado presupuesto de aproximadamente 30 millones de dólares, con efectos prácticos, artesanía y mucha creatividad, Proyas consiguió levantar un universo confinado a una ciudad, que no obstante se siente vasto e infinito. La película, sin embargo, se dio un buen batacazo en la taquilla mundial. No lo tuvo fácil, ya que competía con la imparable Titanic, que aun aguantaba en el número 1. En Estados Unidos, logró recaudar tan solo 14,4 millones de dólares, con 12,8 en el resto del mundo, lo que sumó un triste total de 27,2 millones (BoxOfficeMojo), suponiendo pérdidas económicas para su distribuidora, New Line Cinema. Dark City pasaba así, sin pena ni gloria, por una cartelera que no tardaría en olvidarse de ella.

Antes de llegar a las salas, el estudio había solicitado a Proyas realizar cambios para hacerla más accesible, ante la creciente preocupación de que el argumento pudiera resultar demasiado confuso para los espectadores. Así, la versión que se estrenó en cines incluyó una voz en off que narraba al comienzo del film, y modificaciones para hacerla más accesible. En 2008, diez años después de su estreno, vio la luz el montaje del director, en el que Proyas restauraba su visión original, cambiando de sitio esa voz del principio y añadiendo 15 minutos de metraje. Sin la presión de la taquilla, el director era libre para presentar la película tal y como la concibió.

Volviendo atrás, pese a su fracaso comercial, Dark City obtuvo críticas generalmente positivas (el famoso crítico Roger Ebert la eligió como la mejor película de 1998) y el reconocimiento de la industria, especialmente dentro del contexto del cine fantástico, con galardones y nominaciones a los premios Hugo, Saturn y Bram Storker, premios a la dirección de Proyas en varios festivales de cine fantástico (Ámsterdam, Bruselas) y un reconocimiento especial de la National Board of Review. A día de hoy, cuenta con un 75% de críticas positivas en Rotten Tomatoes y un 85% en opiniones del público, mientras que en IMDb tiene un 7,6/10 con casi 200.000 votos, lo que indica que es una película muy bien valorada.

Solo un año más tarde llegó Matrix, una película que tiene bastante en común con ella, sobre todo a nivel conceptual (la idea de que la realidad en la que vivimos podría no ser real), y ligeramente a nivel estético. Matrix, por supuesto, venció en cuanto a éxito y repercusión, pero la influencia de Dark City, aunque discreta, también se ha sentido posteriormente. Christopher Nolan reconoció que, cuando empezó a escribir Origen, se fijó mucho en esa época del cine en la que películas como Matrix o Dark City cuestionaban la realidad. Y hace poco, su cuñada, Lisa Nolan, intentaba hacer algo parecido, pero con peores resultados, con Reminiscencia. Si bien realmente no inventó el neonoir de ciencia ficción (ahí está Blade Runner), Dark City permanece como uno de los principales exponentes de ese subgénero.

Aunque pocos fueron a verla en su día, la película sigue grabada a fuego en la memoria (y la retina) de unos cuantos que sí conectamos con ella y no la hemos olvidado. A día de hoy, recordamos Dark City como estandarte de una época en la que el cine brilló por sus ideas originales y desafiantes, en la que los estudios arriesgaban mucho más. Por su atractivo y oscuro universo estético, por la belleza siniestra de sus imágenes oníricas, por la memorable banda sonora de Trevor Jones, por esa atmósfera que atrapa y esa historia que sorprende, por la visión de una hermosa Jennifer Connelly cantando sobre el escenario, o por ese clímax apoteósico y ese final engañosamente esperanzador que ponía un cegador broche de oro a la película.

Y que bien podría haber dado para mucho más. Desde luego, así lo cree Proyas. Dos décadas más tarde, el director regresó al pesadillesco mundo de Dark City con un nuevo cortometraje titulado Mask of the Evil Apparition, con una nueva protagonista envuelta en una historia similar, y en sus planes está la creación de una serie con la que pretende expandir su universo. Mientras cruzamos los dedos para que ese proyecto salga adelante y se empiece a aprovechar su potencial para saga, que es considerable, solo nos queda volver una vez más a la película que se adelantó a Matrix, a esa obra de culto que, tantos años después, sigue resonando en mi subconsciente, como un sueño recurrente que no me puedo sacar de la cabeza.

Dark City está disponible en alquiler y venta digital a través de Rakuten TV, Google Play y Apple TV.

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