Detrás del cepo a importaciones: las tres patas del Frente de Todos que presionan sobre Guzmán

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El endurecimiento de los controles sobre las importaciones que dispusieron el ministro de Economía, Martín Guzmán, y el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, apunta a contener la sangría de dólares de las reservas pero también a resistir la presión política sobre ambos funcionarios que ya no es patrimonio solo del kirchnerismo.

A las críticas de la vicepresidenta Cristina Kirchner, que la semana pasada advirtió sobre un "festival de importaciones" como la causa de que el Central no pueda acumular reservas, se le sumaron otros dos hechos políticos: el pedido de Sergio Massa al presidente Alberto Fernández de "repensar el Gobierno", acompañado por una fuerte presión de su espacio político, y el pliego de reclamos que difundió la Liga de Gobernadores.

El punto de contacto entre los planteos de esos dos actores del Frente de Todos es la mirada crítica sobre la política económica y, por consiguiente, el equipo de funcionarios que la dirige. Más allá del respaldo que Fernández les ratifica a Guzmán y a Pesce, el círculo se va cerrando sobre ellos al calor de la puja interna que atraviesa la alianza oficialista.

A ello se suma que tanto la inflación como la tensión sobre el dólar son problemas que el equipo económico espera resolver en un cierto plazo que ya está corriendo y puede condicionar el apoyo de Fernández, destinatario de los planteos sobre la situación económica que le hacen llegar (con tonos y estilos diferentes) las distintas patas del Frente de Todos, siempre con un ojo puesto en evitar una derrota sonora en las elecciones de 2023.

El equipo económico pareciera acusar recibo de ese contexto político. Las medidas para "adaptar el sistema de pagos del comercio exterior" y "responder a las necesidades extraordinarias de divisas", como las informó el Banco Central, se anunciaron aun cuando pocos días la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, afirmó que "no hay festival de importaciones".

Guzmán y Pesce buscan contener la sangría de las reservas y a la vez resistir las crecientes presiones internas

Control a importaciones y tensión política: del reclamo de Cristina al pliego de los gobernadores

El resurgimiento de la Liga de Gobernadores el pasado viernes no fue un hecho político menor ni tampoco ajeno a la discusión por el manejo de la política económica. Con un comunicado cuidado en las formas pero duro en el mensaje, 17 mandatarios (la mayoría del Frente de Todos) lanzaron reclamos concretos al Presidente, centrados en las medidas económicas.

Encabezados por el bonaerense Axel Kicillof y el chaqueño Jorge Capitanich, ambos cercanos a Cristina Kirchner reclamaron "medidas específicas" para "desacelerar" el "impacto de la inflación en los ingresos de las familias", un "plan concreto" para resolver la falta de gasoil y una "distribución justa de los subsidios al transporte público y a la energía".

El gasoil y el esquema de reducción de los subsidios son los dos puntos que más ruido meten los gobernadores y la política de Guzmán. Además, los mandatarios dejaron un guiño a la vicepresidenta al reclamar también por la modificación del sistema de planes sociales.

Con este pliego de condiciones, la Liga de Gobernadores envió el mensaje de que se convierten en un nuevo actor dentro del oficialismo. De hecho, pidieron ser "partícipes" de las decisiones. El ingreso de Daniel Scioli al Ministerio de Desarrollo Productivo que tanto la vicepresidenta como los mandatarios provinciales vieron como un "refresh" de la gestión no alcanzó para reducir la presión.

El "cepo" a importaciones se anunció luego de que Cristina Kirchner remarcara sus críticas a la gestión de las reservas

El mensaje de Cristina Kirchner el pasado lunes en Avellaneda, donde apuntó directamente a la dificultad del Central para fortalecer las reservas y, tras un crítico análisis económico, remarcó que fue su marca Unidad Ciudadana lo que permitió que el Frente de Todos hoy sea Gobierno envalentonó a los gobernadores que venían manteniendo sus críticas con sordina.

Mientras la vicepresidenta junta tropa y afirma públicamente que "ganar elecciones para no cambiar nada" no sirve, los gobernadores observan que el futuro electoral del peronismo depende del rumbo económico del Gobierno y muestran preocupación. Algo similar a lo que ocurre en el massismo.

El planteo de Massa y por qué puede afectar a Guzmán

Desde Alemania, a donde viajó para participar de la Cumbre del G7, el Presidente emprende el regreso a la Argentina acompañado por Massa. En el anterior viaje que habían compartido a los Estados Unidos para la Cumbre de las Américas ambos tuvieron una larga conversación sobre la situación política y el titular de la Cámara de Diputados le pidió al jefe de Estado "repensar el Gobierno". Fernández tomó la sugerencia pero allí quedó todo.

Según supo iProfesional en el oficialismo había expectativa porque Fernández y Massa retomaran aquella charla. Especialmente luego de que el massista Frente Renovador dejara trascender su malestar con la falta de definiciones y la posibilidad de reclamar, en un congreso partidario programado para julio, que el tigrense renuncie a la presidencia de Diputados, lo que sería durísimo.

La Liga de Gobernadores se suma como otro actor crítico de Guzmán, con una lista de reclamos económicos

Cerca de Massa afirman que la solución a los problemas que encara el Gobierno no tiene que ver tanto con "cambios de nombres o parches" sino con "hechos concretos desde la gestión" que permitan una suerte de "relanzamiento". Si bien evitan apuntar directamente a Guzmán y al equipo económico, hay allí una tensión.

Massa forzó públicamente al ministro a implementar una actualización en el Impuesto a las Ganancias y sacó adelante en el Congreso un "alivio fiscal" para monotributistias, con lo que mostró una agenda económica propia y separada de la que despliega Guzmán.

Por otra parte, no cayó bien en el massismo que Fernández designara en el Ministerio de Desarrollo Productivo a Scioli, con quien el tigrense tiene mala relación desde hace años. Esto aumentó el fastidio en las filas de Massa, a quien le piden que se empiece a correr y a centrarse en su propia proyección nacional si nada cambia en el Gobierno.

¿Plazo para Guzmán y Pesce?

A principios de junio trascendió que Alberto Fernández le había puesto un plazo de unos 90 días a Guzmán para mostrar resultados en la meta que más lo preocupa: bajar la inflación. "Se supone que ese reloj todavía está corriendo", indicaron hace pocos días fuentes del oficialismo a iProfesional. En ese contexto, el equipo económico festejó al poder mostrar un índice de precios con una suba del 5,1% en mayo, significativamente inferior al 6% de abril.

Massa le insiste a Alberto Fernández en la necesidad de "repensar" el Gobierno y hay tensión en sus filas

Esa baja le permitió a Guzmán recuperar algo de oxígeno político y le inyectó confianza en poder cumplir con el objetivo en el plazo indicado que, según los cálculos que hacen los más críticos del ministro dentro del Frente de Todos, llegaría hasta septiembre u octubre.

Sin embargo, las complicaciones en el objetivo de acumular dólares en las reservas del Banco Central, además de acentuar las críticas de Cristina Kirchner, agregaron otro desafío con límite de tiempo. Como informó iProfesional, Guzmán y Pesce le prometieron a Fernández que la situación se revertirá para agosto o septiembre, cuando el clima ayude a reducir las importaciones de energía, punto central en la tensión a la que están sujetas las reservas.

El plazo coincide aproximadamente con el que en teoría "corre" para mostrar una tendencia descendente y sostenida en la inflación. Así, los precios y el dólar apuran al tándem Guzmán-Pesce casi tanto como los socios políticos de Fernández y ninguna opción está descartada cuando el tiempo corre.

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