La escalofriante historia real que inspiró 'Al final de la escalera', una de las mejores películas sobre fantasmas

Valeria Martínez
·6  min de lectura

Puertas que se cierran solas, cristales que se rompen sin motivo aparente, golpes de martillo y una pelota que invita a un juego siniestro bajando por las escaleras… ¿Les suena, verdad? No son únicamente elementos habituales en películas de casas embrujadas, sino que resumen el recuerdo visual que toda una generación de cinéfilos comparte gracias a un clásico del género com Al final de la escalera. Estrenada en 1980, antes que Poltergeist y otras apuestas similares, fue una película que dejó huella al recrear momentos de terror contagiando una cotidianidad y naturalidad aterradora, sin necesidad del abuso de los efectos especiales.

Sin embargo, a cuarenta años de su lanzamiento inicial creo que somos muchos los que desconocíamos por completo que se trata de una película basada en una historia real verdaderamente escalofriante. Cuarto Milenio se encargó de explotarnos la burbuja compartiendo la siniestra trama de niños robados, intercambio de personas y un engaño atroz por codicia económica.

Carel de 'Al final de la escalera'
Carel de 'Al final de la escalera'

En la película conocíamos la historia de un compositor llamado John Russell (George C. Scott) que se mudaba a una vieja mansión tras la trágica muerte de su esposa e hija en un accidente de tráfico. Al poco tiempo de instalarse comenzaba a vivir situaciones extrañas y paranormales, y a diferencia de otros simples mortales que emanaríamos pavor de forma instantánea, el personaje se enfrentaba a la experiencia con total normalidad, descubriendo en una sesión de espiritismo que el responsable de los ruidos y movimientos bizarros era el fantasma de un niño paralítico asesinado por su padre cuando tenía 6 años. La historia relataba que el padre había eliminado a su hijo a raíz del diagnóstico médico que no le aseguraba que llegaría a los 21 años de vida debido a una herencia millonaria que solo correspondería al pequeño, y lo reemplazaba con un huérfano que enviaba a Europa, proclamando su curación milagrosa al cumplir los 18.

Russell se obsesionaba con descubrir más del misterio, encontrando un cadáver y contactando al niño reemplazado, que para entonces ya era un Senador mayor que desconocía sus verdaderos orígenes. De esta manera fuimos testigos de una película que jugaba con el terror de forma magistral, mientras desenredaba el misterio a base de sustos, secuencias terroríficas y una trama en donde la venganza cobraba protagonismo. Pero sin saber que, detrás de semejante trama de asesinato infantil y niños sustituidos, había una historia real escalofriante.

Si bien Al final de la escalera no fue precisamente un éxito de taquilla cinematográfica, se convirtió en uno de los grandes clásicos de la era de los videoclubs (cómo olvidar aquel pasillo repleto de portadas de VHS con monstruos, sangre y títulos aterradores donde muchos pasamos tantas horas de tardes de lluvia). La película incluso fue ganando adeptos con el paso del tiempo gracias al acceso que otorgaban las emisiones en la televisión en abierto. Todo esto ocurrió desde los años 80s hasta mediados de los 90, sin el acceso que el público tiene hoy en día a la información instantánea que otorgan las redes y, por ese motivo, muchos nunca supimos que estaba inspirada en una historia real prácticamente idéntica a la que muestra la película.

Con ayuda del crítico y periodista David Felipe Arranz, Cuarto Milenio se encargó de levantar el velo a la historia, desvelando lo vivido por la persona que vivió la misma experiencia, y que dio como resultado un clásico del cine de fantasmas. 

Si el protagonista de la película era un compositor llamado John Russell, en el caso real fue Russell Hunter, un arreglista musical que se había mudado a una vieja casa de Cheesman Park a finales de los 60s, en Denver, para ayudar a sus padres. Fue después de mudarse, un 9 de febrero de 1969, cuando comenzó a experimentar fenómenos paranormales en la vivienda, como golpes que ocurrían cada día a las 6 de la madrugada, y que cesaban en el momento que se despertaba y tocaba el suelo con los pies. Los grifos se abrían solos y las puertas se abrían y cerraban mientras las paredes vibraban con violencia arrojando los cuadros al suelo.

Junto a un amigo arquitecto descubrió una escalera escondida dentro de la casa que dirigía a una tercera planta donde encontró un cajón con cuadernos y diarios de un niño de 9 años de un siglo atrás. Según contó Russell, aquellos diarios detallaban que se trataba de un niño discapacitado y aislado por completo, cuyo juguete favorito era una pelota de goma (como en la película). Y fue pocos días después de encontrar aquellos diarios que vio una pelota bajando por la escalera de la casa.

Este contenido no está disponible debido a tus preferencias de privacidad.
Actualiza tu configuración aquí para verlo.

GUÍA | Los pasos que tienes que seguir para poder ver un post de Instagram no disponible por tus preferencias de privacidad

Hunter quiso saber más y fue a través de una sesión de espiritismo que habría descubierto que se trataba de un niño muy enfermo y heredero de una gran fortuna (como en la película). El pequeño se llamaba Henry y era el sobrino, luego adoptado como hijo, de un abogado llamado Henry Treat Rogers y su esposa Kate. La abuela materna había dejado su fortuna al pequeño con la única condición de que la cobrara al llegar a una edad madura, sin embargo Henry habría sido un niño muy enfermo que murió con pocos años y, ante el temor de que la fortuna fuera a otra parte de la familia, los padres adoptivos habrían utilizado su influencia social para pagar la adopción secreta de un huérfano al que educaron como si fuera el pequeño Henry, y así cobrar la fortuna. Una historia de sustitución de personas en toda regla.

No lo asesinaron como en la película pero lo habrían enterrado en secreto a las afueras de Denver, y según Hunter el fantasma le dijo en la sesión de espiritismo cómo llegar hasta su tumba, encontrando restos humanos y un medallón con su nombre.

Sin embargo, los fenómenos paranormales empeoraron tras descubrir los restos, hasta el punto de estar cerca de acabar con su vida cuando un cristal roto arrojado por los aires le cortó una arteria en una muñeca de la mano. Tras dos años viviendo allí, Hunter huyó de la casa tras aquel episodio y solo regresó casi veinte años después para ver cómo demolían la vivienda para construir un edificio de apartamentos.

Hunter compartió su historia con los escritores de la película, William Gray y Diana Maddox, quienes convirtieron su experiencia en un clásico de terror sin darnos indicio alguno de que estábamos ante un caso de la vida real. 

Si quieres volver a disfrutar de este clásico del género, o verlo por primera vez, lo puedes encontrar en el catálogo de Filmin y Movistar+.

Fuente añadida a lo discutido en Cuarto milenio: Denver Library

Más historias que te pueden interesar: