Eduardo Navarrete baja la guardia y saca su lado más oscuro en ‘Masterchef Celebrity’

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Por Mike Medianoche.- Para la actual edición de MasterChef Celebrity, Televisión Española tiró de un gran casting en el que destacaban nombres como Terelu Campos, Verónica Forqué o Victoria Abril como grandes fichajes. Junto a ellas habían otros perfiles no tan populares como Eduardo Navarrete, un diseñador que descubrimos en Maestros de la costura, y que parecía redimirse de sus errores televisivos del pasado, mostrándose como una persona llena de luz y de buenas intenciones… Hasta el sexto programa, emitido ayer, donde se dejó llevar por su lado aparentemente más egoísta y oscuro.

Tenemos que rebobinar hasta el año 2018 para situar a Eduardo en la pequeña pantalla. En su aventura en Maestros de la costura se presentó como un compañero un tanto molesto, que no llevaba nada bien las críticas de los jueces del formato. De hecho tuvo algún que otro encontronazo con Lorenzo Caprile y fue eliminado en la gala 4, para ser repescado en la siguiente con algo mejor de fortuna. Llegó hasta la final, pero ahí su genio le jugó una mala pasada: tuvo que confeccionar un vestido de novia con la ayuda de Mónica Cruz y culpó a la actriz de todos sus males. María Escoté, Palomo Spain y Caprile le afearon su actitud en lo que fue su despedida del formato.

Cuando empezó MasterChef Celebrity Eduardo parecía otra persona, quizá consciente de que allí se va a cocinar y también a hacer televisión. Pronto se soltó la melena, realizó buenos platos, y generó grandes momentos con el rapero Arkano, con el que creó incluso una carpeta.

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En los cocinados Navarrete llamaba “bebé” o “nena” a Arkano y provocaba la risa del respetable en su casa. Estaba ayudando a labrarse un nuevo rostro televisivo, quizá más auténtico, lejos de aquel aprendiz nervioso y un tanto impertinente. Pero todo ha sido un espejismo: porque el pasado lunes volvió a pecar de egoísta y puso a los pies de los caballos a Bustamante, y ni se planteó salvar a Arkano, en una traición que la audiencia no pasó por alto.

En la prueba de exteriores la cosa no fue demasiado bien. Los dos equipos se trasladaron hasta Lazareto, en Menorca, para elaborar un menú con el pescado y el marisco de protagonistas, y que degustarían 100 comensales. La ocasión lo merecía: la isla de Menorca ha sido nombrada como Región Gastronómica Europea 2022, si bien, el resultado fue un tanto desastroso.

Los jueces Samantha Vallejo-Nágera, Pepe Rodríguez y Jordi Cruz decidieron que ningún equipo debía ganar (Pepe y Jordi tuvieron que ponerse la chaquetilla junto a los chef del restaurante para que los platos saliesen), y por ello ordenaron que debían repartirse tres mandiles negros entre cada uno de ellos. La cosa es que eran los propios aspirantes quienes tenían que decidir quién se jugaba la permanencia y quién se salvaba.

Eduardo Navarrete formaba equipo con el capitán Miki Nadal, la actriz Belén López, el rapero Arkano y el cantante David Bustamante. Nadal asumió su errónea capitanía y cogió un mandil negro, y luego fue detrás Arkano, también reconociendo sus errores. Ahí fue cuando el diseñador cogió un mandil blanco para sí mismo; su argumento, quesi se iba al foso se iba a su casa”. Así que para ello le propuso a Belén López que fuese ella a eliminación, precisamente la actriz, que ya se sacrificó por su equipo la semana anterior.

David Bustamante cogía, sin ganas, el tercer delantal negro, mientras murmuraba que era injusto este proceder porque se había dado una auténtica paliza entre los fogones. Eduardo se tomaba su salvación como una broma, y prometía dar ánimos desde arriba, una promesa que cayó como un jarro de agua fría al cántabro, que le mandó callar. Calla Eduardo, por lo menos. Porque has tenido la cara más dura de cogerte el delantal blanco. Lo tenía que haber dicho el capitán, reprochaba el de ‘No soy un Supermán’. “Yo paso un rato, que lo de ser valiente no sale en el currículum”, era lo único que tenía que aportar Eduardo como su salvación, para luego decirle a Bustamante que le diese el mandil negro a él. “Por honor y por orgullo, no lo voy a ceder. Y si muero, muero matando. Ya está”, dijo Bustamante.

La última en la frente se la llevó Eduardo de parte de los jueces, pues aunque les dejaron elegir quién se salvaba, Pepe Rodríguez le dijo que él era merecedor del delantal negro, algo que no sentó bien a Navarrete. Es más, el chef se colocó de parte de Bustamante, como era evidente, señalándolo como el mejor de la prueba de exteriores y dándole el premio de donación de 4.000 euros que entregó a la ONG Pequeño Deseo.

Y es que el chef tenía razón. Bustamante se entregó por completo a una prueba mal organizada por los capitanes de ambos bandos. Cortó peces sin descansar, quitando ojos como si estuviera entregando el alma y sin echar el freno ni un segundo. Destacó, estaba presente, entregado como siempre. En cambio, Navarrete estaba ahí, girando por la prueba pero sin que quede claro cuál era su función o implicación. 

Pero el feo de Eduardo va más allá de ese toma y daca con Bustamante. Esa situación de unos minutos permitió que se cayera la máscara de simpatía que había demostrado hasta ahora, dejando en evidencia que o no se toma en serio el concurso o no le importa el esfuerzo de sus compañeros, ni siquiera su buen colega Arkano. Eduardo ha dejado que aflore aquel joven que se enfrentaba a Lorenzo Caprile en Maestros de la costura y lo que había conseguido con su cambio hasta ahora lo perdió al criticar también a los jueces en la prueba final.

Juanma Castaño bromeó con que era el único que no tenía una camiseta de la marca de Eduardo, y él respondió que tiene “precios para todos los públicos, no como sus restaurantes, que no me van a ver por ahí”. Los jueces le preguntaron si les parecían caros sus restaurantes, y que si no era caro un vestido de los que él vende a 800 euros. “Alta costura, cosido a mano, y horas, no como vosotros que dais la vuelta al solomillo, decís que se come poco hecho y ya está listo”, respondía el concursante, quitando mérito a todo el trabajo de los chefs. Cuando le dijeron que debería meterse en una cocina profesional para valorar bien el trabajo y el precio, e hicieron un símil con decir que una prenda es cara o barata sin saber el “esfuerzo detrás en la creación, que valdrá lo que tenga que costar”, Eduardo agachó la cabeza y dio la razón.

Navarrete ha ensuciado mucho su concurso. Como espectadores nos va a volver a costar reírnos con sus bromas, tomarnos en serio su buen rollo con Arkano y vamos a pensar que no mirará por el bien del equipo y sus compañeros. 

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