Drew Barrymore no echa de menos las drogas

Drew Barrymore

La desgraciada muerte del rapero Mac Miller hace una semana y la sobredosis que sufrió el pasado junio Demi Lovato han vuelto a reabrir el debate acerca de los estragos que provoca la fama en las estrellas juveniles y ha animado a muchas otras a sincerarse acerca de sus propios problemas para superar las adicciones o mantener sobrios.

De ese tema sabe mucho Drew Barrymore, quien tras protagonizar la mítica película 'E.T.' se pasó gran parte de su infancia y adolescencia codeándose con adultos en clubs como Studio 54 y entrando y saliendo de rehabilitación.

"Es cierto que estás abocado al desastre", ha reconocido la intérprete acerca de su temprano debut en la entrevista que ha concedido al humorista Norm Macdonald en su nuevo programa para Netflix. "Pero sabes cuál era la parte buena, que a los 14 años ya había conseguido superar mis mi**das: había tenido una crisis vital, me habían ingresado y me habían vetado en la industria y no tenía familia. Entonces me tocó convertirme en mi propia figura paterna y ordenar mi vida".

Por otro lado, la estrella reconoce que no puede identificarse del todo con algunos ídolos juveniles que han pasado por experiencias similares a la suya, al menos no en lo que respecta a las dificultades para seguir adelante con sus carreras sin caer en la tentación de volver a consumir.

"Dios mío, ha pasado mucho tiempo, pero la verdad es que no. Nunca consumí alucinógenos, pero sí que bebo y me gusta disfrutar de la vida y relajarse y olvidarme de todo. No es que sea una persona recta y un ejemplo de claridad y presencia, aunque a día de hoy consumir cocaína sería mi peor pesadilla", ha afirmado la protagonista de la serie 'Santa Clarita Diet' al mismo tiempo que aprovecha para aclarar que, pese a que sí tuvo problemas con esas sustancias, su fama de chica salvaje se ha visto en parte ampliada por la leyenda y jamás llegó a cruzar ciertos extremos.

"Nunca he probado la heroína, así que no tengo ni idea de lo que se siente, pero creo que en mi caso lo que me gusta era sentirme bien, experimentar un subidón, en plan: '¡Vamos!'. y tampoco me interesaba empezar a alucinar y ver mi**das aterradoras, siempre me ha dado pánico esa posibilidad. De hecho, jamás me tomo una bebida en un bar si no ha permanecido en todo momento en mi campo de visión".