Disney alberga un tesoro de culto entre sus grandes fracasos

Aunque ahora está en lo más alto y parece imposible que alguien la baje de ahí, la historia de Disney está llena de altibajos y momentos oscuros. La década de los 80 fue especialmente cruel para el estudio, con varios fracasos artísticos y comerciales encadenados y una etapa de confusión creativa que les pasó factura. Pero el lapso comprendido entre finales de los 90 y principios del nuevo milenio también resultó en más de un batacazo y pérdidas millonarias que llevaron en última instancia a una reestructuración completa de la compañía.

Hablo de un capítulo de la historia de Disney marcado por la experimentación y el riesgo en el que Disney probó a alterar su fórmula con películas como Atlantis: El imperio perdido, Lilo & Stitch o la que hoy nos ocupa, la aventura espacial El planeta del tesoro, relectura en clave de ciencia ficción de La isla del tesoro que, a pesar de ser uno de los mayores fracasos de taquilla del estudio, aportó un soplo de aire fresco al canon Disney. En 2022, este tesoro de culto cumple 20 años y, aunque no es de sus títulos más populares, es recordada y reivindicada con enorme cariño por muchos.

Cartel oficial de 'El planeta del tesoro' (Disney)
Cartel oficial de 'El planeta del tesoro' (Disney)

El planeta del tesoro es el Clásico animado número 43 de Disney. Detrás de ella se encuentran los directores Ron Clements y John Musker, responsables de algunos de los mayores éxitos de la compañía durante su Renacimiento en los 90, La Sirenita, Aladdin o Hércules. Tomando como punto de partida el célebre relato de piratas de Robert Louis Stevenson, Clements y Muker idearon una modernización que cambiaba el océano por el espacio y fusionaba el arte tradicional de Disney con las tecnologías más punteras por ordenador, dando como resultado una película llena de acción e imágenes impresionantes para la época, que siguen aguantando de maravilla dos décadas más tarde.

Eso sí, a Clements y Muker les costó mucho sacarla adelante. La primera vez que propusieron la idea a Disney se remonta a 1985, pero el estudio la rechazó porque Paramount estaba preparando una adaptación de La isla del tesoro con el mismo concepto, que finalmente no se realizó. Los directores insistieron durante años y años, primero tras el estreno de La Sirenita y una vez más después de Aladdin, pero fueron rechazados, hasta que por fin en 1995 consiguieron luz verde gracias a un favor de Roy E. Disney y en contra de los deseos de Jeffrey Katzenberg, jefe de Walt Disney Studios por aquel entonces, que no tenía fe en el proyecto.

La realización de la película fue muy compleja debido a su dependencia de la tecnología y se tardó cuatro años y medio en completarla. El guion también dio bastantes problemas y la historia sufrió muchos cambios, reflejo de la dificultad de adaptar la obra de Stevenson a la ciencia ficción y con el público de Disney en mente. Una de las decisiones más importantes que se tomaron con respecto a la novela -y que más oposición se encontraron durante la producción- fue aumentar de edad al protagonista, Jim Hawkins, y convertirlo en un adolescente rebelde que surfea (literalmente) el espacio sobre su tabla. Por aquel entonces suponía una importante ruptura con lo que Disney había estado haciendo hasta el momento, pero visto con perspectiva, resulta completamente visionario. Así como la decisión de potenciar el vínculo padre-hijo que se establece entre Jim con el antagonista John Silver, aquí un temible pirata cyborg, y convertirlo en el corazón de la película.

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El desembolso de Disney para llevar a cabo el proyecto fue enorme. La película costó alrededor de 140 millones de dólares, un presupuesto desorbitado que la convirtió en el film de animación tradicional más caro de la historia. Sin embargo, su resultado en taquilla fue tremendamente decepcionante, incluso más bajo que el de Atlantis, que costó un poco menos y fue capaz de salvar los muebles por los pelos. Lo de El planeta del tesoro fue una debacle para Disney (seguro que en ese momento se arrepintieron de no haber hecho caso a Katzenberg). Tuvo que competir en cartelera contra James Bond (Muere otro día) y Harry Potter (Harry Potter y la cámara secreta) y apenas superó los 100 millones de dólares de recaudación final en todo el mundo -109,5M para ser exactos, BoxOfficeMojo-, confirmándose como uno de los mayores fracasos de su historia y llevando a enormes pérdidas económicas.

Las siguientes películas animadas del estudio, Hermano Oso y Zafarrancho en el rancho, tampoco fueron bien recibidas y acabaron empujando a Disney a cerrar su estudio de animación en Burbank en 2002, marcando así el fin de una era. Desde entonces, el foco se desplazó a la animación por ordenador, dejando el 2D como algo del pasado, salvo por un regreso puntual en 2009 con Tiana y el sapo. Así, El planeta del tesoro forma parte de aquella remesa de películas con las que Disney arriesgó a lo grande, obras que apostaron por algo diferente y perdieron.

Claro que como ocurre muchas veces, el paso de los años acabó dándole una segunda oportunidad. El planeta del tesoro pasó más bien sin pena ni gloria en su momento, pero a día de hoy, se le tiene un cariño enorme a su fusión de aventura clásica, acción y ciencia ficción con protagonista juvenil. Con un apartado visual deslumbrante y ambicioso y un diseño de personajes muy llamativo, la película se desmarcaba de lo que Disney había hecho hasta ahora, no solo en lo estético, sino también en una historia que cambiaba el pasado habitual de sus clásicos por el futurismo y que, además, no era un musical -aunque contaba con dos canciones originales, incluido el temazo central interpretado por John Rzeznik en inglés y por Álex Ubago en castellano, una de las mejores canciones y adaptaciones de la factoría Disney.

Por todo esto, El planeta del tesoro forma parte de una estimable aunque fallida etapa de la historia de la animación junto a otros clásicos en su día algo incomprendidos o subestimados que buscaban ir más allá de los cuentos de hadas, como la mencionada Atlantis, El emperador y sus locuras, El gigante de hierro (de Warner Bros.) o La ruta hacia El Dorado (de DreamWorks), últimos resquicios de la animación tradicional en los grandes estudios de cine estadounidenses y experimentos curiosos enmarcados en la transición hacia el digital que había auspiciado unos años antes Pixar con la revolucionaria Toy Story.

Afortunadamente, el tiempo la está poniendo en su sitio y su original propuesta ahora se ve de otra manera. La película está llena de creatividad e ingenio, además de espectaculares secuencias de acción, revolucionarios movimientos de cámara y un acabado estético impecable, saltando a la vista la influencia del cine de Steven Spielberg y James Cameron en ella. Aunque no es una película perfecta, Clements y Musker lograron algo muy valioso: contar una historia conocida de forma totalmente nueva, algo que Disney llevaba haciendo décadas, pero con un extra añadido de riesgo e innovación.

Emma Thompson (una de las voces originales de la película) y su familia junto al héroe Jim Hawkins en la premiere de 'El planeta del tesoro' (Dave Benett/Getty Images)
Emma Thompson y su familia junto al héroe Jim Hawkins en la premiere de 'El planeta del tesoro' (Dave Benett/Getty Images)

A pesar de una campaña de marketing muy potente que incluía patrocinios de algunas de las marcas más importantes (Coca Cola, McDonald’s, Kellogg), El planeta del tesoro se encontró con críticas tibias y, como ya hemos dicho, se hundió por completo en la taquilla, obligando a Disney a cancelar sus planes para expandir su universo con secuelas. Aun así, fue nominada al Oscar a Mejor Película de Animación (nunca tuvo oportunidad de ganarlo ante El viaje de Chihiro, que se alzó vencedora) y a 7 Annies, los galardones más importantes de la animación, de los que no obstante se fue de vacío.

Aun con todos sus fracasos y decepciones y a pesar de que Disney hace como si nunca hubiera existido, El planeta del tesoro permanece como una película clave en la infancia y adolescencia de muchos espectadores, disfrutando de cierto estatus como clásico de culto generacional para los millennial. Actualmente está mejor considerada que nunca y no son pocos los que la mencionan como uno de los títulos animados más infravalorados de su época (los hay que hasta piden su remake en acción real). Ahora disponible en Disney+, El planeta del tesoro se puede redescubrir y disfrutar como lo que siempre fue, un cuento de ciencia ficción adelantado a su tiempo que solo unos pocos supieron apreciar.

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