Recordando a 'Dolores Claiborne', la película de Stephen King más infravalorada

La “stephenkingmanía” ha vuelto a apoderarse de la cartelera con el regreso triunfal de Pennywise en la segunda y última parte de la adaptacion de la novela, IT: Capítulo 2. Y si tienes mono de las obras del autor de Maine, tras haber pasado ya por el cine, existe una que para muchos pasó desapercibida pero siempre merece la pena recordar.

(Castle Rock)

Cinco años después de que Kathy Bates se convirtiera en nuestra fan obsesionada favorita en la otra adaptación de la novela de King, Misery (1990); la actriz se metió en otro personaje icónico de la bibliografía del escritor en Dolores Clairborne (1995). Se trata de una de las películas pocas veces recordadas entre la larga lista de adaptaciones que Hollywood hizo de las novelas y cuentos cortos de Stephen King, cuando la gran mayoría solo suele acordarse de Misery, El resplandor, Cujo, Carrie, Cementerio de animales o Cadena perpetua (o Sueños de libertad), entre algunas otras.

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Ya en 2017 el furor por las historias del autor de Maine hizo que diferentes estudios nos trajeran otras adaptaciones como la serie de La niebla o las películas de El juego de Gerald o 1922 en Netflix, así como las series de Mr. Mercedes y Castle Rock, el remake de Cementerio de animales y muchas otras. Y, por supuesto, el retorno de Danny Torrance con la secuela de El resplandor, titulada Doctor Sueño, que veremos a partir del 31 de octubre con Ewan McGregor. Pero a veces también merece la pena remontarse en el tiempo para encontrar otras adaptaciones pasadas que siguen funcionando si les prestamos atención.

Dolores Claiborne es un thriller dramático que contó con el guionista de la saga Bourne, Tony Gilroy, y con el responsable de Oficial y caballero (Reto al destino) y marido de Helen Mirren, Taylor Hackford, como director. Se trata de una historia familiar plagada de misterio en donde una mujer pueblerina en una pequeña isla de Maine (como siempre), es acusada de asesinar a la mujer millonaria que cuidaba tras ser descubierta con un palo de amasar a punto de golpear a la anciana (una magnifica Judy Parfitt), que ya estaba muerta en la escalera. Su hija, con quien lleva años sin hablarse, regresa a casa para intentar solventar el asunto, precipitando el reencuentro con los recuerdos de un pasado con misterios aún por resolver. Y, al acecho, está el Detective Mackey, con un vengativo Christopher Plummer, convencido de que Dolores es culpable de esta muerte y también del asesinato de su marido veinte años atrás.

(Castle Rock)

Kathy Bates brilla (como siempre) en este papel que fue hecho especialmente a su medida, ya que Stephen King incluso escribió la novela imaginándola a ella en el rol de la protagonista, apoyada por una Jennifer Jason Leigh en su salsa con esa magia para transmitir rencor e incomodidad dramática que la convirtió en una de las estrellas emergentes de los 90 (aunque Hollywood prácticamente le haya dado la espalda, ¡cómo olvidarla en Mujer soltera busca unos años antes!)

La película apenas hizo 41 millones de euros en todo el mundo, y es de esas con muchos adeptos que opinan que sus tres protagonistas deberían haber alcanzado los premios Oscar, al menos con nominaciones. Y no podía estar más de acuerdo. Pero la ceremonia que le tocaba, la número 68 de la Academia, la pasó por alto. Era el año de grandes apuestas como Braveheart, Apolo 13, Los sospechosos habituales, El cartelero y Leaving Las Vegas. Y en el caso de las mujeres, era el año de Los puentes de Madison, Pena de muerte y Sentido y sensibilidad. Pero no solo la película debería haber sido reconocida, sino sus interpretes debido a unas actuaciones intensas y entregadas, cargada de tanto drama como de humor malicioso.

La historia gira en torno a tres mujeres que sobreviven en un mundo de hombres. Hombres que las dividen, que las oprimen y las silencian. Una de ellas en base a los abusos, otra por la infidelidad y la tercera por la sensación de perseguir una ambición frenada solo por su jefe editor. King crea una historia feminista, y de relaciones femeninas, que centra su atención en el retrato de dos mujeres que pasan sus vidas juntas -Vera y Dolores-, demostrando que una mujer entrada en la vejez solo resulta de interés cuando comete algo terrible. Sino, es desterrada. Olvidada hasta por su propia familia. Las tres son subestimadas por los hombres de sus vidas, y las tres demuestran poco a poco que son más fuertes de los que muchos creerían. “A veces ser una zorra es lo mejor que una mujer tiene para aferrarse” es la frase que queda grabada en la memoria colectiva tras verla, y ella sola encierra el mensaje que las representa a las tres. Ninguna es agradable, ni conecta con la audiencia en su forma de ser, pero sí en su sufrimiento y su lucha.

Taylor Hackford dirige la historia de forma íntima, prestando atención al paisaje que lo rodea convirtiéndolo en uno de los protagonistas más dramáticos en cada imagen. Incluso cuenta con el mejor uso de un eclipse jamás visto en pantalla. Los colores marrones y grisáceos capturan la pesadumbre que reina sobre las vidas de sus protagonistas, mientras los colores vivos sirven para recordar un pasado que a primera vista era mejor gracias a la vitalidad de la juventud de cada una.

Dolores Claiborne es un thriller dramático, pero también una película de terror de monstruos reales como la violencia doméstica, el alcoholismo y el abuso sexual infantil. Muchos pueden haberla olvidado, o incluso ni saber de su existencia, pero aunque hayan pasado más de veinte años, todavía tiene su efecto.

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