Diego Martín: "Uno empieza a ser consciente de que puede hacer comedia cuando los demás dicen que haces gracia"

Diego Martín lleva varios años encarnando a Enrique Otegui, hermano de Cristina en Velvet, un personaje que además ha cobrado especial relevancia en la trama de Velvet Colección. El actor madrileño compagina sus trabajos en televisión con sus apariciones en teatro y cine. En este último medio su último gran proyecto ha sido la película Sin rodeos. Esto fue lo que nos contó a los medios congregados en el evento Upfront organizado por Movistar+.

Diego Martín (©Movistar+)

-¿Qué novedades ha traído tu personaje en esta segunda temporada de Velvet Colección?
Novedades a nivel de tono. Ya se apuntaban algunas cosillas en la primera temporada, pero en ésta hemos intentado tocar nuevas cuerdas del instrumento y mi personaje manteniendo quién es, su maldad. Hemos tenido tramas de comedia incluso bordeando el disparate que han sido muy agradable de hacer.

-En esta temporada no eres el mayor malvado ya que ha llegado otro personaje que es más terrible ¿no?
Han visto que había gente mucho más terrible y a mí me han dejado un poco para hacer reír. La maldad integral que esta temporada interpreta Andrés Velencoso va a ser patrimonio suyo. Eso es un bloque de horror. Cuando un personaje va llevando más tiempo sí que intentas encontrarle nuevas caras y nuevas notas a la tonalidad que es lo que hace también que sea satisfactorio, ir encontrando a alguien que te haga crecer y que te haga ir a distintos sitios siendo el mismo personaje.

-¿Cómo valoras la evolución de tu personaje durante todas las temporadas y cómo influye la vuelta a la serie de Cristina Otegui, interpretada por Manuela Velasco?
El desarrollo del personaje va produciéndose en paralelo a la aparición de nuevos personajes. Para mí ha sido muy interesante poder volver a jugar y a coincidir en escena con personajes con los que el personaje era de otro color. Y de repente ahora la vuelta de Miriam Giovanelli y Manuela Velasco está muy bien para poder incorporar esas cosas que le hemos metido a la mochila en personajes que ya estaban en el inicio de la serie.

-Si tuvieras que coger algo de la época de Velvet Colección, ¿con qué te quedarías de lo que se representa?
Con cierta capacidad para la importancia de la estética. Velvet Colección tampoco es una serie increíblemente naturalista y realista a ese nivel. Crea una atmosfera y un universo absolutamente propio. Independientemente de la capacidad económica o social que se pudiera tener había un gusto por presentarse al mundo y en sociedad con un rigor y un cuidado en uno mismo que quizás ahora hemos perdido. Por resumirlo, da mucho gusto no ver un solo chándal en todo el rodaje.

-La serie transcurre en Barcelona aunque se rueda en plató y tenéis vuestro croma. ¿Es más cómodo para vosotros?
A nosotros nos encantaría poder hacer una parte en el sitio. Somos muy de salir de excursión. Siempre da una novedad y algo fuera de la cotidianidad que tenemos rodando en plató. Pero a nivel de credibilidad no cambia gran cosa porque nuestra labor es que el espectador crea que se esté en Barcelona.

-¿A qué tipo de público crees que va dirigido Velvet Colección?
Al que quiera darle al botoncito y ver la serie. Yo, en lo que a mí concierne y como yo enfoco el trabajo, jamás se me ocurre pensar en que haya un tipo de público, una edad. Me es absolutamente indiferente y de hecho me parece casi ridículo pensar en un tipo de público al que dirigir tu interpretación, al margen de que luego el público de las series va haciéndose solo.

-Ya que en Velvet Colección la moda tiene especial relevancia, ¿es algo que te interesa?
La moda me interesa como fenómeno social. Me gusta la ropa porque me gustan las cosas bonitas, la estética, y rodearme de cosas que me hagan sentir bien y eso incluye cualquier tipo de objeto. Pero la moda como tal me interesa menos que el estilo. Hay algo en esta especie de cambio constante de la moda, y de la caducidad casi inmediata de todo, que conecto menos con ello. Pero como fenómeno me parece fascinante.

-¿Te sientes más cómodo en el drama o en la comedia?
Al final son un poco lugares comunes. La comedia no es forzosamente lo más fácil de hacer, quizás es algo que exige elementos que son más difíciles de trabajar. Pero los actores somos muy de querer buscar un cambio y cuando enlazas varias comedias seguidas te apetece drama. Es verdad que siempre le ponemos algo más de respetabilidad al drama, no sé por qué, pero cuando uno lleva varios dramas la comedia también se echa de menos. Yo reconozco que trabajando en comedia disfruto mucho porque hay una reacción más directa, más inmediata, más visible, tanto por parte del público como de los compañeros. Uno empieza de alguna manera a ser consciente de que puede hacer comedia cuando los demás te dicen que sí que haces gracia. Yo he hecho cosas con las que la gente se ha reído que a mí no me parecen nada graciosas.

-¿Tú crees que la ficción debe interesarse por temas en los que se posiciona alguna opción política o social?
Si lo hace como Costa-Gavras fenomenal. Al final no se trata tanto del qué como del cómo. Yo creo que cuando hablamos de posicionarse muchas veces tendemos a ser reduccionistas. Si la ficción debe ocuparse de la Política es obvio que sí porque la ficción debe ocuparse de cualquier aspecto que concierne al ser humano y la mera convivencia en sociedad ya es Política. Ahora, que lleguemos al panfleto me echa mucho para atrás. A mí lo que me interesa es que la ficción pueda hablar de la complejidad de las cosas y no que me dé lecciones.

-Llevamos viéndote en la pequeña pantalla muchos años. ¿En qué punto dirías que estás de tu carrera?
No he sido nunca muy carrerista, nunca me he planteado hacia dónde quiero ir. Uno va viendo prácticamente casi al día y, posiblemente, si me hubieran dicho que iba a hacer muchas de las cosas que he terminado haciendo, empezando por esta misma profesión, no necesariamente le habría dado demasiado credibilidad. Es una profesión lo sufrientemente loca e inestable como para intentar domarla.

-¿A estas alturas te cuesta seguir manteniendo el hueco en la industria televisiva?
Llevo más de veinte años dedicándome a esto y digamos que seguir aquí son galones de supervivencia. Es un trabajo que cada vez hay más gente y preparación. El depender siempre de deseos y de la interpretación que otros dan a lo que tú puedas darle siempre nos pone en una posición vulnerable. Uno tiene siempre esa especie de abismo cuando termina un trabajo a temer que sea el último.

-¿Cómo definirías el panorama actual de la ficción española?
Prometedor. Estamos dando pasos de madurez cimentados en todos los años que se ha hecho ficción buena y mala. Toda esa gente trabajando ha creado una pequeña industria que nos permite dar el salto de manera más dinámica a estos nuevos tiempos donde las nuevas plataformas y las nuevas maneras de consumir van a exigir nuevas ficciones y nuevos espectadores.

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Imagen: ©Movistar+