La doctora Quinn (Jane Seymour) cree que el movimiento #MeToo ha ido "demasiado lejos"

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De millennials para abajo, pocos serán los que no recuerden a Jane Seymour, la actriz conocida por encarnar a Solitaire en Vive y deja morir (1973) y, sobre todo, por protagonizar La doctora Quinn (1993-1998), aquella inolvidable serie emitida en TVE que llegó a cautivar a 5 millones de espectadores. Ambientada a mediados del s. XIX, la historia se centraba en una doctora de Boston que viajaba al Colorado más salvaje para abrir su propio consultorio médico.

Instagram/janeseymour
Instagram/janeseymour

Pues bien, a sus 69 años, esta ganadora de un Emmy y dos Globos de Oro y Oficial de la Orden del Imperio Británico desde el año 2000, sigue siendo uno de los rostros más conocidos de la industria del entretenimiento, y este mismo año hemos podido verla tan radiante como siempre en papeles secundarios de series como El método Kominsky (2019-2021) y películas como En guerra con mi abuelo (2020), esta última junto al gran Robert De Niro, que acaba de aterrizar en las salas de cine de España.

Pero hoy Seymour es noticia por algo relativamente ajeno a su legado y su talento interpretativo: sus controvertidas declaraciones a propósito del movimiento #MeToo.

Y es que la actriz, a quien próximamente veremos junto a Joan Collins interpretando a Leonor de Aquitania en la serie histórica creada por José Luis Moreno, Glow & Darkness, considera que las “reglas” impuestas por dicho movimiento han ido demasiado lejos “en la dirección opuesta”, llevando a las personas a perder la espontaneidad y la naturalidad en su forma de relacionarse.

En una entrevista con el tabloide The Sun, la ex-chica Bond no solo describe como “ridículas” las nuevas “reglas de interacción” que habría promovido el #MeToo, sino que al mismo tiempo confiesa que en 1972 tuvo que retirarse durante año entero después de que un productor de Hollywood le tocara indebidamente el muslo.

Creo que, como en todo, la gente va en la dirección opuesta”, señala Seymour en referencia al #MeToo.

A modo de ejemplo ilustrativo de cómo las cosas habrían ido “demasiado lejos”, la actriz recuerda a un técnico de sonido que, recientemente, le pidió permiso explícito para colocar la petaca del micrófono inalámbrico en su vestido.

Según Seymour, ella le instó a darse prisa y a no detenerse en protocolos, indicándole dónde estaba su sujetador para que pudiera colocarle el micrófono lo antes posible.

Pero como decíamos, al mismo tiempo la actriz no duda en confesar el incidente en el que un productor anónimo la tocó de forma inapropiada, lo cual la llevó a apartarse de la industria durante un tiempo.

Y según sus palabras, decidió volver a hacer pruebas de casting cuando se dio cuenta de que se estaba perdiendo lo que más amaba.

Me di cuenta de que eso era aún más estúpido, ¿por qué iba a dejar algo que amaba solo por una persona?”, reveló a Playboy en 2018 tras convertirse en la mujer más mayor en posar para la conocida revista.

En su entrevista con The Sun, la actriz no esquiva ninguna pregunta sobre la radiante apariencia que luce a sus 69 años (que serán 70 el próximo mes de febrero).

Cuatro veces casada y divorciada y con cuatro hijos –fruto de dos de esos matrimonios–, Seymour asegura que nunca ha tenido interés alguno en la cirugía y que su envidiable físico se debe al cuidado de la piel y la práctica de pilates.

Dicho esto, sí admite que hoy pesa más que antaño, pero considera que ahora luce mejor en las fotografías que cuando estaba más delgada.

Esta confianza en sí misma llega a extremos llamativos: según revela en una entrevista con The Times, en Glow & Darkness insistió en interpretarse a sí misma con 25 años durante ciertas escenas de flashback. Su enfado fue manifiesto cuando los productores le dieron un no por respuesta y contrataron a una actriz más joven.

Me dijeron que solo yo me iba a interpretar a mí misma con 25 años, pero luego acabaron haciéndolo el día antes, sin avisarme, con otra actriz que hizo de mí con esa edad”, recuerda.

Es algo que no entiendo en absoluto porque, lo creas o no, y puedes comprobarlo en Instagram, ni siquiera necesitan hacerme retoques faciales. Funciona sin problema. Joan Collins tiene 87 años y se supone que interpreta a una mujer que muere con 40”.

Glow & Darkness es la nueva apuesta del productor José Luis Moreno por las series históricas que el pasado mes de septiembre retomó su rodaje en Sigüenza (Guadalajara). Protagonizada por Adrian Bouchet, Victoria Summer, Dennise Richards y Bruce Davison (además de las mencionadas Seymour y Collins), se trata de un drama medieval que recrea la vida de San Francisco de Asís e incluye a otras notables figuras históricas como Ricardo Corazón de León.

En cualquier caso, Seymour apunta a la “disciplina rígida” y a la decisión firme de hacer una única comida al día como los factores que explican cómo ha logrado conservar la figura que tenía a los 17.

Dicha comida única incluiría “verduras, pescado magro o un trozo pequeño de pollo y, muy ocasionalmente, una fina loncha de bistec magro. También pico zanahorias o apio crudo”.

En cuanto a la cuestión de la cirugía, la actriz declara: “No tengo nada en contra de ella, creo que es fabulosa si eso es lo que quieres hacer, y obviamente miro a mi alrededor y veo personas de mi edad que parecen muñecas Barbie”.

Aunque en el pasado Seymour ha confesado haberse operado los pechos y retocado los ojos, más allá de estas dos intervenciones insiste en que no ha llevado a cabo más intervenciones especiales sobre su cuerpo, ya que “una actriz tiene que poder mover el rostro”.

En otro orden de cosas, el pasado mes de noviembre Seymour reveló durante su intervención en el ID10T podcast que experimentó un “despertar” tras sufrir un shock anafiláctico en pleno rodaje –un incidente que, según sus palabras, habría “cambiado toda mi vida”.

La galardonada actriz asegura que “morí, dejé mi cuerpo y fui resucitada” durante el rodaje del biopic Onassis: el hombre más rico del mundo (1988), en el que interpretaba a la célebre soprano griega Maria Callas –papel que le valió un premio Emmy. El shock anafiláctico se produjo después de que Seymour recibiera una inyección de antibióticos que no acertó en el músculo y acabó en su vena.

Morí y resucité”, recuerda. “Tras la inyección sentí que mi garganta se cerraba, mi corazón latía demasiado rápido, era como un ruido fuerte en mi pecho, y de repente el silencio, la paz completa. Paz como nunca antes había experimentado, salvo cuando he practicado meditación”.

La actriz insiste en que decidió “regresar” porque tenía hijos y quería criarlos, y porque aspiraba a “hacer una contribución” al mundo.

Vi una luz blanca, miré a mi alrededor y vi un cuerpo que se parecía a mí. Como me he visto en películas, sé el aspecto que tengo”.

Ahí estaba yo, con un hombre gritando en español “emergencia, ambulancia”, mis nalgas al descubierto, dos jeringas enormes, y el hombre gritando por teléfono”.

Y es como si estuvieras flotando por la habitación, podía ver la jeringa con sangre. Entonces recuerdo haber vuelto la vista hacia la luz blanca”.

Recuerdo haber dicho que si podía quería volver a ese cuerpo porque tenía hijos a los que quería criar y no quería desperdiciar mi tiempo, sino que quería hacer una contribución”.

Por aquella época, Seymour ya estaba considerada como una estrella internacional tras haber interpretado papeles icónicos como el de la chica Bond Solitaire en Vive y deja morir (1973), la princesa Fara en Simbad y el ojo del tigre (1977) o Serina en la película y la serie de Galáctica, estrella de combate (1978-1979).

Ya en los 80, muchos la recordamos como la joven actriz Elise McKenna en el drama romántico e histórico En algún lugar del tiempo, donde entabló amistad con Christopher Reeve. También por aquella época dio vida a la antagonista Cathy Ames en Al este del Edén –serie por la que obtuvo un Globo de Oro.

Pero el mayor éxito de Seymour le vendría rebasados los cuarenta, cuando críticos y espectadores aplaudieron su popular papel de Michaela "Mike" Quinn en La doctora Quinn (1993-1998) –serie por la que obtuvo su segundo Globo de Oro y en la que conocería al que fue su cuarto y último marido, el actor y director James Keach.

Tras el cambio de siglo, Seymour se volcó mayoritariamente en la televisión, con apariciones destacadas en series como Smallville (2001-2011) o Cómo conocí a vuestra madre (2005-2014), pero también mantuvo un pie en la industria del cine, aceptando papeles secundarios en cintas como De boda en boda (2005).

Fue precisamente el año del estreno de esta última película cuando la nativa de Middlesex (Uxbridge, Reino Unido), que nació con el imponente nombre de Joyce Penelope Wilhelmina Frankenberg, obtuvo la nacionalidad estadounidense.

Hoy, con sus cuatro hijos crecidos (los más jóvenes tienen 25 años) y libre de compromiso tras su último divorcio en 2015, Seymour mantiene una actividad insólita en la industria, manteniéndose como sex symbol sin renunciar a una carrera interpretativa que sigue siendo relevante, así como a diversas iniciativas solidarias –mayormente a través de la ONG Childhelp, consagrada a la prevención y el tratamiento del abuso infantil, de la cual ella es embajadora.

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Imagen: Instagram/janeseymour