Drew Barrymore termina por sentenciar el destierro de Woody Allen en Hollywood

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Drew Barrymore nunca ha tenido pelos en la lengua, paseándose por Hollywood siempre diciendo lo que piensa. Y ahora que es presentadora de su propio talk show y entrevistaba a Dylan Farrow, menos todavía. La niña de ET ha sobrevivido adicciones y el destierro de la industria en sus años de rebeldía, para coronarse como una de las estrellas más queridas de Tinseltown por su honesto derroche de simpatía. Por eso, cuando le tocó el turno de entrevistar a la hija adoptiva de Woody Allen que lleva desde 1993 acusándolo de abuso sexual, Drew se posicionó.

Ella misma trabajó con el director en la comedia dramática Todos dicen I love you (1996) cuando había cumplido 21 años, tres años después del escándalo que protagonizó Allen. Pero a diferencia del resto de intérpretes que repudian haber trabajado con él desde la explosión del movimiento #MeToo, Drew ha seguido su naturaleza, siendo mucho más directa y demostrando definitivamente la imagen que Hollywood tiene ahora del director de Manhattan (1979).

Drew Barrymore (Evan Agostini; Gtres) y Woody Allen (Marc Ausset Lacroix / Bestimage; Gtres)
Drew Barrymore (Evan Agostini; Gtres) y Woody Allen (Marc Ausset Lacroix / Bestimage; Gtres)

Drew contó con Dyllan Farrow en el sofá de su programa a raíz del lanzamiento de su libro Hush y el éxito de Allen v. Farrow, la serie documental de HBO que repasa el caso a través de las declaraciones de la joven y su madre, Mia Farrow, aportando datos desconocidos, imágenes de archivo reveladoras y una perspectiva diferente al mensaje mediático creado por la maquinaria publicitaria de Woody Allen que lo protegió durante décadas. Sin embargo, Drew quiso dejar algo claro antes de iniciar la entrevista y ahora que es madre de dos hijas.

Drew admitió que trabajar con Woody Allen en los años 90s suponía alcanzar la cima para cualquier actor. Que “no había una carta de presentación más alta en aquel momento” que trabajar con el cineasta. En 1996, la actriz estaba en plena lucha por resucitar su carrera tras años de rebeldía adolescente, haber posado desnuda para Playboy y mostrar sus pechos en una entrevista de televisión con David Letterman un año antes. Por ende, que le ofrecieran un papel en una película de Allen era un paso importante en su reconciliación con la industria.

Pero luego tuve hijos y me cambió, porque me di cuenta que fui una de las personas que fue manipulada en no ver más allá de la narrativa que me estaban contando” explicó Barrymore a Dylan, haciendo referencia a la narrativa publicitaria que Woody Allen transmitió a través de entrevistas y ruedas de prensa, acusando a Mia Farrow de manipular a su hija para que lo acusara de abuso, tachándola de ex vengativa por haberse enamorado de otra de sus hijas, Soon-Yi Previn.

A continuación, la actriz agradeció a Dylan por haberle abierto los ojos a ella y a la industria del cine, al ser valiente para contar su historia.

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Dylan agradeció su apoyo y admitió que no debe ser fácil para los artistas en Hollywood tener el coraje de sentenciar a su padre. “Significa mucho para mí. Es fácil para mí decir ‘Por supuesto que no deberías trabajar con él. Es un idiota. Es un monstruo’. Pero me parece increíblemente valiente y generoso que me digas eso, que mi historia y lo que viví sea importante para ti como para que reconsideres” le dijo Dylan a la actriz.

De esta manera, Drew Barrymore se posicionó definitivamente en contra del director, admitiendo que ella fue una de las estrellas manipuladas por la narrativa mediática y que no quiso ver más allá de la historia que se estaba contando. Como admite ella misma, trabajar con Allen era una carta de presentación con más peso, poder e importancia en la industria que la duda sobre los abusos. Y es que Allen siempre mantuvo su inocencia -incluso ha vuelto a hacerlo recientemente a raíz de la emisión de la serie-, no fue oficialmente acusado por la fiscalía y su relevancia en Hollywood era suficientemente importante como para prevalecer sobre la duda en aquella etapa. 

Con su testimonio, Drew sentencia de forma definitiva de qué parte está la mayoría de Hollywood. Antes que el movimiento #MeToo removiera los cimientos de la industria misma con la revelación de abusos sexuales, de poder, misoginia y machismo, todo Hollywood seguía venerando al director. Su última nominación al Óscar fue en 2014 por el guion de Blue Jasmine y a pesar del escándalo vivido en 1993, no dejó de hacer una película (o más) al año hasta 2017, cuando los trapos sucios de Harvey Weinstein comenzaron a ventilar todos los demás rincones dudosos de la industria. Desde entonces hizo el drama para Amazon, Día de lluvia en Nueva York que el gigante streaming desterró y terminó siendo estrenado en pocos países. Al igual que Rifkin’s Festival (2020), su última película hasta el momento que fue una coproducción europea, en donde el director habría encontrado refugio para poder seguir produciendo fuera de Hollywood.

A raíz del escándalo de Harvey Weinstein, la prensa y la industria misma abrió la caja de los recuerdos, despejando el camino a un pasado plagado de abusos y misoginia reviviendo, así, los casos de Woody Allen, Roman Polanski y otros. El hijos del director, Ronan Farrow, se encargó de ello publicando un artículo de opinión en The Hollywood Reporter (fue el mismo que destapó el escándalo de Weinstein con su exposé), haciendo un llamamiento que sacudió a todo Hollywood y que llevó a que la cultura de la cancelación hiciera el resto. 

Algunos de los primeros actores que desde entonces han admitido arrepentirse de haber trabajado con el director, o no quieren volver a trabajar con él, son Greta Gerwig (A Roma con amor), Rebecca Hall (Vicky Cristina Barcelona), Selena Gomez (Día de lluvia en Nueva York), Mira Sorvino (Poderosa afrodita), Colin Firth (Magia a la luz de la luna), Jeff Daniels (La rosa púrpura de El Cairo), Rachel Brosnahan (Crisis in six scenes) y Kate Winslet (Wonder Wheel (La noria de Coney Island)). Esta última, por ejemplo, aseguró que ahora que ha abierto los ojos no comprende qué hacía trabajando con Allen y Roman Polanski. “Me resulta imposible de creer que esos hombres fueran tenidos en alta estima, tan extensamente en la industria, y durante tanto tiempo. Es una puta vergüenza” dijo a Vanity Fair el año pasado, añadiendo que estaba luchando con la sensación de arrepentimiento que sentía. 

Otro que repudió su colaboración fue el chico de moda, Timothée Chalamet, en 2018. Después de hacer Día de lluvia en Nueva York y despertarse de nuevo el escándalo, el joven intérprete donó su salario a tres organizaciones contra el abuso. Por su parte, Woody Allen acusó al actor de tomar aquel camino simplemente para conseguir favoritismo en su campaña por el Óscar cuando estaba nominado por Call me by your name. Mientras Marion Cotillard (Medianoche en París) aseguró que no volvería a trabajar con él a The Hollywood Reporter porque su experiencia fue “extraña” porque “no tuvieron conexión en el set”, admitiendo que desconocía sus problemas familiares personales pero, de pedirle que trabajaran juntos ahora, haría preguntas e investigaría un poco. 

¿Queda alguien, entonces, en Hollywood que siga a su lado? Pocos. Diane Keaton se mantiene firme en su postura, defendiendo el legado cinematográfico que creó junto a Woody Allen y el lugar que su amigo ocupa como responsable de su carrera. Javier Bardem(Vicky Cristina Barcelona) también mantuvo su postura cuando le preguntaron al respecto en una masterclass que dio en Lyon en 2018, diciendo que si Allen lo llamaba “estaría allí mañana por la mañana” (vía The Guardian). Mientras Jude Law es uno de los que no ha querido posicionarse, manteniéndose neutro en el debate, cuando dijo a The Guardian que le parecía una pena que Amazon no estrenara su película, Día de lluvia en Nueva York. “No me quiero involucrar, para ser sincero. No siento que sea mi lugar comentar, es una situación delicada. Es un asunto privado” dijo, aunque admitió que si Allen lo convocaba de nuevo “tendría que considerarlo seriamente”. Alec Baldwin (Blue Jasmine, Alice, A Roma con amor) sentenció en Twitter en 2018 que le parecía “triste” e “injusto” que muchos actores se estuvieran distanciando cuando Allen “fue investigado por dos estados y no se presentaron cargos”, aunque como muestra el propio fiscal en el documental, no los presentaron para proteger a la pequeña Dylan. Mientras Michael Caine (Hannah y sus hermanas) dijo a Rolling Stone (via Independent) que volvería a trabajar con Allen a no ser que un juez demuestre que hizo algo malo. 

Cate Blanchett (Blue Jasmine) también plantó cara al asunto tras haber ganado su primer Óscar con una película de Allen, aunque no repudió haber colaborado con el cineasta como hicieron otros. A su parecer, se trataba de un asunto que, si necesita ser reevaluado por la justicia, ella lo apoyaría (vía Indiewire).

Lo cierto es que todos aquellos nombres que salieron en defensa de Allen o no optaron por seguir el camino de la cancelación, hicieron sus declaraciones al inicio del movimiento, entre 2017 y 2018. Me pregunto si la postura habrá cambiado en los últimos años y más ahora, después del impacto de la serie documental y las aristas diferentes que presenta de la historia. Sin dudas, Hollywood lo ha hecho. Las casas productoras lo han dejado solo, Amazon rompió su acuerdo millonario con él y, de momento, no parece tener ninguna película en desarrollo por primera vez en mucho tiempo. Si bien Drew Barrymore no es la primera que habla del asunto, sí es la primera que señala a la propia industria y la manipulación que manejo la narrativa del caso durante décadas. Y su declaración, delante de la propia supuesta víctima, no hace más que sentenciar de qué lado está Hollywood ahora.

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