Un documental sobre Britney Spears conmociona al mundo al enseñar cómo han destrozado su vida

Valeria Martínez
·8  min de lectura

Si tuviéramos que ponerle banda sonora a finales de los 90s y la década siguiente sin dudas incluiría alguna que otra canción de Britney Spears. La montaña rusa profesional y emocional que la princesa del pop vivió ante los ojos del mundo la convirtió en un fenómeno de masas, pero también en la diana perfecta del sexismo, la misoginia y los tabloides. Y así lo demuestra un documental que está conmocionando a todo aquel que le dedique su tiempo. Es más, confieso que a mí me dejó con el corazón en un puño.

Framing Britney Spears analiza su historia cuando la cantante lleva doce años bajo el control financiero de su padre, aportando una perspectiva más humana y empática que la vendida por los tabloides. Y es arrollador. Básicamente, para comprender a Britney, solo había que cambiar la narrativa.

Britney Spears (John Shearer; Gtres)
Britney Spears (John Shearer; Gtres)

Framing Britney Spears es un documental producido por The New York Times y Hulu que está causando revuelo desde su estreno el pasado 5 de febrero al cuestionar públicamente la tutela que tiene su padre desde hace 12 años mientras pone el foco en la imagen que se fue creando de ella a raíz de un negocio sexista, tabloides hambrientos por rellenar sus páginas con su declive y un exnovio vengativo que cayó en la cultura misógina de Hollywood para ponerse en su contra. Si, Justin Timberlake. El furor es tal que son cientos los tuits que podemos encontrar argumentando su defensa y hasta figuras como Sarah Jessica Parker y Miley Cyrus han salido a su rescate.

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La cinta analiza el fenómeno que rodeó a la cantante a través de entrevistas con abogados, especialistas y personas que estuvieron en su entorno durante esos momentos de su vida, recordándonos las diferentes etiquetas que cargó a sus espaldas mientras el mundo veía su declive emocional a través de las lentes de los paparazis. Fue sexualizada como estrella del pop siendo una adolescente y acarreó con el escrutinio público como ningún componente de las boy bands del momento tuvieron que hacerlo. La tacharon de infiel, mala madre y de haber perdido la cabeza mientras los fotógrafos la acosaban cada segundo y vendían sus imágenes cobrando hasta un millón de dólares si eran lo bastante penosas. Y, mientras tanto, ella sufría soledad, la pérdida de la custodia de sus hijos y cargaba el peso del juicio público que no hacía más que esperar a que volviera a cometer “otra locura”.

Framing Britney Spears es un documental que cambia la narrativa colocándola como la víctima de un negocio y una cultura que la explotó hasta consumirla, y es tan devastador como revelador. La cinta nos remota a sus inicios, recordando el origen humilde de su familia y todo el proceso que vivió siendo una niña para pulir su talento y llegar a la cima. A través de los testimonios de la asistente personal que la acompañó durante años, Felicia Culotta, y una agente llamada Nancy Carson, nos recuerdan con cariño aquella etapa de éxitos mientras tachan al padre como una figura alcohólica que por entonces no estaba presente en su vida. Es más, Nancy cuenta que solo recuerda que el hombre solía decir que su hija iba a ser millonaria y le iba a comprar un barco.

Felicia cuenta que accedió a dar la entrevista porque quiere que el mundo recuerde quién es Britney Spears, compartiendo fotos personales y anécdotas como la vez que tras alcanzar el éxito volvió a su pueblo y repartió 10.000 dólares en billetes de 100 entre los vecinos.

De esta manera, el documental repasa la imagen sexualizada y empoderada que lanzó a Britney al estrellato con Baby one more time, mientras tenía que sufrir el sexismo y misoginia de la industria que por entonces campaba a sus anchas ante la mirada del público. En pleno 2021 resulta repugnante ver cómo un presentador le preguntaba por sus pechos en un programa de televisión, o a un periodista cuestionarle si era virgen en una rueda de prensa así como ver con otra perspectiva la debacle de su imagen cuando Justin Timberlake la tachó de infiel con el famoso videoclip de Cry me a river.

Recordemos que eran la pareja de tortolitos más popular de Hollywood, rodeados de un halo de ternura y puritanismo por culpa de aquella pregunta que Britney respondió diciendo que era virgen y que quería esperar hasta el matrimonio. Pero entonces llega la ruptura, Justin le cuelga la etiqueta de infiel, se autoproclama víctima y ella se convierte en la promiscua del mundo. Cientos de madres se pusieron en su contra acusándola de arruinar su imagen como modelo a seguir para sus hijas mientras Justin se jactaba en una entrevista radial de haber tenido relaciones sexuales con ella. Slut-shaming al máximo poder (ese neologismo que se utiliza para culpabilizar a la mujer por actos o deseos sexuales).

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Luego llegó el matrimonio con Kevin Federline y el aumento del fenómeno de los paparazis a su alrededor captando cada uno de sus errores. Si analizamos la cronología de su declive a través del documental, en base a las fotografías y titulares de tabloides, podemos ver claramente una debacle forzada por un entorno hostil constantemente sobre ella. Que si era mala madre, que si había perdido el control saliendo de fiesta con Paris Hilton, que si se había vuelto loca al raparse la cabeza… en el documental se ve claro, se hizo mucho dinero con su sufrimiento mientras nadie hablaba de su salud mental y fue entonces cuando entró el padre en escena con la famosa tutela. Una medida tomada para protegerla en un momento difícil tras estar rodeada de malas infuencias, internada varias veces, supuestamente sufriendo depresión posparto... pero de aquella decisión ya pasaron doce años.

Y así llega a la pieza clave que engloba el propósito del documental: el movimiento viral conocido como #FreeBritney que crearon los fans ante la preocupación por su posible falta de libertad, creativa, personal y financiera. Un movimiento que se expandió en 2020 cuando un podcast dedicado a ella publicó una grabación sin verificar de un supuesto exabogado que aseguraba que Britney había sido internada en un psiquiátrico en contra de su voluntad. El movimiento lleva mucho tiempo acompañándola, incluso plantándose fuera de la Corte cuando Britney pidió a los juzgados que asignaran a una persona externa como responsable de su tutela financiera, exigiendo específicamente que quitaran a su padre. En su testimonio aseguraba temerle a su progenitor y prometía no volver a trabajar hasta que lo quitaran de la tutela. La Corte accedió a la petición a medias, admitiendo que la parte financiera incluyera a un banco dentro de la ecuación, pero sin eliminar a Jamie Spears todavía.

El documental cuestiona si existe necesidad de tutela en el caso de Britney Spears, dado que normalmente se asignan a personas mayores o incapacitadas para tomar decisiones. Y sobre todo coloca un signo de interrogación sobre los intereses de los implicados debido a las ganancias que tuvo la cantante en los últimos años durante su residencia en Las Vegas con conciertos semanales y toda la vorágine que la rodea como marca. Bajo la tutela, Britney estaría pagando a todas las personas que participan en ella e incluso su padre habría tenido un beneficio porcentual de sus ganancias. A lo largo del documental más de uno cuestiona por qué hay personas sacando beneficio cuando las tutelas se asignan con la intención de proteger los intereses personales de alguien que por algún motivo no está capacitado para hacerse cargo de su salud, dinero, decisiones, etc.

El documental no ha dejado indiferente a nadie desde su estreno, los tuits se cuentan a miles y hasta Miley Cyrus le dedicó un “te amamos Britney” durante su actuación de la Superbowl.

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Framing Britney Spears es un documental que consigue cambiar la narrativa pública aportando una mirada empática y humana sobre la cantante. En cierto modo nos recuerda cómo la opinión pública cayó en la vorágine mediática que la colocó en el centro de las burlas y las críticas, despertando tantos sentimientos de culpa que ahora encontramos otra frase viral circulando en redes que dice “We are sorry Britney (Lo sentimos Britney)”.

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