Estrenos de teatro. El método Grönholm, la comedia de la sociedad de la farsa

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Laurita Fernández, Rafael Ferro, Benjamín Vicuña y Julián Cabrera, en El método Grönholm
Laurita Fernández, Rafael Ferro, Benjamín Vicuña y Julián Cabrera, en El método Grönholm

Autor: Jordi Galcerán. Dirección: Ciro Zorzoli. Intérpretes: Benjamín Vicuña, Laurita Fernández, Rafael Ferro y Julián Cabrera. Iluminación: Eli Sirlin. Escenografía: Cecilia Zuvialde. Vestuario: Amelia Coral. Sala: Paseo La Plaza, Corrientes 1660. Duración: 90 minutos. Funciones: miércoles y jueves, a las 20.15; viernes, a las 21.30; sábados, a las 19.30 y a las 21.30; y domingos, a las 19.30.

Volvió El método Grönholm al teatro de Buenos Aires. Decimos volvió, porque la obra tuvo su estreno en Buenos Aires en 2006, cuando llegó como un anunciado tanque español, de una eficacia incuestionable para la comedia, que no podía ignorar ningún productor teatral. Y así fue. En aquel momento, el espectáculo, que contaba con las actuaciones de Gabriel Goity, Jorge Suárez, Alejandra Flechner y Martin Seefeld, agotó siempre localidades y tuvo varias giras. Entonces, en este furor pospandemia que vive el teatro de Buenos Aires, con un público inquieto y deseoso de llenar las salas, por qué no retomar esta gran fórmula para el humor. Ahora, con las interpretaciones de Benjamín Vicuña, Laurita Fernández, Rafael Ferro y Julián Cabrera.

A 16 años de aquel estreno, es importante hacerse algunas preguntas acerca de la vigencia de este texto escrito por Jordi Galcerán. Este dramaturgo catalán es reconocido por escribir piezas transnacionales y por eso sus derechos de autor se cotizan en todas las grandes capitales del mundo occidental. Hay que tener una habilidad para lograr este tipo de escritura: las obras de Galcerán pueden representarse en Madrid, Berlín, Roma, París, Londres, Nueva York y Buenos Aires y pareciera que le hablan a la misma sociedad. Lo que hace este escritor es describir los funcionamientos de personas de clase media en una sociedad capitalista y de consumo y exponer sus relaciones con un alto grado de cinismo. Lo hace además manejando a conciencia los mecanismos de la comedia: descripción de prototipos identificables, cambios de roles y mentiras, juegos gestuales y una trama que esconde información y, de esa manera, involucra al público que también quiere descubrir qué es lo que pasa realmente en este experimento de entrevista laboral.

Hay en el texto de Galcerán una cuestión moralista, como en muchas de estas comedias españolas en las cuales las personas se someten de manera voluntaria a un experimento social. Puede ser para una entrevista laboral, como en este caso, o decidir en una reunión de amigos entregarle el celular a otra persona, para que lea en voz alta todo lo que encuentra. Una interpretación posible de estas experiencias puede ser: somos todos hipócritas y despiadados, querido público observe este comportamiento social y hágase el favor de mejorar . O, por otro lado, no reconocernos en ninguno de estos personajes y sentirnos aliviados porque nos consideramos mejores personas. El método Grönholm nos habla de una sociedad de la farsa: se vive así y no hay consecuencias, aquí no hay nada que aprender.

Esta nueva adaptación tiene la dirección de Ciro Zorzoli y su habilidad para manejar el ritmo de la comedia. Como director, pone el foco en el juego colectivo y las habilidades de cada intérprete: Vicuña especialista en acumular y jugar con la gestualidad, Ferro trabaja la sobriedad, Fernández la destreza física y la comicidad y Cabrera, en un sutil tono más dramático. La dirección es ajustada y las actuaciones muy parejas y la sensación es que esta fórmula teatral transnacional aún nos convoca y divierte, más por sus procedimientos de actuación y conflicto, que por el tema.