'¿Solo van a dejarme morir?': La odisea del aborto de una mujer

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Madison Underwood y su prometido, Adam Queen, antes de emprender un viaje de cuatro horas a otro estado y otra zona horaria para llegar a una clínica de aborto en Georgia, en Pikeville, Tennessee, fuera de Chattanooga, el 4 de julio de 2022. (Kendrick Brinson/The New York Times)
Madison Underwood y su prometido, Adam Queen, antes de emprender un viaje de cuatro horas a otro estado y otra zona horaria para llegar a una clínica de aborto en Georgia, en Pikeville, Tennessee, fuera de Chattanooga, el 4 de julio de 2022. (Kendrick Brinson/The New York Times)

Madison Underwood estaba recostada en la mesa de ultrasonido, con casi 19 semanas de embarazo, cuando su médico entró para decirle que su aborto había sido cancelado.

Las enfermeras entraron después y limpiaron el gel tibio de su vientre descubierto mientras su médico se inclinaba cerca de ella para hablar con su prometido, Adam Queen.

Underwood recuerda que se quedó callada y que su cuerpo se paralizó. ¿A qué se referían con que no podían realizar el aborto? Apenas dos semanas antes, se había enterado, junto con su prometido, que su feto tenía un padecimiento que no le permitiría sobrevivir fuera de la matriz. Si trataba de llevar a término su embarazo, podría enfermarse de gravedad, o incluso morir, según le dijo su médico. Ahora le decían que no podía practicarse un aborto que ni siquiera quería pero que sí necesitaba.

“¿Solo van a déjarme morir?”, recuerda haberse preguntado.

En medio de la confusión que le rodeaba, escuchó a su médico y a las enfermeras hablar sobre una clínica en Georgia que podía realizar el procedimiento ahora que los riesgos jurídicos de practicarlo en Tennessee eran demasiado altos.

Escuchó a su prometido maldecir y, con una voz cargada de frustración, este le dijo al médico que aquello era una estupidez. Ella escuchó que el médico estuvo de acuerdo con él.

Apenas tres días antes, la Corte Suprema de Estados Unidos había anulado el derecho constitucional al aborto. Una ley de Tennessee aprobada en 2020 que prohibía el aborto desde alrededor de las primeras seis semanas de embarazo había sido bloqueada por un mandato judicial, pero ahora podría entrar en vigor.

Madison Underwood recibe apoyo de Theresa Davis, la madre de su prometido, Adam Queen, antes de entrar a una clínica de aborto en Atlanta, el 8 de julio de 2022. (Kendrick Brinson/The New York Times)
Madison Underwood recibe apoyo de Theresa Davis, la madre de su prometido, Adam Queen, antes de entrar a una clínica de aborto en Atlanta, el 8 de julio de 2022. (Kendrick Brinson/The New York Times)

Underwood jamás pensó que todo esto le afectaría. Tenía 22 años y estaba emocionada de empezar una familia con Queen, de 24.

Queen y ella habían reflexionado durante varios días antes de decidir interrumpir el embarazo. Ella temía que llegara el día del procedimiento. Lloró en el auto cuando se estacionaron en la clínica. Había escuchado sobre la anulación de la sentencia en el caso de Roe contra Wade por parte de la Corte Suprema, pero pensó que, como había programado su aborto antes de la anulación, y antes de que las prohibiciones estatales entraran en vigor, podría llevarlo a cabo.

Tennessee autoriza los abortos si la vida de una mujer está en peligro, pero los médicos temían tomar esas decisiones de manera demasiado precipitada y enfrentar cargos judiciales. En todo el país, el panorama jurídico estaba cambiando con mucha rapidez, algunas clínicas de abortos se rehusaron a atender a pacientes antes de que las leyes entraran en vigor de forma oficial o mientras se libraban contiendas legales en los tribunales estatales.

Se activaron prohibiciones que habían sido redactadas hace un siglo, pero luego, con la misma velocidad, se impugnaron. En estados donde el aborto seguía siendo legal, los tiempos de espera aumentaron en las clínicas, ya que las mujeres de estados con prohibiciones buscaban alternativas.

En medio de este caos, Underwood fue enviada a casa, aún embarazada, y conmocionada. ¿Qué pasaría ahora? Su médico le dijo que debería ir a Georgia, donde los abortos todavía eran legales hasta las 22 semanas, aunque ese estado tenía una prohibición que pronto entraría en vigor.

‘Quiero una hija’

Queen relató que se dio cuenta antes de su prometida de que esta estaba embarazada.

Había vomitado casi todas las mañanas durante una semana y se le había empezado a antojar la comida china, que normalmente detestaba. Una noche de mayo, después de terminar su turno como gerente de una tienda Dollar General, le trajo a casa una prueba de embarazo. Él esperaba y oraba que fuera positiva.

“Estaba listo para tener una pequeña familia y empezar esa vida juntos”, afirmó.

Para ahorrar dinero, vivían con la madre de Queen, Theresa Davis, y su padrastro, Christopher Davis, en una granja de la familia en Pikeville, un pueblo anidado en un valle abundante a más o menos una hora de Chattanooga.

Underwood se escabulló hacia el baño del piso de arriba. Era la primera vez que se hacía una prueba de embarazo, y no quería equivocarse. Pasó 15 minutos eternos viendo fijamente la televisión en su habitación, esperando.

Sonó la alarma de su teléfono y echó un vistazo a la prueba, la tomó y la agitó. Una línea se marcó en la columna de “positivo”. Durante un par de segundos, su respiración se detuvo.

“Espero que sea niño”, dijo su prometido.

A ella se le aceleró el corazón. Sonrió.

“¡Sé que quieres un hijo! Ya tienes una niña”, le respondió, riendo. “Pero sabes que yo quiero una hija”.

Queen tuvo un hijo con una novia anterior, y parte de sus ingresos los destinaba a su manutención. Él había estado con Underwood desde hace cuatro años; le pidió matrimonio en un viaje a Virginia Beach a principios de este año.

El Día de las Madres, la pareja les reveló el embarazo a sus respectivos padres por medio de canastas de regalo con envoltorios ingeniosos de “Los mejores abuelos del mundo”. Al principio tuvieron que lidiar con algunas reacciones negativas al hecho de que ella quedara embarazada antes de que estuvieran casados, pero al saber que su boda estaba programada para finales de junio, y con la emoción de recibir a un nuevo bebé, a todos se les pasó la molestia.

En su primera cita de control en una clínica gratuita de la localidad, ambos se enteraron de que Underwood tenía 13 semanas de embarazo y daría a luz el 23 de noviembre. La pareja salió alegre de la revisión.

Antes de la revocación del aborto

En la siguiente consulta de Underwood, una enfermera prometió que les daría más imágenes del ultrasonido para que se las llevaran a casa. La enfermera les hizo preguntas, tomó medidas y confirmó su fecha de parto. Pero luego se quedó “muy callada”, narró Underwood.

“Dijo que esperáramos unos minutos a que viniera la enfermera especializada a hablar con nosotros para ‘ver qué haremos a partir de ahora’”, comentó.

Para Davis, que acompañó a Underwood a la cita, y había vivido siete abortos espontáneos, esas palabras “activaron alarmas” en su cabeza. “Esto no suena bien”, le dijo a su futura nuera.

Primero, la enfermera especializada le explicó que se trataba de un caso moderado de encefalocele, un bulto en la parte posterior del cuello del feto que crece debido a que los tubos neurales no se cierran durante el primer mes de embarazo. El encefalocele ocurre en aproximadamente 1 de cada 10.500 bebés nacidos en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

La enfermera especializada le dijo a la familia que esto podría solucionarse mediante una intervención quirúrgica, y que el bebé podría presentar una discapacidad intelectual o un retraso en el desarrollo, incluso convulsiones. Underwood y su prometido estaban “tranquilos con eso”, indicó. Pero a ella le preocupaba que el bebé tuviera que someterse a una operación justo después de nacer. “Tenía mucho miedo”, relató.

También se enteraron de que tendrían una hija. Decidieron llamarla Olivia, por el nombre del abuelo de Underwood, Oliver.

Los médicos refirieron a la familia a Regional Obstetrical Consultants, una red de clínicas especializadas en tratamientos de embarazos de alto riesgo. La clínica se rehusó a ofrecer comentarios para este artículo.

Ahí, la familia contó que recibió otra noticia devastadora: no se había formado un cráneo en el feto. Incluso con una operación, los médicos afirmaron que no habría nada que protegiera al cerebro, por lo que la bebé sobreviviría, a lo sumo, unas cuantas horas, si no es que unos minutos, después de su nacimiento.

Aun en ese momento, Underwood tenía la esperanza de llevar a término su embarazo para, por lo menos, llegar a conocer a su bebé y donar sus órganos, de ser posible.

“Solo sentí que era la única opción”, dijo. “Todo pasa por algo”.

Sin embargo, los médicos le informaron que la masa cerebral del feto se estaba filtrando hacia el saco amniótico, lo cual podría provocar una infección y causarle una enfermedad grave o incluso la muerte. Los médicos le recomendaron interrumpir el embarazo por su propia seguridad.

Postergaron su boda y programaron el aborto en la clínica de Chattanooga de la red Regional Obstetrical Consultants para el lunes, 27 de junio.

Atrapados en medio de una batalla nacional

Antes del 24 de junio, el día del fallo de la Corte Suprema, Tennessee permitía el aborto hasta las 24 semanas de gestación, pero las clínicas rara vez realizaban el procedimiento después de las primeras 20 semanas, según declaró una vocera del Centro de Salud Reproductiva de Knoxville, una de las clínicas de aborto más grandes de Tennessee.

Fuera de las clínicas especializadas en servicios de aborto, pocos centros médicos en el estado realizan el procedimiento. El Centro de Knoxville declaró que dejó de practicar abortos el mismo viernes en que fue anulado la sentencia del caso Roe contra Wade, en previsión del cambio de leyes en Tennessee.

Ese día, Herbert Slatery III, el fiscal general del estado, presentó una moción para que el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito de Estados Unidos suspendiera un mandato judicial de casi dos años de antigüedad que había bloqueado un intento de prohibir el aborto tras las primeras seis semanas de embarazo. El mandato fue suspendido un día después de que se cancelara el aborto de Underwood.

Sus padres y abuelos, que se oponen al aborto, interpretaron esto como una señal de que Underwood debía reconsiderar la idea. Habían rezado para que Dios detuviera el aborto si este no debía suceder, y cuando no ocurrió, se convencieron de que ella debía intentar llevar a término su embarazo.

“Simplemente estábamos esperando un milagro”, expresó su madre, Jennifer Underwood.

La madre de Queen sostuvo que apoyó la decisión de la pareja desde el principio. A los 12 años, fue víctima de violación y terminó dando a luz a un mortinato.

“La religión no tiene nada que ver con esto. A veces tu cuerpo solo te hace cosas, y si tienes que practicarte un aborto, no tienes porqué sentirte culpable al respecto”, afirmó.

A medida que la pareja se sentía más y más estresada, Queen renunció a su trabajo para cuidar de Underwood. La madre de Queen recaudó 5250 dólares a través del sitio web GoFundMe para ayudar con los gastos del viaje. El dinero también ayudaría a pagar por la cremación del feto.

‘Nuestro bebé va a morir’

A principios de julio, dos autos salieron de Pikeville a las dos de la mañana para emprender un viaje de cuatro horas a otro estado y otra zona horaria para asistir a una cita a las 8:00 a. m. en una clínica de aborto en Georgia. Underwood, Queen y la madre de este iban en un auto; los padres de Underwood y uno de sus hermanos iban detrás en el otro.

Cuando se detuvieron en la tercera estación de servicio de la noche, Underwood abrazó a su madre con fuerza y lloró. En el último momento, sus padres habían decidido acompañarla, aunque no estuvieran del todo de acuerdo.

Al amanecer, la pareja estaba sentada en la mesa de un Waffle House, Queen masajeaba la espalda de su prometida.

A Underwood se le realizaría un procedimiento de dos pasos conocido como dilatación y evacuación (D y E), a lo largo de dos días. En primer lugar, se le daría un medicamento para inducir la dilatación, luego iría a su habitación de hotel a esperar. Al día siguiente, regresaría a la clínica para finalizar el procedimiento. El personal médico de la clínica de Georgia le advirtió a la familia que habría manifestantes afuera. Cuando llegaron al estacionamiento, se encontraron con un hombre que sostenía carteles de fetos muertos.

“¿Les parece bien matar bebés?”, gritó con un megáfono.

Se acercó al auto de los padres de Underwood, y su madre bajó la ventanilla.

“Nosotros estamos de su lado en esto”, explicó su madre. “No apoyamos el aborto, pero los médicos dijeron que nuestra bebé morirá”.

“¿Confía más en los médicos que en Dios?”, le respondió.

La pareja subió hombro a hombro por una colina empinada hasta la entrada de la clínica. Ella llevaba audífonos para acallar los gritos de los manifestantes.

Seis horas después, volvieron a salir. En el estacionamiento solo había silencio.

© 2022 The New York Times Company

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