Flow: poderoso relato infantil con temas universales, que es también un alegato de superación y tolerancia
Flow (Francia, Letonia, Bélgica/2024). Dirección: Gints Zilbalodis. Guion: Gints Zilbalodis, Matiss Kaza, Ron Dyens. Fotografía: Gints Zilbalodis. Música: Rihards Zalupe, Gints Zilbalodis. Edición: Gints Zilbalodis. Duración: Calificación: apta para todo público. Duración: 84 minutos. Distribuidora: BF Paris. Nuestra opinión: muy buena.
Cuando una película funciona en varios niveles al mismo tiempo, logra trascender su esencia para convertirse en una experiencia que será completada por la mirada del espectador. Esto sucede con Flow, del letón Gints Zilbalodis, que puede verse con ojos de ingenuidad infantil, al mismo tiempo que deslumbrarse por su condición de poderoso alegato de superación, tolerancia y autoconocimiento, frente al desafío que significa seguir adelante. En ambos casos, el camino será tan conmovedor como apasionante.
Flow se sitúa en un mundo donde no hay rastro de seres humanos y una inundación promete arrasar con la Tierra tal cual la conocemos. Un gato negro, que hasta ese momento mantenía la costumbre de refugiarse en lo que era su hogar, debido al avance del agua se ve obligado a atrincherarse en un pequeño bote a vela que deambula sin rumbo.
A medida que comienza ese viaje de supervivencia hacia ninguna parte, a la embarcación se irán sumando nuevos personajes: un carpincho, un lémur, un perro labrador y un ave desterrada por su especie. La suma de esas individualidades, como así también sus diferentes características, serán un escollo que deberán superar si quieren sobrevivir, reafirmando la importancia de la cooperación y el entendimiento mutuo más allá de las diferencias de especie o necesidades.
Junto con la notable animación -que no necesita de estridencias para seducir-, la ausencia de diálogos permite que Flow se transforme en un viaje inmersivo para el espectador, cuyo silencio en la sala empata con la de los personajes en pantalla. Gracias a esta decisión narrativa, las peripecias y especialmente las emociones por las que atraviesa cada uno de los animales conectan a un nivel íntimo con la platea, sin distinción de edad o conocimiento particular sobre las posibles causas de lo que sucede. El porqué de la inundación, o de la desaparición de las personas no importa (y de hecho nunca se explica), lo verdaderamente crucial aquí son las acciones de este grupo heterogéneo que unió el destino, y su capacidad de resiliencia cuando la adversidad es la protagonista.
Así, la película construye su relato a partir de temas universales, que van desde la búsqueda de la esperanza a la relación intrínseca entre los seres vivos y la naturaleza, poniendo especial atención en la necesidad de construir, defender y preservar un entorno armonioso entre ambos. Sin embargo, y al mismo tiempo, el guion de Gints Zilbalodis, Matiss Kaza, Ron Dyens, propone un viaje personal, reflejado tanto en el peludo protagonista como en el resto de los personajes, que deviene en una interpelación al espectador. No se trata solamente de advertir que puede haber un final para la humanidad, sino también preguntarse de qué manera uno transitaría semejante destino. No es casual que se haya elegido como protagonista a un gato, que desde el inicio se transforma en el animal más consciente y a la vez más asustado por lo que está ocurriendo.
Flow -que pudo verse por primera vez en Argentina en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata- es una película que busca la reflexión, sin por ello resignar la belleza, tanto en el propósito de su relato, como en el poder de sus imágenes. Un film que, a priori, puede pensarse que es para chicos cuando en realidad no lo es, al menos no solamente para ellos. Es sobre todo un espectáculo cinematográfico, sensible, impactante y sobrecogedor. Que se disfruta sin importar la edad; y lo que es aún mejor, se recuerda por mucho tiempo. Como pasa con las grandes películas.