¿Quién decide qué prendas debe usar un campeón?

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Tokyo 2020 Olympics - Gimnasia artística: Kim Bui de Alemania, Pauline Schaefer y Elisabeth Seitz en sus
Tokyo 2020 Olympics - Gimnasia artística: Kim Bui de Alemania, Pauline Schaefer y Elisabeth Seitz en sus "unitardos".REUTERS/Mike Blake

Finalmente, el leotardo de mangas tres cuartos y largo en las piernas no llegó a la final de gimnasia por equipos en las Olimpiadas. Las gimnastas alemanas que lo usaron para luchar contra la “sexualización” de su deporte fueron eliminadas durante las rondas por la calificación. En cambio, sí se usaron los leotardos clásicos con lentejuelas de corte alto arriba del muslo.

El impacto inicial por la sanción a las jugadoras de balonmano de playa por atreverse a declarar que se sentían mejor con los diminutos pantalones cortos de licra que con los calzoncillos de bikini todavía más diminutos (y que querían actuar según sus deseos) no se volvió a analizar porque el balonmano es solo un deporte de los Juegos Olímpicos de la Juventud y ninguna de las jugadoras de volibol de playa presentó una protesta parecida.

No obstante, de muchas maneras, estos Juegos Olímpicos se han configurado tanto por lo que hay como por lo que no hay.

Al igual que las cuestiones sobre la prohibición de la marihuana —ahora legal en muchos estados— provocadas por la ausencia de la velocista Sha’Carri Richardson, o sobre qué hace que alguien sea una mujer, planteadas por la decisión de la campeona de media distancia Caster Semenya de no competir para no tener que verse obligada a reducir sus niveles naturales de testosterona, las controversias sobre la ropa han suscitado que se vuelva a analizar el statu quo.

Se han enfocado en temas de sexismo, de la cosificación del cuerpo femenino y de quién decide qué tipo de prendas se consideran “apropiadas” cuando se trata de la actuación de los atletas.

Este debate ha estado presente durante mucho tiempo”, comentó Angela Schneider, directora del Centro Internacional de Estudios Olímpicos y parte del equipo de remo de Canadá en las Olimpiadas de 1984.

Es la versión más reciente de un debate que se ha dado en las oficinas, las universidades y las escuelas de bachillerato; en los corredores del Congreso; en las aeronaves y en los canales de televisión, conforme las personas se han rebelado cada vez más contra las tradiciones y los códigos de vestimenta tan relacionados con el género que se les han impuesto, ya sea que se trate de la obligación de usar traje y corbata, de la prohibición de usar mallas o de la exigencia de calzar zapatos con tacones altos.

Tal vez los deportes sean la última frontera de esta batalla, en parte porque se han construido sobre los cimientos de la diferenciación de género, lo cual incluye cómo se expresa eso a través de la indumentaria, así como sobre intereses financieros y una jerarquía inalterable.

Los movimientos de justicia social y #YoTambién han hecho que la igualdad y la inclusión sean el alarido de este momento y eso se extienda a lo que vestimos para expresarnos y al concepto de uniformidad, lo cual tal vez no sea tanto una idea relevante como una interpretación anticuada del contrato social, definido por una estructura histórica del poder, que casi siempre les perteneció a los hombres, y por lo general a los blancos.

Pese a que ese conflicto es más evidente en estas Olimpiadas, existe en todos los niveles, desde las Ligas Menores hasta los campeonatos mundiales. Y aunque a veces las cuestiones en torno a la ropa y los deportes afectan a los hombres (los deportes acuáticos, sobre todo la natación, el polo acuático y los clavados son de los pocos en los que está expuesto el cuerpo masculino y es más cosificado que el cuerpo femenino), afectan más a las mujeres.

De alguna forma, parece un poco asombroso que sigamos hablando de lo que pueden usar o no las mujeres”, señaló Brandi Chastain, exintegrante del equipo de fútbol soccer femenil de Estados Unidos que se hizo famosa —o notoria, dependiendo del punto de vista— en la Copa Mundial Femenina de Fútbol de 1999 por quitarse la playera y mostrar su sostén deportivo al estar celebrando su gol en la final contra China. “Pero al menos estamos hablando de ello”.

Chastain cree que finalmente las conclusiones podrían ser más permanentes.

Una breve historia sobre las personas que se espantan por la ropa que usan las mujeres en los deportes

A menudo parece que desde que las mujeres han participado en los deportes de competencia ha habido intentos de controlar la ropa que usan: para que sea más o menos femenina; para ocultar el cuerpo porque puede ser demasiado seductor para que los hombres lo vean o para resaltarlo con el fin de animar a los hombres a pagar por verlo; para restarle importancia a la idea de poder y promover la idea de una feminidad estereotipada

Puesto que los deportes se basan en el aspecto físico, es casi imposible separar el concepto de la sexualidad del concepto del atleta, sin importar cuán absurdo sea creer que cuando una mujer, o para el caso un hombre, está en la competencia de su vida, está pensando en seducir a los espectadores.

Esto es evidente en especial en el tenis. En 1919, Suzanne Lenglen de Francia causó un impacto en Wimbledon al usar una falda a la altura de la pantorrilla sin enaguas y no usar corsé; la calificaron de “indecente”.

Lo mismo sucedió 30 años después cuando la jugadora estadounidense Gertrude Moran usó un vestido de tenis que le llegaba a la mitad del muslo y, una vez más, los poderosos de Wimbledon declararon que había introducido “el pecado y la vulgaridad en el tenis”.

En 1955, cuando Billie Jean King tenía 12 años, la sacaron de una foto grupal del club de tenis porque llevaba pantaloncillos y no falda corta. Incluso en 2018, Serena Williams causó conmoción por usar una prenda de malla de una sola pieza en el Abierto de Francia.

¡Es cultural!

En este momento, podríamos perdonar a un alienígena que aterrizara en la tierra por sentirse confundido acerca de las llamadas faldas que usan las mujeres en el tenis, el hockey sobre pasto, el squash y el lacrosse, ya que parecen más el vestigio de un faldón —como una cola residual— que una verdadera prenda.

De la misma manera, no tendría sentido que los hombres y las mujeres usaran una gran cantidad de ropa tan asombrosamente diferente en, digamos, pista y campo, mientras que en deportes como el remo, el baloncesto y el sóftbol usan ropa muy parecida.

Cuando se busca la respuesta, esta casi siempre es: “Así es la cultura del deporte”. En este sentido, la cultura es sinónimo de historia y legado; de aquello con lo que los atletas se involucraron en su deporte en primera instancia; y de los símbolos que conectan a los deportistas extraordinarios de hoy en día con los que estuvieron antes.

Es la cultura del deporte que las gimnastas usen leotardos brillantes. Es la cultura del deporte que las jugadoras de volibol de playa parezcan conejitas de playa. Es la cultura del deporte que los patinadores (skaters) usen playeras holgadas y pantalones sueltos.

Tal vez se use a la cultura como una razón y como una excusa, pero eso no significa que esté bien”, señaló Cassidy Krug, integrante del equipo de clavados de Estados Unidos en las Olimpiadas de 2012.

Asimismo, la cultura del deporte implica concentrar el poder en las manos de los órganos rectores, los cuales gobiernan con mano de hierro, y en los entrenadores subalternos.

“Cuando alguien tiene tus sueños en sus manos, es muy difícil actuar en contra”, comentó Megan Neyer, asesora deportiva y psicológica y exclavadista olímpica de Estados Unidos. Durante años se les ha dicho a los atletas que están para ser vistos, no escuchados, situación que ayudó a dar pie al abuso sexual que en fechas recientes se ha descubierto en muchas disciplinas y que ha hecho que el debate en torno a la vestimenta sea todavía más delicado.

Sin embargo, debido a que las redes sociales han permitido que los atletas creen sus propias bases de poder, el campo de juego también ha cambiado para permitirles alzar la voz de un modo en que no podían hacerlo antes.

“Ha habido un alboroto importante en el movimiento relacionado con los derechos de los atletas”, mencionó Schneider. “Ha habido un cambio en el poder”.

Quién decide

El Comité Olímpico Internacional autoriza que los comités olímpicos nacionales de cada delegación impongan sus propias reglas con respecto a la vestimenta, con una salvedad, según Schneider: el resultado “no debe ser indecoroso”.

No obstante, al igual que los códigos de vestimenta para la oficina, que por lo general se han limitado a la idea de que los empleados solo se vistan de manera “apropiada”, es muy subjetivo lo que puede considerarse ofensivo o apropiado.

Es una palabra muy flexible cuando se trata del cuerpo de las mujeres y cambia de una cultura a otra y de una religión a otra”, señaló Schneider.

Los leotardos usados por el equipo alemán fueron posicionados como una declaración política, pero también fueron una forma de atuendo respaldada oficialmente. Solo que ninguna gimnasta había decidido usarlos con anterioridad en un escenario como el de las Olimpiadas. En junio, las reglas de la Federación de Gimnasia de Estados Unidos cambiaron para permitir que las gimnastas, al igual que los hombres, usaran pantaloncillos cortos sobre los leotardos.

Los estilos “evolucionan cuando las costumbres sociales evolucionan”, señaló Girisha Chandraraj, director general de GK Elite, empresa que fabrica los leotardos para los hombres y las mujeres de los once equipos nacionales, incluyendo el de Estados Unidos. Que al parecer las mujeres prefieran lo que es como una elegancia clásica (¡los brillos y destellos!) y tener las piernas desnudas, depende de ellas.

Lo cual, a la larga, es lo que debería ser: una elección. “En un estudio tras otro hemos observado que el desempeño de un atleta es mejor cuando se siente mejor con la ropa que usa”, comentó Catherine Sabiston, profesora de Deporte y Psicología del Ejercicio en la Universidad de Toronto. Pero solo los atletas pueden precisar la ropa que los hace sentir mejor. Tal vez sean los pantaloncillos cortos, quizás los pantaloncillos ajustados de licra, tal vez los leotardos.

Quizás un bikini.

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