El espíritu innovador va mucho más rápido que las reglas de juego

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Asamblea de productores rurales en Armstrong, Santa Fe.
Marcelo Manera

La sequía pone de relieve nuevamente la brecha que existe entre el nivel de innovación y tecnología que tiene el agro y la estructura de reglas e instituciones sobre las que se asienta. Mientras la primera va por el ascensor, la segunda tarda horas en subir los escalones.

Según la primera proyección de la Guía Estratégica para el Agro (GEA), de la Bolsa de Comercio de Rosario, la escasez de precipitaciones y las elevadas temperaturas del último mes recortaron, hasta ahora, un 14% la cosecha de maíz y un 11% de la de la de soja. Sobre la estimación de diciembre pasado, de 56 millones que iba a tener el cereal en esta semana ya se calcula un volumen de 48 millones de toneladas. En soja, de 45 millones de toneladas, se pasaría a 40 millones de toneladas. Por supuesto, el partido no está definido porque se pronostican lluvias a partir de esta semana, pero algunos especialistas creen que el fenómeno Niña continuará hasta marzo próximo.

La soja con entrega en mayo, con los valores más altos de las últimas seis campañas

En no pocos planteos agrícolas ya se había tomado en cuenta que esta campaña iba a estar impactada por La Niña. Por esa razón, los que tomaron esa decisión, se inclinaron por el maíz tardío, que puede esquivar este momento crítico de escasez de agua, y por la soja de segunda. Aquí conviene recordar el gran avance tecnológico que impulsaron productores, técnicos, contratistas, empresas de semillas, fertilizantes y maquinaria agrícola para desarrollar el maíz tardío. La incorporación de maíz BT/RR, el manejo de plagas y enfermedades, la adaptación a nuevas regiones y las estrategias de fertilización son, entre otras, algunas herramientas utilizadas para adaptarse al riesgo climático. Es una verdadera “cascada de innovación”, como lo definió el docente e investigador Marcos Gallacher en un artículo publicado en este suplemento hace dos semanas.

Del otro lado, están las reglas de juego que hacen inclinar la cancha para el lado contrario. Por ejemplo, hace casi 12 años que no se actualiza el monto destinado, por ley, al otorgamiento de ayudas por emergencia agropecuaria, fijado en $500 millones. Los anuncios de la inminente discusión en el Congreso de una ley de seguros multirriesgo que contribuya a evitar las quiebras de las empresas en caso de un desastre climático quedaron en la nada.

A esto se suma la distorsión impositiva que enfrenta el agro vía derechos de exportación y la intervención del Gobierno sobre los mercados de granos que provocan transferencias de recursos intracadena. El maíz y el trigo están sometidos al régimen de “volúmenes de equilibrio” y el Gobierno insiste con la idea de aplicar un fideicomiso para subsidiar las ventas de harina, fideos y pollo. Lo volvió a hacer esta semana el secretario de Comercio, Roberto Feletti.

Para algunos, como Luis Miguel Etchevehere, exministro de Agricultura, este esquema de intervención más la corrección del índice FOB equivalen a un aumento de los derechos de exportación de cuatro puntos porcentuales, para el caso del trigo, sin pasar por el Congreso: de 12 a 16 por ciento.

Riesgos

Enfrentar los riesgos climáticos es uno de los factores esenciales del negocio agropecuario. Así como hay herramientas agronómicas también están las del mercado de granos. Pero si la política y el Gobierno se transforman en un elemento de riesgo, es muy difícil de llevar adelante la planificación de una empresa.

Los especialistas recomiendan mirarse en los espejos de otros países, cuyos gobiernos mantienen las reglas de juego para la producción a lo largo de los años, aun con diferentes signos políticos. En Brasil, a Lula da Silva, que podría retornar al poder, no se le ocurrió copiar a la Argentina con las retenciones cuando gobernó en la pasada década. En Uruguay, la producción no enfrenta el péndulo de la política, ya sea que gobierne el Frente Amplio o el Partido Blanco.

En un contexto de renovada tensión en la relación con el Gobierno tras la asamblea de productores del sábado pasado y el retiro de tres entidades rurales del Consejo Agroindustrial Argentino, la búsqueda de consensos y de caminos de diálogo se presenta con mayores dificultades.

El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, dijo esta semana tras una reunión que mantuvo con el jefe de Gabinete, Juan Manzur, que respetaba a quienes tenían intereses sectoriales y seguía dialogando cuando le preguntaron sobre la manifestación de Armstrong. El interrogante que se abre es si habrá un ida y vuelta verdadero o solo se tratará de una puesta en escena de una decisión ya tomada.

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