El documental de Netflix sobre terapias de conversión sexual destapa un negocio atroz

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Era inevitable que tras el aluvión de series adictivas que recibimos el último año y con la pandemia retrasando rodajes, ahora estemos viviendo una sequía terrible de historias buenas a las que hincarle el diente en verano. Sin embargo, mientras esperamos que lleguen algunas series prometedoras (como Nine Perfect Strangers en Amazon Prime y Dr. Death en StarzPlay), Netflix ha encontrado la manera de suplir el hueco a golpe de documental.

Pray Away: Reza y dejarás de ser gay es uno de los estrenos recientes de la plataforma, un documental con un título punzante producido por Ryan Murphy (Glee, American Horror Story, Hollywood, Halston) sobre las terapias de conversión sexual promovidas por un movimiento con tendencia religiosa. Se trata de una pieza cinematográfica que nos hace testigos del origen de una organización fundada por homosexuales religiosos que, en líneas generales, estaban convencidos en la necesidad de cambio para complacer normas sociales anticuadas, porque su fe, entorno o circunstancias les hacia creer que eran malas personas.

Imagen de 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)
Imagen de 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)

Para quien no haya tenido ocasión de ver otros documentales o dramas sobre las terapias de conversión sexual que afectan a cientos de jóvenes, sobre todo en EE.UU. -como Identidad robada o La (des)educación de Cameron Post- Pray Away: Reza y dejarás de ser gay puede servir para provocar una sacudida en la conciencia emocional del mundo, señalando cómo estas personas vivieron un mundo al revés, con la opresión como método de vida y la aceptación como una salida que no tenían.

Pray Away relata el origen de Exodus, una organización religiosa fundada en 1976 que durante casi cuatro décadas fomentó las terapias de conversión sexual y un mensaje ficticio de cambio factible. Es decir, solo había que creer en Dios y entregarse a la fe para que la persona dejara de sentir deseos homosexuales a través de supuestos discípulos “cambiados” que servían de ejemplo y testimonio en conferencias y medios de comunicación. Se hacían llamar "exgays". Sin embargo, lo impactante de la historia es que dicha organización fue formada por homosexuales tan estigmatizados por la sociedad, su propia religión y entorno, que crearon un movimiento que vendió este mensaje hacia su propia comunidad, promoviendo un cambio falso de tendencia sexual y reforzando el estigma.

Debido a la era, normas sociales, familiares, bullying vivido o creencias religiosas, ellos mismos estaban convencidos de que sus tendencias “no eran normales”, que padecían de algo “patológicamente mal”. Que Dios no los había creado para ser homosexuales sino que “algo debía haberles sucedido [en la vida] para hacerlos gay”, como relata uno de sus fundadores arrepentidos que sufrió acoso infantil. Básicamente comenzaron su misión convencidos en su creencia, no que estaban promoviendo un mensaje de rechazo hacia ellos mismos, sino que si alguien quería dejar de ser homosexual podía conseguirlo mediante la fe y este método pseudocientífico hoy repudiado por organizaciones psicológicas y médicas del mundo.

La idea surgió en forma de grupo de apoyo dentro de una iglesia, pero en lugar de promover un espacio donde compartir sentimientos y frustraciones, se transformó en un sitio donde creían que Dios podía cambiarles. La idea se propagó, desembocando en la fundación de Exodus y en su mensaje de que el cambio era posible a base de estudio de la Biblia, modificación del comportamiento y psicoterapia. Y para vender el mensaje tenían a John Paulk, el vicepresidente de Exodus, que aseguraba haber conseguido el cambio gracias a la metodología, habiendo conocido a una mujer "exlesbiana" dentro de la organización con quien se había casado y formado una familia. Hoy, décadas más tarde, esa misma persona denuncia aquel mensaje que promovió, arrepentido por el dolor causado a quienes veían en él un modelo a seguir.

John Paulk en una imagen de 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)
John Paulk en una imagen de 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)

Cada testimonio resulta desgarrador, al descubrir a individuos que durante gran parte de sus vidas no solo escondieron lo que sentían y su naturaleza ante el mundo, sino que lo hacían bajo el autoconvencimiento de que era necesario. De lo contrario eran malas personas, lo peor de la sociedad, no aceptadas por Dios o sus familias. Vemos la ausencia total del reconocimiento a la identidad propia con personas que vivieron bajo una fachada irreal para promover un mensaje que se convirtió en un negocio. El movimiento se expandió bajo la creencia de que ser homosexuales era una enfermedad psicológica desarrollada por algún trauma infantil, que estaba definida por comportamientos, no por naturaleza.

Y aquí llego a la revelación que, en mi opinión, hace que este documental resulte imprescindible. Exodus se convirtió en una organización internacional esparcida en 17 países y según uno de sus fundadores, muy pocos de sus líderes tenían educación en psicología, terapia o sexualidad y aun así estaban tratando personas con depresión, ansiedad e intentos de suicidio, posiblemente incrementando la sensación de culpa al no lograr el cambio prometido. El documental expone un método apoyado en el mensaje falso de cambio, con exmiembros revelando haber sido manipulados para compartir ese mensaje cuando, internamente, sabían que no estaban logrando cambio alguno.

En un momento, el documental recurre a testimonios e imágenes de archivo para exponer el nexo que hubo entre la organización y psicólogos clínicos que apoyaban el “tratamiento” para cambiar la tendencia sexual de un paciente a través de pseudoterapias.

Durante una conferencia anual de Exodus del año 2009 retratada en el documental, un psicólogo clínico llamado Joseph Nicolosi llega a decir un disparate que me resulta tremendo como mensaje de confirmación para esos "pacientes" homosexuales estigmatizados que buscaban ayuda: que la homosexualidad es la defensa de un individuo contra el vacío interno. Y así conocemos que Exodus no era una organización meramente religiosa, sino que estaba acompañada por un grupo de psicólogos y terapeutas.

Según uno de sus exmiembros, era la manera que Exodus tenía de buscar respetabilidad y credibilidad ante el mundo, escudándose en la colaboración con terapeutas que promovían terapia de reorientación sexual como fuente respetable de información. No solo contaban con los especialistas en sus conferencias, sino que también promovían sus libros detallando sus métodos y creencias en sus centros. “Suena terrible pero era un acuerdo de negocio beneficioso” dice Randy Thomas, uno de los líderes originales de la organización. 

Un intercambio de negocio que, tal y como expone el documental, resulta atroz para los ojos de la sociedad moderna al tratarse de una pseudoterapia que promueve el rechazo de la identidad homosexual, la necesidad de cambios de comportamiento (afianzando estereotipos femeninos o masculinos, según la persona) mientras profundiza en la idea de cambio como salida para la salvación social y religiosa. Un acuerdo de negocio que, según entiendo por las palabras de Thomas, beneficiaría a los terapeutas promoviendo la venta de sus libros y brindando acceso a clientes potenciales, mientras la organización recibía cierto aire de credibilidad ajeno a la fe religiosa, aunque fuera pseudocientífico.

Imagen del logo de Exodus en 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)
Imagen del logo de Exodus en 'Pray Away: Reza y dejarás de ser gay' (cortesía de Netflix)

El documental incluye unos minutos de una sesión de terapia, donde Nicolosi atiende a un paciente homosexual con su “metodología”, haciendo hincapié en recalcar varias veces lo “roto” que se siente el paciente. “Te estoy mirando. ¿Cómo se siente estar roto mientras te observo?” le pregunta el terapeuta, mientras el paciente llora. “¿Doloroso? ¿Muy triste? Es muy triste estar roto” insiste. “¿Sientes mi aceptación de que estás roto?” le pregunta, desembocando en la conclusión del paciente diciendo sentirse “una mala persona”. No me considero experta en la materia, pero tengo mis estudios en primeros niveles de psicoterapia en Inglaterra, y así no es para nada como se asiste a un paciente recurriendo a las tres condiciones básicas y esenciales en una relación de psicoterapia: empatía, autenticidad y aceptación incondicional. Básicamente vemos una sesión donde se acepta la idea del rechazo contra el paciente, con una manipulación de emociones que provoca escalofríos.

Varios miembros abandonaron la organización a lo largo de los años, incluido su presidente, Alan Chambers, que en 2013 cerró Exodus tras denunciar que la terapia de conversión no funcionaba y era dañina. Otros miembros también pidieron perdón públicamente por el daño causado, sin embargo, una de sus delegaciones se mantiene activa de manera independiente, Exodus Global Alliance, que sigue promoviendo estas terapias.

Les recomiendo Pray Away: Reza y dejarás de ser gay como una pieza documental que, más allá de la historia de Exodus y sus miembros, ilumina aún más la empatía necesaria en el mundo hacia los horrores del estigma y estereotipos sociales.

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