7 formas en las que saboteas tu relación de pareja sin darte cuenta

“La satisfacción en el amor no se puede alcanzar sin verdadera humildad, valentía, fe y disciplina” - Erich Fromm [Foto: Getty]

Conoces a alguien. Empezáis a salir. Pasáis cada vez más tiempo juntos. Conectáis. Sientes que podría ser “la persona de tu vida”. Pero luego las cosas se tuercen. Entonces surge la frustración, la decepción y/o el enojo. Pasado cierto tiempo, la relación se rompe. Y así sucesivamente, relación tras relación, encadenando un fracaso amoroso tras otro.

Cuando se produce una cadena de relaciones fallidas, es muy tentador pensar que la culpa es de los otros y caer en generalizaciones como “todos los hombres son malos” o “ninguna mujer vale la pena”. Pero debemos recordar que cuando señalamos con un dedo, los otros tres apuntan a nosotros, como dice un proverbio inglés. Eso significa que detrás de esos fracasos sentimentales podría esconderse un patrón de pensamiento y comportamiento que está dinamitando tus relaciones.

Las señales que indican que estás saboteando la relación

Si encadenas un fracaso sentimental tras otro, es probable que estés saboteando tus relaciones de pareja. [Foto: Getty]

1. Eres paranoico o extremadamente celoso. Los celos no son una muestra de amor, son una muestra de inseguridad que desata un enfermizo deseo de control. Si cada paso que da tu pareja es motivo de celos, dudas y desconfianza, es probable que estés alimentando una actitud paranoica y controladora que terminará arrebatándole el oxígeno psicológico y que, a la larga, pondrá fin a la relación.

2. Guardas secretos o mientes. Una relación de pareja sólida se basa en la confianza mutua. Si uno de los miembros siente que no puede confiar en el otro, tiene miedo de que le engañe o no sabe si estará a su lado cuando lo necesite, la relación se resquebrajará. La mentira y el engaño son muros enormes que construyes para impedir que esa persona llegue a conocerte profundamente, por lo son formas de sabotear una relación.

3. Criticas todo lo que hace tu pareja. Las críticas son importantes para crecer, pero cuando son excesivas terminan minando la autoestima de quien las recibe. Toda relación de pareja debe satisfacer las necesidades emocionales de sus miembros. La persona debe encontrar apoyo y validación al interno de la relación. Si le criticas por cada cosa que hace, a cada paso, incansablemente, es probable que tu pareja termine sintiéndose mal, no se sienta valorada y más temprano que tarde ponga fin a la relación.

4. Culpas a tu pareja de todo lo que va mal. Culpar continuamente a tu pareja por todo lo que va mal o los problemas que tenéis es un indicador de que no asumes tu responsabilidad en la relación, dejando que sea él/ella quien lleve todo el peso. Si cada vez que ocurre algo, giras la tortilla para hacer que parezca culpa suya, estás asumiendo una actitud inmadura que terminará haciendo encallar la relación porque cualquier persona, antes o después, se cansará de interpretar al “malo de la película.

5. Evitas hablar sobre los problemas. Las parejas más duraderas y satisfactorias no son aquellas que no tienen problemas sino las que saben afrontarlos, los solucionan y utilizan como una oportunidad para salir fortalecidas. Ignorar los problemas terminará convirtiéndolos en auténticos elefantes en la habitación, haciendo que se acumulen hasta que sea extremadamente difícil – por no decir imposible - solucionarlos. Ignorar los problemas y conflictos hará que la relación pierda su espontaneidad, generará tensión y, a la larga, la condenará a una caída libre.

6. Esperas que tu pareja piense y actúe como tú. La inmensa mayoría de los problemas en la pareja surgen como resultado de una discrepancia en los valores, creencias, expectativas y hábitos. Si pretendes que tu pareja asuma tu visión del mundo y quieres imponer tus opiniones y maneras de hacer las cosas, estarás saboteando la relación porque “el amor maduro significa la unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad”, como dijera Erich Fromm.

7. Planeas posibles escapatorias. Si a cada paso que das hacia el compromiso, tienes un ojo puesto en la salida, es probable que estés saboteando tu relación de pareja. Aunque es válido tener un plan B, si en vez de entusiasmarte la idea de mudarte con tu pareja, piensas en todas las cosas que podrían salir mal y buscas continuamente salidas de emergencia, es probable que la relación no funcione porque esas dudas y recelos terminarán convirtiéndose en una profecía que se autocumple.

¿Por qué saboteamos una relación de pareja y cómo solucionarlo?

“Amaos, pero no convirtáis el amor en una prisión. Es mejor que sea un mar que se mueve entre las orillas de sus almas” - Kahlil Gibran [Foto: Getty]
  • Confundes el pasado con el presente

Cuando una relación significativa termina mal o nos hace daño, es normal que deje heridas emocionales que tardan en cicatrizar. Si te lanzas a otra relación sin haber superado esos problemas, es probable que los arrastres contigo y termines viviendo en el pasado. Si tu pareja anterior te fue infiel, es probable que asumas la nueva relación con desconfianza y celos. Si te dañó emocionalmente, quizá desarrolles un miedo al compromiso y levantes un muro para protegerte.

Se trata de reacciones defensivas que, a la larga, son injustas ya que la persona que tienes a tu lado no fue quien te hizo daño. Pero la tratas como si lo hubiera hecho. Si realmente valoras esa relación, es importante que te preguntes cómo lo que sucedió en tu relación anterior puede estar afectando tu relación actual. Y asume que lo que pasó en aquel momento no tiene por qué repetirse. Reflexiona sobre los errores que cometiste e intenta no reproducirlos.

  • Has desarrollado un estilo de apego inseguro

En algunos casos hay que remontarse más atrás en el tiempo para encontrar la causa del sabotaje de las relaciones de pareja. Diversos estudios han puesto de manifiesto que las relaciones románticas entre adultos siguen un patrón similar a las relaciones que establecimos de niños con nuestros padres porque buscamos inconscientemente repetir esas experiencias y mantenemos las mismas expectativas.

Según la teoría del apego, si desarrollamos un apego seguro en nuestra infancia, es probable que desarrollemos una relación de pareja madura en la adultez, pero si desarrollamos un apego inseguro, es probable que terminemos replicando relaciones de dependencia marcadas por la desconfianza y los celos o relaciones evitativas en las que hay un bajo nivel de compromiso y poca intimidad emocional. La buena noticia es que las creencias y patrones de comportamiento que sustentan ese tipo de relaciones se pueden cambiar, no son una condena que se debe arrastrar de por vida malogrando todas las relaciones.

  • Tienes una baja autoestima

Algunas personas no se valoran lo suficiente, por lo que inconscientemente dinamitan muchas de las cosas positivas que les ocurren en la vida. Si crees que no mereces a la fantástica persona que se encuentra a tu lado y a menudo te preguntas cómo es posible que siga contigo, es probable que termines saboteando la relación. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Berna concluyó que “el desarrollo de la autoestima en ambos miembros de la pareja contribuye de manera significativa al nivel de satisfacción común con la relación”.

El problema es que las personas con una autoestima frágil suelen aferrarse de manera insana a la relación, tienen una profunda aversión a la pérdida, de manera que con el tiempo desarrollan comportamientos posesivos y controladores que llegan a ser asfixiantes. En esos casos, la solución para mantener una relación más plena consiste en trabajar en la autoestima. Recuerda que para amar a los demás, primero debes amarte a ti mismo.

  • No te atreves a romper

Se suele pensar que es más fácil abandonar que ser abandonado. Pero no siempre es así. A veces es muy difícil poner punto final a una relación, ya sea por el sentido del deber, la sensación de culpa, las deudas emocionales, el tiempo pasado juntos, el miedo a herir al otro… La lista es infinita.

En esos casos, el sabotaje puede ser una estrategia – más o menos consciente – para terminar una relación cuando no se tiene el coraje de hacerlo, de manera que se “obliga” al otro a poner el punto final. Esta actitud, sin embargo, no genera nada positivo. Termina creando confusión, angustia, malestar y sufrimiento. Por eso, si la relación ya no tiene futuro, lo mejor es ponerle fin de manera madura, para evitar daños ulteriores.


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